Harina de soja: Argentina podría perder su liderazgo global

Un informe del USDA muestra a Brasil y EE.UU. recortando distancia en exportaciones y pone en jaque el histórico dominio argentino.

Buenos Aires, 23 de febrero de 2026. La Argentina exportaría 29 millones de toneladas de harina de soja en la campaña 2025/26, según el último informe WASDE del United States Department of Agriculture (USDA). Aunque el volumen la mantiene como principal jugador individual, el avance de Brasil (25,5 Mt) y el crecimiento conjunto con Estados Unidos (más de 42 Mt entre ambos) encienden una alerta: el histórico liderazgo argentino en el complejo sojero podría estar en riesgo.

El dato fue analizado por Javier Preciado Patiño, ex subsecretario de Mercados Agropecuarios, quien advirtió que el estancamiento local contrasta con el dinamismo de sus competidores. Si la tendencia continúa, el liderazgo en harina -uno de los pocos que conserva el agro argentino a escala global- podría diluirse en los próximos años.

Harina de soja: Argentina podría perder su liderazgo global

El contraste con el pasado es elocuente. En la campaña 2015/16, la Argentina exportó 31 millones de toneladas de harina de soja, su máximo histórico. En ese momento, Brasil y Estados Unidos sumaban en conjunto 24 millones.

Hoy el escenario cambió: Argentina se mantiene en torno a las 29 millones de toneladas, sin superar aquel récord, mientras que sus competidores ya rozan las 44 millones combinadas. La foto actual muestra un liderazgo más ajustado y con menor margen de maniobra.

En el caso de Estados Unidos, el giro responde en parte a su vínculo comercial con China y a la necesidad de sostener el mercado interno para sus farmers. La estrategia apunta a reducir el perfil exportador de poroto y potenciar la colocación de harina, con foco en el sudeste asiático y negociaciones con India y Vietnam. A eso se suma el impulso de su política de biocombustibles.

Brasil, en tanto, con un potencial exportador cercano a 114 millones de toneladas de soja, comenzó a profundizar su proceso de industrialización y expandir la molienda. El resultado es un mayor volumen de harina que compite directamente en los mismos destinos que tradicionalmente abastece la Argentina.

El gigante sudamericano, que supo concentrarse casi exclusivamente en el poroto con China como gran comprador, ahora diversifica y avanza en el agregado de valor. Una jugada que impacta de lleno en el negocio argentino.

Para Preciado Patiño, el riesgo de perder el liderazgo es «casi inminente» si no se fortalecen las condiciones de competitividad industrial. En ese marco, reaparece el debate sobre los derechos de exportación y el histórico diferencial arancelario entre el poroto y sus subproductos.

La pregunta que sobrevuela el complejo es directa: ¿qué sentido tiene sostener determinados diferenciales entre soja, trigo, maíz y girasol si el objetivo fue siempre promover el agregado de valor local?

Una alternativa sería acercar o equiparar las retenciones del complejo sojero con las de los cereales -si no es posible eliminarlas- para aliviar la carga sobre la industria aceitera. Otra vía complementaria es profundizar el uso del aceite de soja en biocombustibles, ampliando la demanda interna y consolidando escala.

La harina de soja no es un producto más. Es el corazón del complejo exportador argentino y un generador clave de divisas. En un contexto de brecha cambiaria, presión fiscal y necesidad urgente de dólares, perder liderazgo no sería solo un dato estadístico: implicaría resignar poder de mercado y capacidad de influencia en el comercio global.

 

El desafío es claro. Mientras Brasil y Estados Unidos avanzan en industrialización y acuerdos comerciales, la Argentina enfrenta el dilema de sostener su histórico protagonismo o quedar rezagada en el negocio que durante décadas supo dominar.

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