El mercado global de biopesticidas y bioestimulantes creció en 2025 pese a bajos precios agrícolas y presión de costos. Regulación, clima y geopolítica definirán el ritmo de expansión en 2026.
El 16 de febrero de 2026, la consultora británica AgbioInvestor publicó su evaluación preliminar del mercado global de biopesticidas y bioestimulantes en 2025, confirmando que, pese a un contexto internacional complejo, el segmento mantuvo un crecimiento sólido de rango medio a alto de un dígito en biopesticidas. El dato es relevante porque el sector biológico se consolida como uno de los pilares de la agricultura sostenible, la transición regulatoria y la adaptación al cambio climático en los principales polos productivos del mundo.
En 2024, el mercado mundial de protección biológica de cultivos alcanzó los US$ 2.026 millones, con un incremento del 3%, mientras que los bioestimulantes llegaron a US$ 3.963 millones, creciendo 3,7%. Ese año estuvo marcado por ingresos agrícolas debilitados, altos costos de financiamiento y precios internacionales de granos en retroceso. En ese contexto, los productos biológicos -que suelen comercializarse a un precio premium- mostraron sensibilidad frente a la rentabilidad del productor.

Biopesticidas: la alternativa saludable para la protección de los cultivos.
Sin embargo, en 2025 el escenario comenzó a mostrar señales mixtas. Si bien los precios de commodities continuaron bajos en términos históricos, la expansión del área sembrada en Brasil y Argentina, junto con mejores condiciones climáticas, sostuvo la dinámica del mercado biológico.
En Estados Unidos, el panorama combina desafíos estructurales y oportunidades puntuales. El USDA proyectó para el año fiscal 2025 un déficit comercial agrícola de US$ 51.500 millones, con una moderación prevista en 2026. El aumento de más del 5% en los costos de fertilizantes presiona particularmente a los productores de maíz, limitando el gasto en insumos, incluidos los biopesticidas en cultivos extensivos.
No obstante, el segmento de eficiencia en uso de nitrógeno dentro de los bioestimulantes podría beneficiarse del encarecimiento del nitrógeno sintético. Las bacterias fijadoras optimizadas y los productos que mejoran la disponibilidad de nutrientes ganan atractivo en un entorno de costos elevados. Además, el incremento de presión de insectos observado en algunas regiones podría impulsar la demanda de bioinsecticidas, mientras que los biofungicidas enfrentan mayor sensibilidad a la renta agrícola.

En Brasil, uno de los motores globales del mercado biológico, la superficie total sembrada 2025/26 crecería 2,6% hasta 83,8 millones de hectáreas. La soja -principal destino de biopesticidas y bioestimulantes- aumentaría 2,8% hasta 48,6 millones de hectáreas, mientras que el maíz crecería 4% en superficie.
El contexto regulatorio es claramente favorable. La promulgación de la Ley de Bioinsumos (Ley 15.070/2024) y la implementación del Programa Nacional de Reducción de Plaguicidas (Pronara) refuerzan la transición hacia modelos más sostenibles. Además, la alta presión de nematodos en el país abre espacio para los bionematicidas, especialmente ante la salida progresiva de ingredientes activos convencionales.
Argentina muestra un panorama mixto. El trigo crecería 6,2% en superficie, mientras que la soja retrocedería 3,3%. Alertas del INTA Reconquista sobre ataques tempranos de Spodoptera frugiperda en maíz podrían dinamizar la adopción de soluciones como Bacillus thuringiensis y nucleopoliedrovirus, aunque ningún producto garantiza control total.

En México, la prohibición de 35 ingredientes activos químicos genera oportunidades claras para bioinsecticidas y biofungicidas. Sin embargo, las tensiones comerciales con EE.UU. y la posible desaceleración de exportaciones hortícolas podrían moderar el impulso.
El caso de India combina fuerte potencial productivo con desafíos regulatorios. El monzón 2025 alcanzó el 108% del promedio histórico y el área sembrada tanto en cultivos kharif como rabi mostró expansión. Sin embargo, la incorporación de bioestimulantes al Fertilizer Control Order (FCO) redujo drásticamente el número de productos plenamente aprobados, generando posibles restricciones de oferta en el corto plazo. Aun así, la creciente demanda de frutas y hortalizas de calidad y la integración con tecnologías como aplicaciones con drones sostienen perspectivas positivas.
En China, la expansión del área sembrada, la mecanización y la mejora del ingreso rural impulsan la producción. El uso extendido de bioinsecticidas basados en Bacillus thuringiensis, junto con políticas oficiales de sostenibilidad, respalda la consolidación del segmento biológico, aunque la preferencia por productos genéricos de bajo costo sigue siendo un factor estructural.

En Europa, la sustitución de la Directiva de Uso Sostenible por la «Visión para Agricultura y Alimentación 2025-2040» suavizó los objetivos obligatorios de reducción de pesticidas, lo que podría moderar el ritmo de adopción. Sin embargo, la propuesta de simplificación regulatoria publicada en diciembre de 2025 -que busca acelerar la aprobación de sustancias de biocontrol- podría convertirse en un catalizador clave para 2026.
Mirando hacia adelante, el mercado global de biopesticidas y bioestimulantes se enfrenta a un año decisivo. El clima será determinante, especialmente ante riesgos de sequía o calor extremo. La presión de plagas, la salida regulatoria de activos convencionales y la innovación en microorganismos fijadores de nitrógeno editados con CRISPR, tecnologías RNAi y producción industrial de feromonas, redefinen el horizonte competitivo.
Más allá de la volatilidad coyuntural, los fundamentos estructurales -regulación, sostenibilidad, exportaciones hortícolas y tecnificación- continúan posicionando a los biológicos como uno de los segmentos de mayor dinamismo dentro de la protección de cultivos global.

