Martín Rostagno ingeniero agrónomo

Martín Rostagno lleva seis años trabajando en sistemas lecheros de Nueva Zelanda, Tasmania, Estados Unidos y actualmente en Australia; qué podemos aprender sobre bienestar animal y sustentabilidad, y cómo nació su proyecto “Hola Tambo”, una ventana al campo global

martin rostagno junto a una vaca

Cuando Martín Rostagno se recibió de ingeniero agrónomo en la Universidad Nacional del Litoral, inició un recorrido profesional que lo llevó a especializarse en sistemas lecheros de alta eficiencia en distintas regiones del mundo. Hoy vive en Gippsland, al sureste del estado de Victoria (Australia), donde se desempeña como gerente de producción en una empresa familiar que tiene tres tambos y más de 1.600 vacas en ordeñe.

Martín Rostagno, a cargo de tambos australianos

“Estoy a cargo de dos de los tres tambos: uno con 800 vacas en un sistema rotativo calesita de 50 bajadas y otro con 600 vacas en ordeñe en una espina de pescado de 30 bajadas. El tercero, más pequeño, lo maneja una pareja australiana”, comentó.

martin rostagno tambo

Su día a día combina planificación, manejo de personal, crianza de terneros y la organización de un sistema basado en la parición estacional, que concentra los partos en determinados momentos del año para optimizar la eficiencia productiva.

“Tenemos doble parición: en otoño y primavera. En la última temporada primaveral tuvimos unos 1.250 partos. Es muy intenso, pero eso nos permite concentrar el trabajo, ser más eficientes y lograr índices bajísimos de mortandad: solo una ternera murió de 1.250 nacidas”, explicó.

martin rostagno con vaca en el tambo

Una de las particularidades del sistema es que todas las vacas paren en el establecimiento principal, el de mayor capacidad e infraestructura. Desde allí, a medida que las vacas van pariendo, se distribuyen hacia los otros dos tambos. “En el tambo grande se quedan las vaquillonas de primera lactancia y aquellas que requieren un seguimiento más cercano: vacas con partos complicados, retención de placenta, mellizos o problemas de renguera. Es donde contamos con el personal más experimentado y los recursos necesarios para el cuidado animal”, detalló el ingeniero.

El establecimiento cuenta además con dos galpones de recría, divididos en veinte corrales cada uno, con capacidad para quince terneros por corral. “Los terneros permanecen allí alrededor de un mes antes de pasar al pasto, donde continúan con leche y alimento balanceado hasta alcanzar los 100 kilos. Luego liberamos espacio para los nuevos nacimientos”, explicó Rostagno.

vacas tambo rostagno

Temporada de parición en el tambo

La temporada de parición se extiende entre fines de julio y octubre, un período de alta demanda operativa. “Hay días con 40, 50 o hasta 60 nacimientos. Requiere mucha organización y coordinación del equipo”, señaló el agrónomo. Para ese período, la empresa contrata empleados temporarios dedicados exclusivamente a la crianza de terneros, lo que contribuye a mantener tasas de mortandad mínimas.

El sistema estacional también permite ordenar las actividades del año: una vez finalizados los partos, comienza la etapa de inseminación, que se desarrolla durante nueve semanas. “Al concentrar las tareas por bloques, evitamos superponer actividades como secado, parición e inseminación, lo que mejora la eficiencia y el bienestar del personal”, explicó el ingeniero.

martin rostagno con tractor de fondo

Desde el punto de vista forrajero, el esquema acompaña el ciclo natural del pasto. “En primavera tenemos la mayor producción de forraje, que es el alimento más barato. Nuestro objetivo es aprovechar al máximo la materia seca disponible y transformar ese excedente en reservas para el invierno”, señaló Martin.

En los meses fríos, cuando las tasas de crecimiento son bajas, la mayoría de las vacas están secas, lo que reduce la demanda de alimento. “En invierno alimentamos con silaje y concentrados, mientras que en primavera, con abundancia de pasto, incluso generamos reservas. La clave es gestionar bien ese excedente, porque será la base del invierno siguiente”, concluyó.

martin rostagno junto a una vaca

Diferencias entre sistemas lecheros

Con experiencia en Nueva Zelanda, Tasmania, Estados Unidos y Australia, Rostagno conoció distintos modelos de producción y destacó las diferencias más marcadas entre ellos.

“En Estados Unidos trabajé en tambos estabulados, con aparición continua todo el año y tres ordeñes por día. Es un sistema muy intensivo, con alto recambio de vacas y un seguimiento nutricional muy detallado”, explicó.

El contraste con Oceanía es marcado: “En Australia y Nueva Zelanda los tambos funcionan con dos ordeñes diarios, y en algunos casos se implementa un solo ordeñe por día. No es para todos los sistemas, pero algunos productores lo adoptaron para mejorar su calidad de vida o porque cuesta conseguir mano de obra.”, comentó el argentino.

martin rostagno con un canguro

Según Rostagno, el modelo estadounidense se caracteriza por su intensidad y foco nutricional.  Las lactancias son más cortas, el recambio de vacas es elevado y se realiza un control minucioso de la dieta: la materia seca de los silajes se mide diariamente o día por medio, y un software calcula las raciones de alimento por vaca. Se trata de un sistema muy preciso, aunque altamente demandante, con tambos que operan las 24 horas. “He visto tambos de 4.000 o 6.000 vacas en sistemas calesita de 50 bajadas que nunca se detienen”, describió el ingeniero.

En cambio, en Nueva Zelanda y Australia, la dinámica es más equilibrada. “Se ordeña por la mañana, se realizan otras tareas —como alimentación, riego o mantenimiento—, se corta al mediodía y se vuelve a ordeñar por la tarde. A las cinco o seis de la tarde ya no queda nadie en el campo. Es un sistema más relajado, con vacas que pueden llegar a siete, ocho o hasta nueve lactancias.”, afirmó el agrónomo.

Rostagno destacó que en Nueva Zelanda, la gestión del pasto es el núcleo del negocio lechero. “Hay un dicho que escuché en este país que resume la filosofía de producción: ‘Nueva Zelanda no produce leche; produce pasto. La leche es una consecuencia de la producción de pasto’”, comentó.

 

La regulación ambiental y el  bienestar animal son temas centrales en los sistemas lecheros de Oceanía. Según Rostagno, Nueva Zelanda presenta uno de los marcos más estrictos del mundo en materia de control ambiental.

“Allá todos los tambos deben contar con un plan de manejo de efluentes y una laguna diseñada en función de la cantidad de vacas. Si querés aumentar tu rodeo, primero tenés que demostrar que la laguna puede soportar ese volumen; si no, debés ampliarla antes de recibir la autorización. Sin ese permiso, no podés entregar leche a la industria.”, manifestó el cordobés.

El manejo del efluente también está regulado por condiciones climáticas. “Cuando la laguna se llena, el líquido se aplica mediante riego, devolviendo los nutrientes al suelo. Pero está prohibido hacerlo cuando llueve intensamente o durante el invierno, cuando el suelo está saturado. Si un productor incumple y alguien lo denuncia, puede enfrentar sanciones muy altas. Hubo casos de multas de hasta medio millón de dólares.”, comentó Rostagno.

En materia de bienestar animal, las exigencias son igualmente estrictas. Rostagno explicó que, si una vaca llega al frigorífico en mal estado —ya sea renga, flaca o con la cola lesionada—, el veterinario responsable puede rechazarla y reportar el caso. En situaciones reiteradas, el productor se expone a sanciones e incluso a la pérdida de la habilitación, dado que la trazabilidad y el control sanitario son aspectos centrales del sistema.

Australia comparte la misma línea de trabajo, aunque con menor nivel de fiscalización. “El país tiene normas claras, pero menos inspecciones que Nueva Zelanda. Una diferencia importante es que Nueva Zelanda exporta el 90% de su leche, por lo que depende de las normas internacionales. Un consumidor europeo exige productos que cumplan con altos criterios de calidad, sustentabilidad y bienestar animal”, resumió el agrónomo.

camion lechero

«Hola Tambo»: comunicar la lechería desde adentro

Durante la pandemia, Rostagno creó “Hola Tambo”, una cuenta en Instagram dedicada a mostrar el día a día del trabajo rural en Oceanía. La idea surgió a partir de las consultas que recibía sobre cómo era la vida y el manejo en los tambos de Nueva Zelanda.“En lugar de publicar en mi perfil personal, decidí crear uno exclusivo para el campo y contar mis experiencias”, explicó.

Una publicación compartida por holatambo (@holatambo)

Con el tiempo, la iniciativa creció y sumó seguidores de toda Latinoamérica interesados en la gestión de pasturas, la tecnología y el bienestar animal. A través de videos breves, Rostagno comparte innovaciones aplicadas a los tambos, como los collares Halter, una herramienta que permite mover vacas de potrero desde el celular, o el uso de remolacha forrajera en la alimentación invernal.

El mismo espíritu de divulgación lo llevó a impulsar junto a colegas el podcast “Nos fuimos al pasto”, un espacio para conversar con profesionales y productores de distintas partes del mundo. “Queríamos compartir experiencias reales, sin edición ni guión. Lo grabamos como si fuera una charla entre amigos, y la gente se enganchó muchísimo”, contó.

El ciclo, que llegó a posicionarse entre los más escuchados de Argentina en la categoría ciencia, busca acercar historias que inspiren a otros. “Muchos lo escuchan mientras viajan o trabajan en el campo. Nos piden que volvamos, así que esperamos retomarlo pronto”, anticipó.

 

Rostagno, entre dos países y un posible regreso a la Argentina

Después de seis años fuera del país, Rostagno analiza la posibilidad de volver. “Más allá de lo económico, uno empieza a priorizar la familia, los amigos y la cercanía. Ese es el lado que no se ve de emigrar”, reconoció el cordobes.

Entre sus opciones figura dedicarse a la consultoría en tambos pastoriles o a la asesoría industrial en calidad de leche. También evalúa alquilar un pequeño tambo o combinar ambas experiencias gracias a su residencia australiana. “Podría dividir el año entre Australia y Argentina; aún no lo tengo definido”, señaló. El trabajo en el exterior también implicó un fuerte aprendizaje personal. Rostagno considera que la experiencia le permitió desarrollar habilidades de liderazgo y manejo de equipos multiculturales.

“Trabajé con personas de distintos países —alemanes, filipinos, italianos, chilenos— y cada uno tiene su ritmo y su manera de trabajar. Aprendí a equilibrar equipos, resolver conflictos y entender que no todos buscan lo mismo. Esa diversidad te forma mucho como profesional”, señaló.

Con una mirada global y una sólida trayectoria en sistemas lecheros, Rostagno valora el recorrido realizado. “Más allá de la distancia, esta experiencia me ayudó a crecer como persona y como profesional», resumió. 

tambo en el exterior

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