Con una producción histórica de 27,8 millones de toneladas, los productores celebran el volumen pero alertan que los bajos precios y los fletes récord ponen en jaque los márgenes. El pedido es claro: profundizar la baja de retenciones.
En la Mesa Nacional del Trigo, el presidente de Coninagro, Lucas Magnano, reclamó este 18 de febrero de 2026 que el Gobierno continúe con la baja de retenciones, al advertir que la rentabilidad del productor está comprometida pese a la cosecha récord. El planteo cobra relevancia porque el trigo es un cultivo estratégico para el ingreso de divisas, el empleo y el movimiento económico del interior.
«El productor respondió de manera extraordinaria ante las señales que dio el Gobierno Nacional», sostuvo Magnano. Sin embargo, aclaró que todavía hay variables que deben acomodarse en el marco macroeconómico. «Vemos algún problema con lo que es la rentabilidad. Sería muy bueno que se continúe con la baja de retenciones», insistió.

El dato que atraviesa la discusión es contundente: el sector triguero se encamina a una producción histórica de 27,8 millones de toneladas, con un valor bruto estimado en US$ 5.782 millones. Pero el volumen no alcanza para compensar la caída de los precios internacionales. El precio FOB de US$ 208 por tonelada en enero es el más bajo entre los principales exportadores.
En otras palabras, la Argentina produce más, pero cobra menos por cada tonelada. En un mercado global competitivo y con fuerte oferta, la ecuación se vuelve más ajustada. Y cuando se suman los derechos de exportación, el impacto en el margen final es aún mayor.
A este escenario se agregan los costos logísticos, que hoy marcan un récord. Según el informe presentado, en enero de 2026 el flete a 100 kilómetros representa el 10% del valor del trigo, mientras que a 300 kilómetros asciende al 21%, el nivel más alto registrado. Traducido a campo: para cubrir el traslado a 100 km se necesitan 99 kilos de trigo.
Este punto golpea con fuerza a las regiones más alejadas de los puertos y vuelve a poner sobre la mesa la histórica discusión sobre infraestructura y competitividad sistémica. La brecha entre zonas cercanas a terminales exportadoras y aquellas más distantes se amplía en un contexto de precios deprimidos.
Magnano también pidió que provincias y municipios mantengan la baja de impuestos que pesan sobre el campo y la industria, y sumó reclamos vinculados al abaratamiento de fertilizantes y al impulso del riego como herramienta clave para estabilizar la producción y reducir la dependencia climática.

Más allá de la discusión fiscal, el trigo tiene un peso estructural en la economía argentina. La cadena triguera generó en 2023 413.730 puestos de trabajo, lo que representa el 9,9% del empleo agropecuario total. De ese total, la producción primaria concentra el 14% del empleo del complejo. No se trata solo de números macro: detrás hay pueblos, cooperativas, transporte, industria molinera y comercio.
El mensaje del sector es claro: cuando hubo señales de incentivo, el productor respondió con más área y más tecnología. Pero en un escenario de precios internacionales bajos, fletes en máximos históricos y presión impositiva aún elevada, la rentabilidad vuelve a quedar en el centro del debate.
La discusión sobre las retenciones al trigo no es nueva en la Argentina, pero en un año de récord productivo y valores internacionales en mínimos, adquiere una dimensión estratégica. La pregunta que sobrevuela es si el país podrá sostener el impulso exportador con reglas previsibles y menor carga fiscal, o si la combinación de costos altos y precios bajos volverá a tensionar la ecuación del productor.
Para un país que necesita dólares y empleo, el desafío es claro: transformar el potencial productivo en competitividad real.

