La eliminación de aranceles al canola canadiense refuerza la confianza del sector en el largo plazo, impulsa a los exportadores y sostiene la inversión en genética y desarrollo varietal.
La reciente distensión comercial entre Canadá y China comienza a reflejarse en señales concretas para la industria del canola, uno de los pilares de la agricultura canadiense. La decisión de levantar los aranceles al canola canadiense no solo mejora las perspectivas de exportación, sino que también refuerza la confianza de empresas semilleras, productores e inversores en el futuro del cultivo.
Para compañías que apostaron al canola incluso en medio de la incertidumbre, el acuerdo confirma una visión de largo plazo. En 2025, Maizex Seeds anunció su ingreso al mercado de canola en Alberta en un contexto marcado por fuertes tensiones comerciales con China. La inversión, sin embargo, nunca estuvo atada a condiciones coyunturales.
Desde la empresa destacan que el canola mantiene un rol estructural en las praderas canadienses y forma parte de un complejo oleaginoso sólido y competitivo a nivel global, capaz de atravesar ciclos de volatilidad comercial. En ese marco, la reapertura del mercado chino es leída como una señal positiva para toda la cadena de valor, desde la genética hasta la exportación.
El levantamiento de los aranceles tiene un peso inmediato para los productores del oeste canadiense, donde China ha sido históricamente uno de los principales destinos del canola. La normalización del comercio devuelve previsibilidad y reactiva la demanda externa, un factor clave para sostener precios, inversiones y planes de expansión.
Desde el punto de vista de la política comercial, el restablecimiento del vínculo respondió a ajustes recíprocos entre ambos gobiernos. Según explicaron desde la Canadian Agri-Food Trade Alliance (CAFTA), la reapertura del mercado fue el resultado de decisiones deliberadas que permitieron destrabar represalias cruzadas y reencauzar la relación bilateral.
Para el sector semillero, la eliminación del arancel al canola fue uno de los puntos más relevantes del acuerdo, ya que impacta directamente sobre volúmenes exportados, estabilidad del negocio y planificación productiva. Más allá del alivio inmediato, el entendimiento también restaura expectativas de mayor previsibilidad, una condición clave para el comercio agroalimentario.
Genética, demanda global y diversificación
Con el acceso al mercado chino nuevamente habilitado, el foco del sector vuelve a situarse en el desarrollo de nuevas variedades de canola, capaces de responder tanto a las exigencias de los mercados importadores como a las necesidades agronómicas de los productores.
Las líneas de trabajo incluyen mejor calidad de aceite, resistencia a enfermedades, tolerancia al estrés, facilidad de cosecha y resistencia a la apertura de vainas, atributos que resultan estratégicos independientemente del destino final de exportación. En un contexto de cambios en los complejos de enfermedades y en las condiciones productivas, la inversión en genética sigue siendo un eje central.
Aun así, desde el sector subrayan que el restablecimiento del vínculo con China no implica dependencia. La experiencia reciente reforzó la importancia de diversificar mercados como estrategia de gestión de riesgos, ampliando destinos y reduciendo la exposición a decisiones unilaterales.
En ese sentido, el acuerdo con China no modifica la esencia de la estrategia canadiense, pero sí confirma que el canola seguirá siendo un cultivo clave, con demanda global sostenida y necesidad de inversión continua en innovación.

