Aceiteros y marítimos paralizan el corazón exportador del Gran Rosario en rechazo a la reforma laboral. La medida impacta en la soja, las divisas y toda la cadena productiva.
El Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros (SOEA) y la Federación Sindical Marítima y Fluvial confirmaron su adhesión al paro general convocado por la CGT y anunciaron un cese total de actividades desde el primer turno de este jueves en el cordón industrial del Gran Rosario. La protesta, en rechazo al tratamiento de la Ley de Modernización Laboral en Diputados, paraliza 17 terminales granarias entre San Lorenzo y Timbúes y dos plantas en San Jerónimo Sud. El impacto no es menor: se frena el principal polo agroexportador del país y, con él, el ingreso de divisas.
El complejo San Lorenzo-Timbúes concentra la mayor capacidad de molienda de soja a nivel global. Por allí sale cerca del 80% de las exportaciones argentinas de harina y aceite de soja, el núcleo del agregado de valor que distingue al país frente a otros competidores regionales.

Un freno en el nodo sojero más grande del mundo
Cada jornada sin actividad implica buques demorados, sobrecostos logísticos y presión sobre los contratos internacionales. En plena campaña gruesa y con márgenes ajustados por retenciones y brecha cambiaria, el paro agrega tensión a una cadena que ya opera al límite.
El argumento sindical: «No vamos a resignar salario»
El gremio que conduce Daniel Succi calificó el proyecto oficial como un «retroceso histórico» y un ataque directo al Convenio Colectivo del sector. «Están nivelando hacia abajo. Vamos a defender el salario y a la familia aceitera», sostuvo el dirigente.
Desde el sindicato advirtieron que la reforma, bajo la promesa de formalizar empleo no registrado, recortaría derechos de los trabajadores en blanco. Además, anticiparon que podrían endurecer las medidas si el Congreso intenta aprobar la ley sobre tablas.
El conflicto vuelve a poner en debate la tensión histórica entre competitividad y derechos laborales en el corazón del modelo agroindustrial argentino.

La respuesta empresaria: modernizar o quedar atrás
Desde la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC) defendieron la iniciativa oficial y cuestionaron el paro. Consideraron que se trata de una resistencia al cambio y remarcaron que el mercado laboral necesita adaptarse a nuevas tecnologías y demandas productivas.
Según la entidad, una medida de fuerza de este tipo impacta en toda la cadena: transporte, comercios y economías regionales. Además, señalaron que rechazar la ley sin debate no contribuye a generar empleo formal ni a preparar a los trabajadores para los próximos años.
Lo que está en juego: dólares y competitividad
En un país donde el agro aporta más del 60% de las divisas, cualquier interrupción en los flujos comerciales repercute en el mercado cambiario y en la disponibilidad de dólares. La discusión no es solo laboral: es macroeconómica.
Mientras Brasil amplía su frontera agrícola y consolida mercados en Asia con mayor previsibilidad normativa, Argentina enfrenta un escenario donde las retenciones, la presión fiscal y ahora la conflictividad gremial condicionan la competitividad.
La pregunta que se hacen productores y exportadores es clara: ¿cuánto margen tiene el complejo agroindustrial para absorber nuevas tensiones sin perder mercados?
El desenlace legislativo será clave. Pero el trasfondo excede la coyuntura parlamentaria: se trata de definir cómo se equilibra la defensa del salario con la necesidad de sostener uno de los motores centrales de la economía argentina.

