La medida busca aliviar la presión sobre los costos de alimentación animal tras seis años de sequía, aunque generó cuestionamientos en redes sociales y entre consumidores.
La decisión de Marruecos de habilitar la importación de paja desde Brasil desató un intenso debate público, en un contexto de altos costos de alimentación animal y escasez estructural de forrajes provocada por seis años consecutivos de sequía.
En el mercado interno, los precios de la paja se dispararon. Según datos comerciales citados por medios locales, un fardo de 15 kilos ronda los 45 dirhams, un valor que comienza a equipararse al de algunos alimentos balanceados, encendiendo alertas en la cadena ganadera.
Aunque la medida fue cuestionada en redes sociales, referentes del sector explican que responde a una presión sostenida sobre la oferta, derivada de la caída en la producción de cereales y, con ello, de los subproductos forrajeros.
Un insumo clave para rumiantes
Desde la Asociación Nacional de Criadores de Ovinos y Caprinos, su director general Said Chattabi remarcó que, pese a su bajo valor nutricional, la paja cumple un rol irremplazable en la digestión de los rumiantes. «Los alimentos balanceados aportan energía y proteína, pero no reemplazan la fibra que asegura el correcto funcionamiento ruminal», explicó.
Chattabi advirtió que el encarecimiento simultáneo de paja y balanceados elevó los costos de producción, golpeando con mayor fuerza a pequeños y medianos productores. En ese marco, consideró que las importaciones pueden dar un alivio temporal, contribuir a estabilizar los precios de la carne y cubrir el bache de oferta hasta la próxima cosecha, prevista para mayo y junio.
Sequía prolongada y falta de reservas
El experto agrícola Abdelkrim Naaman sostuvo que las lluvias recientes no alcanzan para hablar de recuperación, y subrayó la ausencia de reservas estratégicas de forrajes como uno de los principales problemas estructurales del país. «La presión sobre los ganaderos sigue siendo alta», señaló.
Brasil como proveedor coyuntural
La elección de Brasil como origen responde a su disponibilidad forrajera y capacidad logística, en un momento en que Marruecos busca alternativas externas para sostener su rodeo y evitar un mayor deterioro del ingreso rural.
Más allá de la polémica, la importación de paja expone las limitaciones del sistema forrajero local frente a eventos climáticos prolongados y reabre el debate sobre políticas de reservas, manejo del agua y resiliencia productiva en la ganadería marroquí.

