El cierre del Estrecho de Ormuz frena exportaciones de urea, reduce la oferta global y enciende alertas por costos agrícolas y presión inflacionaria.
Más del 55% al 60% de la producción de urea en Medio Oriente se encuentra afectada desde fines de febrero de 2026, cuando el conflicto con Irán derivó en el cierre operativo del Estrecho de Ormuz, según datos relevados por nuestra redacción. El dato es clave: la región explica cerca del 45% del comercio global de urea, lo que la convierte en un nodo estratégico para el abastecimiento de fertilizantes a nivel mundial.
El impacto no se limita a la producción. La crisis combina una caída en la oferta con un bloqueo logístico sin precedentes, ya que grandes volúmenes de urea permanecen retenidos en el Golfo Pérsico, sin posibilidad de salida, mientras nuevos buques no ingresan. Esto está generando un rápido ajuste en la disponibilidad global de fertilizantes, con impacto directo en los costos productivos.

En paralelo, los ataques a infraestructura energética e industrial en países como Qatar y Bahréin están afectando la capacidad de producción del insumo. Así, el mercado enfrenta un doble shock: menos urea disponible y dificultades crecientes para transportarla.

Suelos vivos impulsan la rentabilidad agrícola y transforman el modelo productivo
Cuello de botella logístico y riesgo de parálisis productiva
La magnitud del problema se refleja en el transporte marítimo: desde el inicio del conflicto, solo 11 buques con fertilizantes lograron cruzar el Estrecho de Ormuz, de los cuales apenas cuatro transportaban urea, mientras 44 embarcaciones permanecen varadas en el Golfo, casi la mitad cargadas con este producto.
- Las exportaciones se redujeron a niveles mínimos, afectando el comercio global.
- La capacidad de almacenamiento comienza a saturarse en los países productores.
- El impacto ya alcanza a importadores clave como India, Europa y Brasil.
En el corto plazo, los productores utilizaron los propios buques inmovilizados como almacenamiento flotante. Sin embargo, esta estrategia tiene límites. A medida que los depósitos se llenan, crece el riesgo de que las plantas deban detener su producción por falta de espacio, lo que profundizaría aún más la crisis.
A diferencia de otros sectores, las plantas de fertilizantes nitrogenados no pueden reiniciarse rápidamente, por lo que eventuales cierres podrían extender los efectos del shock durante meses.

El impacto se traslada directamente al agro. La urea es el fertilizante nitrogenado más utilizado a nivel mundial, clave para cultivos como maíz, trigo y arroz, y difícil de sustituir por su alta concentración de nutrientes. En este contexto, una menor disponibilidad podría traducirse en menores dosis de aplicación, caída de rindes y mayor volatilidad en los mercados agrícolas.

