Default técnico: Argentina postergó el pago de hasta 10.000 mill/dol para 2021

Se publicó un DNU que desplaza el pago de Letes y otros bonos que vencían este año. Es una decisión individual -no negociada- del Gobierno. Qué opinan los expertos.

El año pasado, el gobierno anterior había resuelto reperfilar las letras del Tesoro (Lete), que luego fueron re-reperfiladas por el ministro de Economía, Martín Guzmán, a 20 días de asumir. El pago de estas letras se diferirá nuevamente, pero además, se incluirán todos los bonos que vencían este año y otros títulos públicos, de tanto capital como intereses. Los mayores vencimientos eran los Bonar 20 y 24, que debía pagar intereses y amortizaciones por US$4274 millones.

 

Por bonos bajo ley extranjera, a la Argentina le quedan pagar este año aproximadamente US$3300 millones, que, a juicio de los expertos, podrían pagarse con reservas sin demasiados contratiempos. Sin embargo, a partir de este decreto, la negociación de deuda bajo legislación extranjera también podría cambiar. «La gran pregunta, la del millón, es si esto es para hacer espacio para pagar la deuda bajo ley extranjera o no», se preguntó un analista de un banco internacional.

La semana pasada, Guzmán anunció que en los próximos días harían la propuesta de canje para negociar la deuda emitida bajo ley extranjera, y reafirmó su decisión de tratar de manera igualitaria a aquellos acreedores que tuvieran legislación local y extranjera.

Sin embargo, luego de una reunión presidencial con las cámaras empresarias y la CGT en Olivos, donde se analizó la situación económica, en Casa Rosada se tomó una decisión que no se contemplaba hasta el momento, por lo menos en los manuales de Guzmán. La de un nuevo reperfilamiento unilateral de parte de la deuda.

El decreto exceptúa del diferimiento a los instrumentos intrasector público, en los cuales incluye a las letras intransferibles del Banco Central, pero se verá afectado el FGS de la Anses, que tiene muchos de estos títulos en su cartera.

Opiniones

«Es una buena decisión, porque como quedan pocos dólares, de alguna forma tenían que elegir qué pagar. Cuando hablaban de darle el mismo tratamiento a la deuda local que a la extranjera, la idea siempre era hacer la misma oferta. Siempre dijeron que primero querían arreglar la ley extranjera y después la local. Como viene un pago importante en mayo y no van a tener arreglada la parte de deuda extranjera, entonces lo más esperable era postergar», opinó Miguel Kiguel, exsecretario de Finanzas.

«No creo que vaya a tener impacto en la deuda de ley extranjera. Es más, en la medida que el Gobierno siga pagando la deuda extranjera da una señal de que quiere evitar el default y lo veo positivo. Yo creo que, si no se puede llegar a un arreglo y para evitar el default, se podría tratar de postergar por lo menos dos años los pagos de capital y bajar los pagos de intereses, para que, con más perspectiva, con una visión de largo plazo y pasada la crisis del coronavirus, se pueda hacer una negociación más razonable», agregó el director de la consultora Econviews.

Otro analista coincidió que el Gobierno «no puede seguir pagando deuda todo el año». «Esperan un acuerdo por la deuda externa para enmarcar una reestructuración similar para la doméstica. Creo que cualquier decisión en el interim está supeditada a este plan», opinó.

Por su parte, Gabriel Caamaño, de la consultora Ledesma, dijo que con este reperfilamiento, queda «lastimada toda la credibilidad del proceso». «Se complicará todo mucho más. Antes se habían reperfilado las letras, que era todo capital. Ahora también incluyen a los bonos en dólares. Estamos por ahora asistiendo a un default secuencial. Tuvieron que reperfilar porque no tienen más financiamiento, no tienen dólares y prefieren priorizar la deuda extranjera que es más costoso hacer default. Con la ley local, el Gobierno tiene libertad de hacer lo que quiere, porque no hay cláusulas de acción colectiva y tienen la jurisprudencia a favor. Pero, es difícil que el mercado no lo vea como un anticipo de un default total», indicó el economista.

Por Sofía Diamante

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