Enero marcó un salto histórico en la industrialización y consolida al girasol como motor de divisas y valor agregado.
La molienda de girasol alcanzó en enero de 2026 las 322.745 toneladas, según informó la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, con un salto interanual del 78% y el mayor registro para ese mes desde 2013. El dato no solo confirma nueve meses consecutivos de récord, sino que posiciona al complejo girasolero como uno de los principales generadores de valor agregado y divisas para la Argentina.
El número impacta por donde se lo mire. En enero del año pasado se habían procesado 181.272 toneladas. La diferencia refleja una expansión que sobresale incluso en un contexto de recuperación industrial más amplio. Además, frente a diciembre de 2025 -cuando la molienda fue de 250.874 toneladas- el incremento fue del 28,6% mensual, es decir, 71.871 toneladas adicionales en apenas un mes, una señal clara de aceleración productiva.

El fenómeno no es aislado. El sector acumula nueve meses seguidos con máximos históricos, consolidando un ciclo de expansión que fortalece la capacidad instalada y dinamiza la cadena agroindustrial. En tiempos de debate sobre retenciones, brecha cambiaria y competitividad, el girasol aparece como un ejemplo concreto de cómo la industrialización en origen puede potenciar el ingreso de dólares genuinos.
Desde la cartera agropecuaria subrayaron que el desempeño de enero refleja el dinamismo del complejo y su aporte creciente a la generación de empleo, actividad económica y divisas. En un escenario donde la balanza comercial y la necesidad de dólares marcan la agenda, el aceite y los subproductos de girasol ganan protagonismo en los flujos comerciales.

El contexto internacional también juega su partido. Con mercados que demandan alimentos y aceites vegetales, y con mayores exigencias en trazabilidad y sustentabilidad, la Argentina encuentra en el girasol una oportunidad para consolidar su presencia externa sin resignar agregado de valor.
Mientras otros cultivos enfrentan vaivenes de precios y tensiones internas, el girasol muestra números contundentes. La incógnita ahora es si este boom industrial podrá sostenerse en el tiempo y transformarse en una política de Estado que apueste decididamente por más procesamiento local y menos exportación primaria.
Por ahora, los datos son elocuentes: el girasol argentino atraviesa uno de los momentos más sólidos de la última década y se consolida como una pieza clave del engranaje agroexportador.

