El Gobierno apuesta al campo como motor de divisas en 2026. Mejores precios, producción y menor presión fiscal impulsan proyecciones históricas.
El 24 de marzo de 2026, el ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que el campo argentino podría generar hasta US$42.000 millones en exportaciones este año, impulsado por mejores precios internacionales, mayor producción y cambios en la política económica. La definición cobra relevancia porque el ingreso de divisas del agro resulta clave para sostener la estabilidad cambiaria, fortalecer reservas y apuntalar la macroeconomía en un contexto global atravesado por la guerra en Medio Oriente.
En ese escenario, el campo argentino vuelve a posicionarse como eje central de los agronegocios, con un rol estratégico en la generación de dólares genuinos y en la dinámica de la cadena de valor agroindustrial.

Las proyecciones oficiales muestran un salto significativo respecto a 2025, cuando las exportaciones agropecuarias alcanzaron los US$33.200 millones. Para este año, el Gobierno estima un incremento que podría ubicarse entre US$3.700 millones y US$8.700 millones adicionales, dependiendo de la evolución de los precios y los rindes.
En un escenario intermedio, las exportaciones rondarían los US$36.900 millones, mientras que en el más optimista treparían hasta los US$41.822 millones, consolidando al agro como principal fuente de ingreso de divisas.
Este desempeño impacta directamente en la capacidad del Banco Central para acumular reservas, un factor determinante en la estabilidad económica y en la previsibilidad para los distintos actores del sistema productivo.
PROYECCION CAMPAÑA 2025/2026

El crecimiento proyectado se explica por una combinación de variables clave. Por un lado, el contexto internacional muestra precios sostenidos para los commodities agrícolas, con la soja que llegó a cotizar cerca de los US$450 por tonelada en Chicago, impulsada por tensiones geopolíticas.
Al mismo tiempo, las condiciones climáticas más favorables permiten anticipar una mejor cosecha, con rindes superiores a campañas anteriores afectadas por sequía. En paralelo, el Gobierno destaca el impacto de medidas como la reducción de retenciones, la baja de aranceles a insumos y la flexibilización para importar maquinaria, lo que incentivó la inversión y la tecnificación del campo.
Según Caputo, esta combinación generó una reacción positiva en los productores, que incrementaron la superficie sembrada y apostaron a maximizar la productividad. Las estimaciones oficiales ubican a la soja y el maíz como los principales motores del crecimiento exportador.
En el caso de la soja, se proyecta una producción que oscila entre 49 y 55 millones de toneladas, con precios que podrían ubicarse entre US$450 y US$497 por tonelada, dependiendo del escenario internacional. Para el maíz, en tanto, se prevé una producción de entre 61 y 66 millones de toneladas, con valores estimados de entre US$204 y US$226 por tonelada.

