Brasil acelera una cosecha retrasada de soja y en el mayor estado productor hay incertidumbre por la descarga de granos
La logística de exportación en Brasil presenta complicaciones en medio de la mayor cosecha de soja de la historia, en donde se esperan casi 180 millones de toneladas.
Caos logístico en Brasil
En uno de los puertos cercanos a Mato Grosso hay una fila de camiones de 39 kilómetros en el acceso a las terminales portuarias de Miritituba, en el estado de Pará, situación agravada por las lluvias y la falta de pavimentación en el tramo final de la ruta BR-163.

La zona de Miritituba se encarga de despachar unas 12 millones de toneladas al año. Karen Braun, analista de Reuters, describió: «Es habitual que se produzcan largas colas fuera de este puerto, ya que el último tramo de las carreteras que unen Mato Grosso con las instalaciones portuarias aún no está asfaltado (por lo que las fuertes lluvias son especialmente problemáticas)». Pero casi 40 kilómetros de cola no parece algo común.


Según los últimos datos disponibles, la cosecha de soja 2025/26 alcanzó el 30% del área cultivada en Brasil, en comparación con el 21% una semana antes y el 39% en el mismo período del año pasado, según una encuesta de AgRural.
A pesar del buen progreso de esta semana, impulsado por un clima más seco en el Medio Oeste, el índice de cosecha de Brasil sigue siendo el más bajo para esta época del año desde la temporada 2020/21. Las razones incluyen la siembra tardía, ciclos de cultivo más largos y lluvias durante la cosecha, según el estado o la región.
Indígenas en terminal de Cargill
Se suma que un grupo de manifestantes indígenas ocupó la terminal fluvial de Cargill en Santarém, en el estado brasileño de Pará, interrumpiendo las operaciones de la empresa en uno de los puntos claves para la salida de soja y maíz del norte de Brasil.
La compañía confirmó que el viernes por la noche los manifestantes obligaron a evacuar al personal de la terminal privada y que actualmente mantiene contacto con las autoridades locales para garantizar un desalojo “ordenado y seguro”. Además, advirtió que existen “fuertes indicios de vandalismo y daños a los activos” dentro de las instalaciones.
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El complejo de Santarém cumple un rol clave en la logística del agronegocio brasileño. Según datos del sector portuario, durante el último año se despacharon desde allí más de 5,5 millones de toneladas métricas de soja y maíz, volumen que representó más del 70% del total de granos movilizados en la terminal.
La mercadería proviene principalmente de la región Centro-Oeste, el corazón productivo de Brasil, y llega mayormente en barcazas para luego ser transferida a buques de exportación. En este contexto, la paralización ocurre en plena cosecha de soja y maíz, un momento crítico para el flujo comercial.
Si bien desde el 22 de enero los manifestantes ya bloqueaban el ingreso de camiones con impacto limitado, dado que el grueso del grano arriba por vía fluvial, la ocupación directa de la terminal marca una escalada en el conflicto y afecta de manera total la operatoria de la multinacional.

El reclamo indígena está vinculado a los planes de dragado de ríos amazónicos, en particular del Tapajós, una vía estratégica para el transporte de granos hacia los puertos del norte. Según los manifestantes, un decreto del Gobierno brasileño abriría la puerta a intervenciones más profundas en estos cursos de agua.
En una carta difundida tras la ocupación, los grupos indígenas señalaron: “Los ríos no son canales de exportación: son fuente de vida, sustento, memoria e identidad para miles de familias”. Además, advirtieron que el dragado podría afectar la calidad del agua y la pesca, actividades esenciales para su subsistencia.

Por su parte, Cargill afirmó que no tiene control sobre los planes de dragado y que las decisiones en materia de infraestructura fluvial corresponden a las autoridades competentes.
El Gobierno brasileño no respondió de inmediato a los pedidos de comentarios. En declaraciones previas, había señalado que el dragado es una práctica habitual destinada a garantizar la navegabilidad durante los períodos de estiaje, clave para sostener el tránsito de barcazas en la región amazónica.
