La cosecha avanza con demoras por lluvias, pero con mejores rindes. El maíz proyecta récord y el trigo preocupa por el fuerte aumento de costos.
El mercado de granos atraviesa abril de 2026 con alta volatilidad global por el conflicto en Medio Oriente, mientras en Argentina la cosecha de soja avanza lenta pero con mejores rindes, el maíz proyecta una producción récord y el trigo enfrenta una fuerte presión por el aumento de costos de fertilizantes, un combo clave para la rentabilidad del campo.
El escenario internacional, marcado por las tensiones entre Estados Unidos e Irán, continúa impactando en los mercados energéticos, aunque los granos comienzan a desacoplarse y mirar sus propios fundamentos productivos y comerciales. Según el informe semanal de Agro Perspectivas del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral , la volatilidad persiste, pero pierde peso frente a la oferta y demanda global.

El agro argentino vuelve a posicionarse como un actor central en la seguridad alimentaria, aunque condicionado por factores climáticos, logísticos y económicos que impactan directamente en la comercialización y la rentabilidad.
La cosecha de soja avanza apenas al 6,2%, afectada por lluvias persistentes, aunque con rindes promedio de 37,5 qq/ha, superiores al ciclo previo . Este retraso convive con una estrategia de retención por parte de los productores, con ventas a precio en niveles mínimos. En paralelo, el maíz muestra mayor dinamismo: la cosecha alcanza el 29% con rindes de 87,5 qq/ha y proyecciones de hasta 67 millones de toneladas, impulsadas por una demanda externa firme y una logística exigida por el alto volumen de embarques. En contraste, el trigo enfrenta un escenario complejo, con fertilizantes que duplicaron su valor y comprometen la intención de siembra, generando incertidumbre en la próxima campaña.
Claves productivas: soja, maíz y trigo bajo presión de costos y logística
En soja, el foco está en la evolución climática y su impacto en la trilla. Las lluvias demoran la cosecha pero mejoran el llenado de grano, generando una dualidad que podría derivar en una presión de oferta concentrada si el clima mejora. A nivel global, la oferta sigue siendo abundante, con Brasil liderando exportaciones, mientras que la demanda se sostiene por el avance de los biocombustibles.

Bioinsumos globales: el negocio agrícola que ya mueve miles de millones y redefine mercados

El maíz, por su parte, se posiciona como el cultivo más sólido del ciclo. La combinación de buenos rindes, demanda externa activa y un ritmo de ventas sostenido fortalece el mercado local, a pesar de las demoras en la cosecha. La elevada cola de buques y la necesidad de cumplir compromisos de exportación podrían generar incentivos en precios para entregas inmediatas.
En el trigo, la situación es más delicada. El encarecimiento de la urea, que alcanzó los 1000 USD/tn, deteriora la relación insumo-producto, obligando a replantear estrategias productivas . Esto ya se traduce en una desaceleración comercial y en la posibilidad de reducción del área sembrada, en un contexto donde también influyen las condiciones climáticas globales.
A nivel sistémico, el agro enfrenta además un cuello de botella logístico: protestas de transportistas, aumento del gasoil y restricciones en zonas clave como Bahía Blanca y Necochea complican el flujo de mercadería. Este escenario incrementa los costos y agrega incertidumbre a la cadena de valor, afectando la eficiencia del sistema productivo.

