Washington flexibiliza sanciones y permite fertilizantes venezolanos en EE.UU. en plena tensión con Irán, clave para la siembra y los precios agrícolas.
La administración de Donald Trump autorizó el viernes 13 de marzo de 2026 a Venezuela a vender fertilizantes y productos petroquímicos a empresas estadounidenses, según documentos del Departamento del Tesoro. La decisión llega en plena escalada del conflicto con Irán, que está afectando los flujos globales de nutrientes agrícolas, y busca garantizar el abastecimiento para la temporada de siembra en Estados Unidos, un factor clave para la estabilidad de las cadenas de valor agroalimentarias y los precios de los alimentos.
La medida relaja parcialmente las sanciones que pesaban sobre Caracas y forma parte de una estrategia más amplia de Washington para reintegrar gradualmente a Venezuela en el mercado energético y petroquímico internacional. Para el sector agrícola estadounidense, altamente dependiente de fertilizantes nitrogenados, la decisión busca reducir la presión sobre los costos de producción en un momento de volatilidad global.
La guerra en Medio Oriente está generando interrupciones logísticas en el suministro mundial de fertilizantes, especialmente en rutas clave como el estrecho de Ormuz. Estados Unidos importa más de un tercio de su urea desde esa región, lo que amplifica el impacto de cualquier disrupción en los flujos comerciales.
Según datos del mercado citados por Bloomberg Green Markets, el precio de la urea en Nueva Orleans subió un 28% desde el inicio del conflicto con Irán, alcanzando su nivel más alto desde octubre de 2022. Este fertilizante nitrogenado es fundamental para cultivos estratégicos como el maíz, uno de los pilares del sistema agroalimentario estadounidense.
En este contexto, la apertura hacia el suministro venezolano envía una señal de estabilidad a los mercados agrícolas, que enfrentan presiones inflacionarias por el aumento del petróleo y la volatilidad en los insumos.
La autorización fue implementada ampliando la definición de «petróleo de origen venezolano» en una licencia existente del Departamento del Tesoro, lo que permite incluir fertilizantes y petroquímicos dentro de las transacciones autorizadas.
No obstante, las operaciones seguirán bajo estrictos controles financieros. Las empresas estadounidenses deberán solicitar autorizaciones específicas a la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), y los pagos deberán depositarse en cuentas bloqueadas en el exterior, desde donde luego podrán ser transferidos al banco central venezolano.
Además, el Tesoro emitió otra licencia para trabajos en la red eléctrica venezolana, una medida considerada crucial para revitalizar la producción industrial y petrolera, sectores severamente afectados por años de crisis e infraestructura deteriorada.
Venezuela llegó a ser uno de los principales proveedores regionales de fertilizantes nitrogenados, gracias a sus abundantes reservas de gas natural que alimentan su industria petroquímica.
La empresa estatal Pequiven desarrolló durante décadas una potente capacidad industrial en complejos como José, Morón y El Tablazo, con una capacidad nominal cercana a 2,7 millones de toneladas de amoníaco y 3,3 millones de toneladas de urea al año.
Sin embargo, años de abandono, falta de inversión y problemas de gestión redujeron drásticamente la producción, limitando las exportaciones recientes principalmente a Brasil y Colombia, muchas veces con descuentos significativos y canales comerciales poco transparentes.
En 2025, por ejemplo, Venezuela exportó cerca de 400.000 toneladas de urea a Brasil, según datos de comercio internacional.
A pesar del potencial industrial del país, especialistas del sector advierten que la recuperación de la industria petroquímica venezolana llevará tiempo.
Josh Linville, vicepresidente de fertilizantes en StoneX Group, señaló que serán necesarias inversiones y modernización de infraestructura antes de que Venezuela pueda convertirse nuevamente en un proveedor relevante para Estados Unidos.
En línea similar, analistas del sector energético advierten que la infraestructura logística y productiva actual es insuficiente para generar flujos comerciales significativos en el corto plazo, lo que limita el impacto inmediato de la medida.
Más allá de los volúmenes iniciales, la decisión de Washington podría tener implicaciones estratégicas para los mercados agrícolas globales.
Por un lado, diversifica las fuentes de fertilizantes para Estados Unidos, reduciendo su dependencia de proveedores en Medio Oriente y Rusia. Por otro, abre una vía de reintegración para Venezuela en las cadenas de valor agroindustriales internacionales, en un momento en que la seguridad alimentaria y la estabilidad de insumos agrícolas se han convertido en temas prioritarios para gobiernos y organismos multilaterales.
En un escenario marcado por conflictos geopolíticos, volatilidad energética y variabilidad climática, el acceso a fertilizantes se vuelve un factor decisivo para la productividad agrícola y la estabilidad de los mercados alimentarios globales.

