La volatilidad global impulsa al dólar y redefine el mapa cambiario en América Latina. Credicorp anticipa escenarios divergentes para las monedas de la región.
El 17 de marzo de 2026, el holding financiero Credicorp publicó nuevas proyecciones cambiarias para América Latina en un contexto de alta incertidumbre global, marcado por tensiones en Medio Oriente y el alza del petróleo, factores que fortalecen al dólar y afectan directamente la competitividad de las cadenas de valor agroalimentarias regionales. Este escenario es clave porque incide en los flujos comerciales, los precios FOB/CIF y la rentabilidad de los commodities agrícolas, pilares de la balanza comercial latinoamericana.
El fortalecimiento del dólar -medido por el índice DXY, que sube 1,39% en lo que va de 2026– revierte parcialmente su debilidad previa y genera un escenario mixto en los mercados agrícolas regionales. En América Latina, las monedas muestran comportamientos divergentes: algunas se aprecian por fundamentos macroeconómicos sólidos, mientras otras enfrentan presión por factores políticos o externos.

Este contexto impacta directamente en la logística de exportación y la competitividad agroexportadora, especialmente en países altamente dependientes de commodities como soja, maíz, café y minerales.
Proyecciones por país: tipo de cambio y agroexportación
Credicorp anticipa un mapa cambiario con implicancias directas en el comercio agro EE.UU.-Latam y mercados globales:
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Brasil: dólar en R$5,50 (2026), sostenido por tasas altas. Favorece exportaciones agrícolas, aunque encarece insumos importados.
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México: MXN$17,90 (2026), con mayor volatilidad por tensiones externas. Impacta en cadenas integradas bajo el T-MEC.
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Argentina: ARS$1.670 (2026) bajo crawling peg. Mejora previsibilidad exportadora, pero con presión inflacionaria.
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Chile: dólar en CLP$870, condicionado por el precio del cobre y expectativas de crecimiento.
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Colombia: COP$3.900, con alta dependencia del escenario electoral.
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Perú: posible apreciación del sol por fundamentos sólidos y altos precios de minerales.
Para el agro, estos movimientos determinan la ventaja comparativa, el acceso a mercados y la capacidad de capturar valor agregado.

El conflicto en Medio Oriente y el cierre del estrecho de Ormuz -clave para el 20% del petróleo global y hasta el 40% de fertilizantes– elevan los costos productivos y logísticos. Esto repercute en:
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Precios internacionales de insumos agrícolas
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Costos de transporte en infraestructura portuaria
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Mayor volatilidad en mercados de futuros agrícolas
Además, persisten desafíos estructurales:
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Barreras no arancelarias y normas fitosanitarias
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Déficits en infraestructura vial y portuaria
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Dependencia de subsidios agrícolas en mercados desarrollados
En este entorno, la región avanza en:
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Agricultura digital y tecnificación
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Trazabilidad y certificaciones sostenibles
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Reducción de huella de carbono e hídrica
Estas herramientas permiten mejorar la resiliencia ante la variabilidad climática y responder a nuevas tendencias de consumo global, cada vez más exigentes en términos ambientales. Organismos como FAO, BID e IICA destacan que la innovación será determinante para sostener la competitividad en los mercados internacionales.

El escenario plantea desafíos concretos:
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Mayor aversión al riesgo financiero
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Presión sobre el financiamiento agrícola
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Potencial fortalecimiento del dólar a mediano plazo
Pero también oportunidades:
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Precios elevados de commodities
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Diversificación de mercados hacia Asia y Medio Oriente
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Integración regional (MERCOSUR, Alianza del Pacífico)
Para los exportadores, el desafío será equilibrar riesgo cambiario, costos logísticos y estrategias de cobertura.

