En una zona periurbana donde rigen restricciones para la aplicación de fitosanitarios, Pablo Flores recogió el legado hortícola de su padre, apostó por una variedad importada de Estados Unidos y hoy duplica su producción de frutillas en pleno corazón agrícola bonaerense.

En la región núcleo bonaerense, donde el paisaje productivo está dominado por la soja, el maíz y otros cultivos extensivos, un color diferente empieza a ganar protagonismo en los márgenes de Pergamino.
No es el verde de los lotes agrícolas ni el dorado de las cosechas: es el rojo intenso de las frutillas. Allí, Pablo Flores, un productor de 36 años, encontró en la horticultura una alternativa de alto valor para diversificar la producción familiar y aprovechar un espacio condicionado por las regulaciones periurbanas.






















