El Gobierno anticipa que el Banco Central podría revisar al alza el crecimiento tras un primer bimestre con fuerte dinamismo agrícola y señales positivas en inversión.
El inicio del año encuentra a Paraguay con señales económicas sólidas y un protagonista claro: el sector agropecuario, particularmente la soja, cuya cosecha avanza con rindes superiores a los previstos. El desempeño del complejo agrícola durante el primer bimestre no solo dinamiza la actividad productiva, sino que también podría modificar el escenario macroeconómico proyectado para este año.
El ministro de Economía y Finanzas, Carlos Fernández Valdovinos, señaló que los primeros indicadores muestran un desempeño que supera las estimaciones iniciales. A su criterio, si la tendencia se consolida, el Banco Central del Paraguay podría revisar al alza su proyección de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), actualmente estimada en 4,2% para 2026, luego de un 6% proyectado para 2025.
El impacto del agro en la economía paraguaya es estructural. El sector primario no solo aporta divisas vía exportaciones, sino que también moviliza transporte, servicios financieros, comercio y actividad industrial vinculada al procesamiento de granos y carnes. Una cosecha histórica de soja implica mayor volumen exportable, incremento en ingresos fiscales y un efecto multiplicador en toda la cadena de valor.

En este ciclo, los rindes superan las previsiones iniciales, favorecidos por condiciones climáticas más estables que en campañas anteriores. El repunte productivo se traduce en mayor actividad en acopios, puertos fluviales y plantas industriales, consolidando el peso del agro como motor de crecimiento.
La dinámica agrícola también fortalece la posición externa del país. Con mayores exportaciones de soja y derivados, Paraguay refuerza su ingreso de divisas y mejora su balanza comercial, un factor que contribuye a la estabilidad macroeconómica y a la percepción de riesgo soberano.
En paralelo, el país logró avances relevantes en el frente financiero, como la emisión histórica de bonos en moneda local por US$ 1.000 millones y la consolidación del segundo grado de inversión. Estas señales, sumadas a un crecimiento sostenido, posicionan a Paraguay como una de las economías más dinámicas de la región.
De confirmarse la revisión de las proyecciones, Paraguay podría completar cuatro años consecutivos con un crecimiento promedio cercano al 5%, superando el antiguo potencial estimado en torno al 3,5%. Para el Ejecutivo, esa continuidad no es circunstancial, sino el resultado de estabilidad macroeconómica, disciplina fiscal y un sector productivo competitivo.
Más allá de los números agregados, el desafío sigue siendo trasladar ese dinamismo al empleo y al ingreso real de la población. El agro, por su capacidad de arrastre, juega un rol central en esa ecuación, especialmente en zonas rurales donde la actividad agrícola es determinante.
Otro factor que podría reforzar el impulso económico es la realización en Asunción de la Asamblea Anual del Banco Interamericano de Desarrollo, prevista del 11 al 14 de marzo. El evento reunirá a autoridades económicas e inversores internacionales, generando un espacio propicio para nuevas alianzas estratégicas y proyectos vinculados a infraestructura, financiamiento y desarrollo productivo.
Con una soja en niveles destacados, estabilidad macro y mayor visibilidad internacional, Paraguay inicia el año con un escenario favorable. El comportamiento del agro en los próximos meses será determinante para confirmar si el optimismo del primer bimestre se traduce en una mejora formal de las proyecciones del PIB y en un nuevo ciclo de expansión sostenida.

