Desde este lunes 2 de febrero, una nueva ola de calor se instaló sobre Buenos Aires y gran parte del centro del país, con máximas que rozan los 38 °C y alta humedad. El fenómeno, monitoreado por servicios meteorológicos privados y modelos internacionales, importa -y mucho- porque el esperado alivio hídrico para la Región Pampeana y la zona núcleo no llegaría hasta la semana próxima, en un contexto de cultivos exigidos y consumo energético al límite.
Tras un breve respiro térmico, la semana arrancó con condiciones típicas de ola de calor en el AMBA, con mínimas elevadas y sensaciones térmicas cercanas a los 40 °C. Entre martes y jueves se esperan jornadas muy calurosas e inestables, con baja probabilidad de chaparrones aislados, insuficientes para revertir déficits de humedad en suelos agrícolas.

El jueves 5 aparece como el día con mayor chance de tormentas en Buenos Aires, asociadas al avance de un frente frío. El viernes 6 marcaría el quiebre: ingreso de aire más fresco, viento sur y descenso marcado de temperaturas, llevando las máximas a valores más confortables.
Más allá del alivio térmico, las precipitaciones de volumen siguen esquivas para la zona central. En áreas con estrés hídrico, el descenso de temperaturas ayudará a frenar el deterioro de los cultivos, pero no alcanza.

Los modelos coinciden en que recién a partir del lunes de la semana próxima podrían darse lluvias más generalizadas, focalizadas en la zona núcleo pampeana. Antes, los mayores acumulados se concentrarían en el NOA, en línea con su patrón estacional, y eventos puntuales en Cuyo, La Pampa y el sudoeste bonaerense.

