Con precios bajos, clima seco y China reordenando compras, el mercado de granos entra en una fase decisiva para el productor argentino.
El mercado agrícola internacional entró en una semana clave hacia fines de enero, con señales que empiezan a cambiar el ánimo de los operadores. El clima seco en la Argentina, las compras oportunistas de los importadores y el rol de China en el comercio global comenzaron a darle sostén a precios que venían muy castigados. El último informe Agro Perspectivas del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral advierte que, si bien el escenario sigue siendo frágil, los valores actuales empiezan a mostrar un piso que el productor no puede ignorar, especialmente en soja, maíz y trigo .
A nivel global, la producción volvió a sorprender incluso a los más optimistas. Los altos rindes derivaron en una fuerte acumulación de stocks de maíz y trigo, mientras que la soja quedó atrapada en movimientos erráticos por la guerra comercial y la operatoria de los fondos especulativos. Hubo subas abruptas cuando se anunció el acuerdo entre China y Estados Unidos, pero los precios retrocedieron con la misma velocidad al confirmarse que el gigante asiático cumplió su compromiso de comprar 12 millones de toneladas de soja estadounidense. Sin embargo, ese cumplimiento también marca un punto de inflexión: el mercado da por hecho que China volverá a concentrarse en Sudamérica, donde Brasil domina y Argentina empieza a recuperar participación.

En ese contexto, los precios bajos activaron compras de oportunidad, especialmente en Estados Unidos, donde las exportaciones de maíz superaron ampliamente lo esperado y marcaron el mayor volumen semanal desde 2021. A esto se sumó un factor externo que no pasó desapercibido: el petróleo subió cerca del 3%, impulsado por sanciones a Irán y problemas productivos en Kazajistán, lo que le dio respaldo a los aceites vegetales y los biocombustibles, un soporte indirecto para el complejo sojero .
Brasil juega su propio partido. La cosecha de soja ya arrancó, con buenos rindes, pero las exportaciones de enero vienen más lentas de lo previsto por problemas logísticos y cierto atraso en las ventas de los productores. Además, parte de la soja que China compró a Estados Unidos está programada para embarcarse en los próximos meses, lo que podría presionar a la baja los precios del poroto sudamericano. Al mismo tiempo, el fortalecimiento del real encarece la mercadería brasileña y le devuelve competitividad a otros orígenes, un dato que Argentina sigue con atención.

Puertas adentro, el foco está puesto en el clima. Las últimas dos semanas de calor y falta de lluvias encendieron alertas, especialmente en soja. La siembra ya cubre más del 96% del área, pero la condición de los cultivos normal a excelente cayó con fuerza en zonas del sur de Córdoba y oeste de Buenos Aires. La soja de segunda es la más comprometida y, si febrero no trae agua, el mercado podría empezar a sumar prima climática a los precios.
En maíz, el panorama es algo más equilibrado. Si bien hay preocupación por la baja humedad del suelo y por la presión de la chicharrita en Santa Fe, los maíces tempranos están bastante avanzados y los tardíos todavía tienen margen para recuperarse. Aun así, cualquier novedad climática o sanitaria puede tener impacto inmediato en los precios, en un mercado que ya mostró una fuerte reacción compradora.

El trigo, en tanto, le da una noticia positiva a la Argentina. Las compras externas se activaron con fuerza, con operaciones relevantes de Argelia y un programa de embarques que duplica el promedio histórico para esta época del año. Los precios internacionales subieron por temores climáticos en Estados Unidos y Rusia, mientras que el trigo argentino logró ganar mercados por competitividad, aunque la alta producción y los bajos niveles de proteína siguen poniendo un techo a las cotizaciones.
El mensaje de fondo es claro: el mercado parece haber encontrado un piso, pero no una tendencia alcista firme. Para el productor argentino, el desafío pasa por leer bien el contexto, aprovechar la firmeza cuando aparece y no perder de vista que el clima, una vez más, puede cambiar las reglas del juego en cuestión de semanas. En un escenario global volátil, la decisión comercial correcta puede valer tanto como un buen rinde.

