Verónica Ballario hace casi tres décadas que trabaja en Caytiba, la empresa familiar que llegó de Italia con su bisabuelo. Hoy enfrenta el mismo desafío que atraviesa buena parte del campo argentino: producir bien no siempre alcanza para que la ecuación cierre.

“Enterramos dólares y le damos un 30% de la cosecha al Estado”. La frase de Verónica Ballario no necesita mucha explicación para quien conoce el campo argentino, pero ella la dice con la autoridad de quien lo vive todos los años: es ingeniera agrónoma y trabaja en la empresa familiar desde 1997, la misma que empezó su bisabuelo cuando llegó de Italia






















