Fertilizantes en riesgo: conflicto en Medio Oriente impacta al agro

La escalada militar en Medio Oriente compromete el 63% de la urea que importa Argentina y alerta a América Latina por posibles subas de costos.

La operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, concretada esta semana y seguida por una respuesta iraní que bloqueó embarques petroleros en el Estrecho de Ormuz, desató una crisis geopolítica que ya impacta en el comercio agrícola de América Latina. El dato es contundente: más del 60% de la urea granulada importada por Argentina en 2025 proviene de la región hoy en conflicto, una zona estratégica para la producción y comercialización de fertilizantes nitrogenados a nivel global. El episodio importa porque amenaza la logística de exportación, eleva los costos y compromete la planificación de la próxima campaña agrícola.

En 2024 ingresaron al mercado argentino 1,52 millones de toneladas de urea, con Omán (16%), Turkmenistán (14,2%), Qatar (12,5%) y Emiratos Árabes Unidos (3,8%) como principales proveedores. También se registraron envíos desde Arabia Saudita, Egipto y Azerbaiyán. En conjunto, estos orígenes explican el 63% del volumen importado, lo que evidencia una fuerte dependencia de una región hoy atravesada por tensiones militares y restricciones operativas en plantas de hidrocarburos y fertilizantes.

El Estrecho de Ormuz, paso estratégico para el comercio energético y de insumos agrícolas, concentra rutas clave cuyos bloqueos impactan en los flujos comerciales globales.

El Estrecho de Ormuz, paso estratégico para el comercio energético y de insumos agrícolas, concentra rutas clave cuyos bloqueos impactan en los flujos comerciales globales.

La situación no se limita a Argentina. Brasil, mayor importador mundial de fertilizantes, y otros países de América Latina comparten una estructura de abastecimiento altamente vinculada a mercados extra regionales. En términos de cadenas de valor agroalimentarias, la dependencia de insumos estratégicos expone una vulnerabilidad estructural que trasciende coyunturas nacionales y repercute en los flujos comerciales de toda la región.

El frente logístico agrega presión. Las principales aseguradoras marítimas incrementaron las primas de riesgo para los buques que atraviesan el Estrecho de Ormuz, encareciendo los fletes y reduciendo la disponibilidad de navieras dispuestas a operar en la zona. Este factor actúa como una barrera no arancelaria indirecta, impactando sobre los precios FOB/CIF y trasladando el sobrecosto a importadores y productores.

En un contexto donde la relación grano/fertilizante ya era desfavorable antes del conflicto, el riesgo de nuevas subas en la urea amenaza con deteriorar los márgenes de los productores de trigo, maíz y cebada en la campaña 2026/27. La combinación de variabilidad climática, volatilidad cambiaria y encarecimiento de insumos pone a prueba la resiliencia del agro latinoamericano.

La tensión geopolítica en el Estrecho de Ormuz encarece fletes, seguros y logística, con efecto directo en el abastecimiento de fertilizantes para América Latina.

La tensión geopolítica en el Estrecho de Ormuz encarece fletes, seguros y logística, con efecto directo en el abastecimiento de fertilizantes para América Latina.

El impacto potencial no se limita al lote. Menores niveles de fertilización podrían afectar rendimientos y, en consecuencia, el volumen de exportaciones agroalimentarias, eje central de la balanza comercial de varios países sudamericanos. En términos de seguridad alimentaria, cualquier alteración en la oferta regional repercute también en los mercados internacionales, donde América Latina sostiene una clara ventaja comparativa en commodities agrícolas.

El escenario reabre debates estratégicos sobre diversificación de mercados y proveedores, desarrollo de producción regional de fertilizantes y profundización de la integración regional mediante acuerdos comerciales agrícolas. También refuerza la necesidad de avanzar en tecnificación, uso eficiente de nutrientes, agricultura digital y prácticas de sustentabilidad en agronegocios, reduciendo la exposición a shocks externos.

 

En definitiva, el conflicto en Medio Oriente trasciende el tablero geopolítico y se traduce en un desafío concreto para el comercio agrícola América Latina. La dependencia de fertilizantes importados vuelve a quedar en evidencia como un punto crítico en las cadenas productivas. Fortalecer la infraestructura, mejorar la logística agropecuaria y promover estrategias de abastecimiento más robustas serán claves para sostener la competitividad regional en un escenario global cada vez más incierto.

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