Las negociaciones avanzan con impulso político y podrían cerrarse en 2026, con impacto directo en granos, fertilizantes y alimentos procesados.
Canadá y el Mercosur avanzan con la intención de cerrar un acuerdo de libre comercio antes de fin de 2026, tras ocho años de negociaciones que ahora ganaron ritmo político. La definición importa porque abre un nuevo frente comercial para el agro y los insumos en dos regiones con perfiles productivos distintos pero complementarios.
Desde Brasil, uno de los principales negociadores, confirmaron que hay decisión de avanzar y que ambas partes consideran el acuerdo una prioridad. La agenda responde a un movimiento más amplio: diversificar destinos y proveedores en un mapa comercial que cambió en los últimos años.
Apertura de mercados y competencia directa en productos clave
El Mercosur reúne a Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia, con una escala productiva que lo ubica entre los principales proveedores globales de alimentos. Para Canadá, el interés pasa por ganar espacio en un mercado con alta demanda de tecnología, insumos y servicios vinculados al agro.

Bioinsumos globales: el negocio agrícola que ya mueve miles de millones y redefine mercados
Un eventual acuerdo permitiría reducir aranceles en fertilizantes, maquinaria, productos industriales y alimentos procesados, lo que mejoraría el posicionamiento de las exportaciones canadienses. También podría ampliar el ingreso de servicios técnicos y de ingeniería, donde las empresas de ese país tienen presencia.
El intercambio ya muestra volumen, aunque con diferencias marcadas. En 2024, el comercio bilateral alcanzó C$15.800 millones, con un saldo favorable al Mercosur. Canadá vende principalmente bienes industriales y compra alimentos, materias primas y productos agroindustriales.
El interés canadiense no es solo económico. La necesidad de ampliar mercados aparece con más fuerza ante señales de mayor presión comercial desde Estados Unidos. En paralelo, el Mercosur busca equilibrar su dependencia de China, hoy su principal socio en varios rubros.
Para el agro, el acuerdo plantea un doble movimiento. Por un lado, mejora el acceso a un mercado desarrollado; por otro, introduce competencia en sectores sensibles. En Canadá, los productores ya advirtieron sobre el impacto que podría tener el ingreso de carne y alimentos desde Sudamérica, donde los costos de producción son más bajos.
En el Mercosur, la apertura también genera cautela. Si bien facilita el acceso a Canadá, expone a sectores industriales y parte de la agroindustria a una competencia más directa.
Las negociaciones continúan con nuevas rondas previstas en Brasil y Canadá durante los próximos meses. El objetivo es acercar posiciones y definir los puntos pendientes, entre ellos cuestiones ambientales y estándares productivos.
Para los exportadores, el resultado puede modificar el mapa de destinos y precios. La reducción de aranceles y la apertura de mercados suelen traducirse en mayor volumen de negocios, pero también en nuevas exigencias y competencia más intensa.
El agro vuelve a quedar en el centro de la discusión. No solo por su peso en el comercio, sino porque cualquier cambio en reglas de acceso impacta de forma inmediata en la dinámica de producción y exportación.

