La CGT se reunirá el lunes para analizar un paro general contra la reforma laboral. Aceiteros y gremios industriales presionan y el agro podría quedar en el centro del conflicto.
T se reunirá este lunes 16 de febrero a las 16 horas para definir si convoca a un paro general contra la reforma laboral que el Gobierno busca aprobar en Diputados la próxima semana, una medida que podría impactar de lleno en la cadena agroindustrial en plena cosecha gruesa y en el ritmo de exportaciones.
El encuentro virtual de la cúpula cegetista se da en medio de fuertes presiones del Frente de Sindicatos Unidos (Fresu), donde confluyen la UOM, los aceiteros y las CTA. Aunque para esta semana solo estaba prevista una movilización sin huelga, el clima cambió tras el rechazo que generó el artículo que habilita rebajas salariales de hasta el 50% en casos de licencia por enfermedad.

La presión más fuerte llega desde la Federación Nacional de Trabajadores Aceiteros, un gremio estratégico para el complejo sojero argentino. Su secretario general, Daniel Yofra, volvió a reclamar un paro el mismo día en que Diputados trate la ley.
Para el agro, la advertencia no es menor. El complejo oleaginoso -principal generador de divisas del país- depende de la operatoria continua de plantas de crushing y puertos del Gran Rosario. Un paro en ese eslabón podría frenar embarques, demorar liquidaciones y tensionar el ingreso de dólares en un momento sensible del frente cambiario.
En un contexto de brecha cambiaria todavía latente y con el Gobierno apostando a sostener el flujo exportador sin recurrir a nuevos esquemas tipo «dólar soja», cualquier interrupción en la logística puede impactar en precios internos y en la dinámica comercial.

La reforma laboral obtuvo media sanción en el Senado por 42 votos contra 30. Sin embargo, el capítulo que establece reducciones salariales del 25% al 50% durante licencias por enfermedad generó un amplio rechazo sindical.
Aunque el texto mantuvo el nivel de aportes patronales a las obras sociales y confirmó que las empresas seguirán reteniendo cuotas sindicales, los gremios cuestionan además los artículos que limitan el derecho a huelga.
Para el sector agroindustrial, el debate no es abstracto. La actividad depende de convenios colectivos específicos -como el aceitero- que hoy garantizan salarios por encima del promedio industrial. Cualquier cambio en el marco laboral puede alterar costos, productividad y negociaciones paritarias en plena campaña.

El posible paro se daría en una ventana clave: la previa al ingreso masivo de soja y maíz a los puertos. Con Brasil consolidado como principal exportador mundial y compitiendo fuerte en precios y volumen, la Argentina no tiene demasiado margen para perder días de embarque.
En un mercado global exigente en trazabilidad y cumplimiento de contratos, los compradores internacionales siguen de cerca cualquier señal de inestabilidad logística. Un conflicto gremial en el nodo portuario del Paraná no solo afecta toneladas, sino también reputación comercial.
Tiempo político y presión sindical
El oficialismo apunta a llevar el proyecto al recinto el jueves de la próxima semana. Los feriados de Carnaval acotan los tiempos para que la CGT organice una medida de fuerza contundente.
Puertas adentro de la central obrera reconocen que el Gobierno podría reunir los votos necesarios en Diputados. Sin embargo, la estrategia sindical es que el costo político se sienta en la calle.
Para el agro, la lectura es doble: por un lado, una reforma que promete mayor flexibilidad laboral podría, en el mediano plazo, modificar la estructura de costos. Por otro, el riesgo inmediato es un paro que golpee en el corazón del complejo exportador justo cuando el país necesita dólares y previsibilidad.
La definición de la CGT no solo marcará el pulso político de la semana, sino también el ritmo de la cosecha y la dinámica de los agronegocios argentinos.

