Especialistas del INTA advierten que la estructura laminar —una alteración que se desarrolla en los primeros 2 a 12 centímetros del perfil del suelo— puede pasar completamente desapercibida en los análisis físicos convencionales y, al mismo tiempo, reducir la infiltración de agua entre un 50% y un 70%, restringir el crecimiento radicular e incrementar el riesgo de erosión hídrica. El fenómeno afecta especialmente a sistemas bajo siembra directa y requiere herramientas de diagnóstico visual para ser identificado.
La densidad aparente, la resistencia mecánica a la penetración, la estabilidad de agregados y la tasa de infiltración son los indicadores físicos más utilizados para evaluar el estado del suelo. Pero todos presentan limitaciones: pueden no reflejar problemas estructurales que sí tienen impacto funcional sobre el cultivo. La estructura laminar es el ejemplo más claro de esa brecha.





















