Comercio agrícola regional: el acuerdo Mercosur-UE vuelve a poner a la Argentina ante una oportunidad clave

Tras más de 25 años de negociaciones, el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea entra en su fase decisiva y abre una ventana concreta para la agroindustria argentina, en un mundo cada vez más cerrado al comercio.

El escenario global no juega a favor del libre comercio. Tensiones geopolíticas, conflictos bélicos y un multilateralismo debilitado redefinen las reglas de juego. En ese contexto, el acuerdo Mercosur-Unión Europea aparece como una señal contracorriente y, para la Argentina, como una oportunidad estratégica difícil de repetir. Europa es hoy la tercera economía del mundo, con 450 millones de consumidores de alto poder adquisitivo y compras anuales de productos agroindustriales por más de USD 220.000 millones. Sin embargo, nuestro país apenas participa con el 3% de esas importaciones.

El corazón del acuerdo está en el acceso a mercados. La UE otorgará beneficios arancelarios al 99,5% de las exportaciones agroindustriales del Mercosur, con eliminación total de aranceles para el 84% de los productos y cuotas o preferencias para el resto. Para la Argentina esto incluye bienes clave como harina y aceite de soja, maní, carnes, arroz, miel, biodiesel, vinos, frutas y economías regionales, muchos de ellos con alto potencial de agregado de valor, un debate histórico en un país marcado por la sojización.

Uno de los puntos más sensibles para el lector local pasa por las retenciones. El acuerdo establece que, a partir del tercer año de vigencia, Argentina no podrá aplicar derechos de exportación a los envíos hacia la UE, con excepciones puntuales como la cadena sojera. En ese caso, se fijan topes máximos decrecientes, que bajan gradualmente hasta el 14% en el décimo año. No implica una eliminación inmediata, pero sí introduce un marco de previsibilidad que contrasta con décadas de cambios pendulares, brecha cambiaria y esquemas transitorios como el dólar soja.

Otro aspecto central es el sanitario y ambiental. Europa endurece cada vez más sus exigencias en materia de trazabilidad, sanidad y sustentabilidad, y el acuerdo fija procedimientos claros, plazos y mecanismos de consulta para evitar cierres arbitrarios de mercados. Para el agro argentino, esto supone mayores exigencias, pero también una ventaja competitiva frente a proveedores menos regulados, siempre que se acompañe con inversión en tecnología e infraestructura.

Dentro del Mercosur, la competencia también es interna. Brasil llega mejor posicionado, con mayor escala, logística más eficiente y políticas de largo plazo más estables. Sin embargo, el acuerdo habilita que cada país pueda comenzar a utilizar las cuotas apenas ratifique el tratado, sin esperar a los demás socios. En ese detalle se juega una carrera clave: el que se mueve primero, gana mercado.

 

En síntesis, el acuerdo Mercosur-UE no es una solución mágica ni automática. Pero sí es una plataforma estratégica en un mundo que se vuelve más proteccionista. Para la Argentina, el desafío no pasa solo por firmar, sino por convertir el acceso preferencial en exportaciones reales, mejorar competitividad y dejar de mirar cómo otros avanzan mientras las oportunidades pasan de largo.

Mira el documento sobre el Acuerdo Mercosur-Unión Europea, que resume los principales contenidos del acuerdo recientemente habilitado para su firma

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