Karina Milei y Adorni respaldaron una inversión clave y prometieron bajar impuestos al agro en pleno debate por la competitividad exportadora.
Este 27 de febrero, en Timbúes (Santa Fe), Karina Milei y Manuel Adorni encabezaron la inauguración de una nueva línea de molienda que suma 3000 toneladas diarias de capacidad de procesamiento. El dato político no pasó inadvertido: el jefe de Gabinete calificó a las retenciones como «nefastas» y ratificó que el Gobierno continuará con la reducción de impuestos, un mensaje directo a un sector clave para el ingreso de divisas.
La presencia oficial en el corazón del principal polo agroexportador del país, a la vera del río Paraná, fue leída como una señal de respaldo a la agroindustria, responsable de seis de cada diez dólares que ingresan por exportaciones. En un contexto donde la competitividad está condicionada por la presión fiscal, la logística y el frente cambiario, el gesto político tuvo peso propio.

Durante su discurso, Adorni cuestionó el historial reciente de políticas hacia el sector: cepos, múltiples tipos de cambio, inflación e incremento de derechos de exportación. «Sabemos que eso se tiene que terminar», afirmó, y sostuvo que con incentivos correctos y menor carga impositiva el complejo agroindustrial puede expandir producción, empleo y exportaciones.
En clave argentina, la definición no es menor. Las retenciones siguen siendo el eje de tensión entre el Estado y el campo. Tras años marcados por la brecha cambiaria y esquemas como el «dólar soja», cualquier señal de alivio tributario impacta en las decisiones comerciales y en la planificación de la próxima campaña.
La inversión presentada permitirá procesar camelina, carinata, canola y girasol, además de soja, ampliando la flexibilidad industrial. Se trata de cultivos con alto contenido de aceite, estratégicos en el nuevo escenario global atravesado por la transición energética y la demanda de menor huella de carbono.
Del procesamiento se obtendrá harina para alimentación animal y aceite destinado a biocombustibles avanzados, como el combustible sostenible de aviación (SAF) y los aceites vegetales hidrotratados (HVO). Para la Argentina, históricamente marcada por la sojización, la diversificación hacia energías renovables y mayor agregado de valor aparece como una oportunidad concreta en mercados exigentes, especialmente en Europa.
La jornada también puso el foco en la Hidrovía Paraná-Paraguay, por donde sale la mayor parte de las exportaciones agroindustriales. Desde el Gobierno defendieron la nueva licitación y señalaron que permitirá operar con mayor calado, reducir costos logísticos y mejorar la competitividad externa frente a países como Brasil o Estados Unidos.
El mensaje final combinó política económica e industria: el agro como motor estructural del país, necesidad de quitar «yunques impositivos» y apuesta a un esquema más previsible. En un año donde el debate por las retenciones vuelve a escena, la foto en Timbúes dejó algo más que una inauguración: dejó planteada la promesa de un cambio de reglas para uno de los sectores más dinámicos de la economía argentina.

