El tipo de cambio cayó casi $100 en 2026. Impacta en fertilizantes, fitos y decisiones comerciales del campo.
El dólar oficial cayó casi $100 en lo que va de 2026 y este lunes cerró en $1.370,50, acumulando una baja del 5,8% en el mercado mayorista. La tendencia se explica por una fuerte liquidación de divisas del agro, emisiones de deuda y tasas en pesos positivas que alimentan el carry trade. Para el campo, la baja tiene un doble filo: abarata insumos dolarizados, pero también enciende alertas por un posible atraso cambiario que complique la competitividad exportadora.
La divisa retrocedió en 11 de las últimas 14 ruedas, mientras el techo de la banda cambiaria supera los $1.600, el mayor gap desde julio pasado. En paralelo, el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) se ubica en su nivel más apreciado desde junio de 2025, una señal que el mercado mira con cautela.
El combo detrás de la pax cambiaria incluye buena cosecha de trigo, liquidación de deuda corporativa y provincial, y tasas atractivas en pesos que incentivan el desarme de posiciones en dólares. Solo en enero, el agro aportó un promedio diario cercano a u$s88 millones, y en febrero alrededor de u$s84 millones.

Impacto directo en el negocio del campo
Para el productor y el empresario agroindustrial, el movimiento del dólar impacta de manera inmediata en la estructura de costos.
Con un dólar oficial más bajo:
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Fertilizantes, fitosanitarios y semillas importadas tienden a abaratarse en pesos.
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Maquinaria agrícola y repuestos pueden mostrar mejores condiciones de financiación.
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Los contratos de insumos atados al tipo de cambio pierden presión.
En plena planificación de la campaña fina y con decisiones en marcha para la gruesa 2026/27, un dólar planchado mejora el poder de compra en pesos. También facilita el cierre de canjes y acuerdos comerciales.
Sin embargo, el beneficio no es lineal. El ingreso del productor sigue condicionado por retenciones, brecha cambiaria y precios internacionales. Si el tipo de cambio se aprecia demasiado en términos reales, el margen exportador se comprime.
¿Ventana de oportunidad o nuevo atraso?
Algunos analistas sostienen que la oferta de dólares podría mantenerse firme en 2026. Las proyecciones privadas hablan de una liquidación de granos cercana a u$s40.000 millones, similar a los niveles récord de 2022. Sumando energía y otros sectores, las exportaciones podrían alcanzar los u$s100.000 millones.
Más oferta de divisas implica un dólar contenido. Pero otros especialistas advierten que el tipo de cambio oficial no solo cayó en términos nominales, sino también reales. El riesgo es el clásico atraso cambiario, con efectos conocidos para el agro:
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Demora en la liquidación de exportaciones si el productor espera un rebote.
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Adelanto de importaciones de insumos aprovechando el dólar barato.
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Presión futura sobre la brecha si el mercado percibe un valor insostenible.
Por ahora, la balanza comercial no muestra tensiones fuertes, en parte por la caída de importaciones. Pero una recuperación de la actividad podría acelerar compras externas, especialmente de bienes de capital e insumos para el agro.

Decisiones clave en un año agrícola sensible
En la práctica, el productor enfrenta un dilema: cerrar compras ahora con un dólar más bajo o esperar una eventual corrección. Lo mismo ocurre con la comercialización de granos: vender con tipo de cambio apreciado o retener ante la posibilidad de rebote.
La historia argentina pesa en la memoria del sector. Cuando el dólar se atrasa, el alivio en costos suele ser transitorio. Si luego llega el ajuste, los precios relativos cambian rápidamente.
Por ahora, la baja del dólar ofrece oxígeno en la compra de insumos y mejora el flujo financiero en pesos. Pero el negocio agropecuario no se define solo por el costo de fertilizantes o maquinaria: también depende de la competitividad exportadora.
El interrogante que sobrevuela al campo es claro: ¿estamos ante una ventana para ordenar costos o frente al inicio de un nuevo ciclo de atraso cambiario? En un país donde el tipo de cambio es variable estratégica, la respuesta puede definir la rentabilidad de toda la campaña.

