El «Davos de América Latina» tensiona la integración regional que impulsa Lula y que es vital para el comercio agropecuario del continente.
Este miércoles 28 de enero, en Panamá, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva enfrenta su mayor desafío regional en el Foro Económico Latinoamericano. El evento ocurre en un contexto de giro conservador y redefine las posibilidades de avanzar en acuerdos y rutas de integración fundamentales para el comercio agropecuario de América Latina.
El encuentro reúne a líderes con visiones opuestas, y eso impacta directamente en el agro. La fragmentación regional dificulta consensos necesarios para impulsar acuerdos como MERCOSUR-UE, facilitar la logística agroexportadora o armonizar normas fitosanitarias. En un sector tan dependiente de acuerdos comerciales, infraestructura vial y portuaria, y de condiciones regulatorias previsibles, la falta de cohesión política frena el avance.

Durante el foro, Lula mantuvo reuniones bilaterales clave, como con José Antonio Kast, donde se discutió la cooperación energética y comercial, incluyendo infraestructura para rutas bioceánicas que impactan la conectividad de las regiones agrícolas con puertos estratégicos. Estas iniciativas, si avanzan, son claves para reducir los costos logísticos y aumentar la competitividad agroalimentaria de la región.
El agro regional observa con atención si Lula y los nuevos líderes serán capaces de separar la agenda productiva de las disputas ideológicas. La reciente firma del acuerdo entre MERCOSUR y la Unión Europea, donde convergieron Lula y Milei, abre un canal clave para las exportaciones agroalimentarias con valor agregado, sujetas a estándares ambientales y de trazabilidad exigentes en Europa.

Aunque el foro se presenta como espacio de reflexión económica, el agro aún reclama un lugar más central en las discusiones. Temas como infraestructura rural, adaptación climática, acceso al financiamiento y biotecnología agrícola no han tenido protagonismo, a pesar de su peso en la balanza comercial de la mayoría de los países presentes.
El agro latinoamericano depende de una arquitectura regional sólida y acuerdos multilaterales estables. Si Lula no logra articular una nueva etapa de integración -superando rencillas políticas-, será difícil sostener el crecimiento agroexportador que hoy alimenta al mundo y dinamiza las economías rurales del continente.

