Tras 28 días sin casos, el país vuelve a ser libre de influenza aviar. Clave para exportaciones, divisas y competitividad en la cadena avícola.
El 27 de abril de 2026, Argentina recuperó oficialmente el estatus de país libre de influenza aviar altamente patógena tras más de 28 días sin nuevos casos, luego de que el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) cerrara los últimos brotes y elevara su autodeclaración ante la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA). La noticia es clave porque impacta directamente en la reapertura de exportaciones de pollo y en el ingreso de divisas para la cadena avícola.
La recuperación de este estatus representa un paso estratégico para el campo argentino, donde la sanidad animal es un pilar de la competitividad. En un contexto global exigente, la capacidad de garantizar trazabilidad y control sanitario resulta determinante para sostener mercados internacionales.
El camino hacia la recuperación no fue inmediato. La normativa internacional exige condiciones estrictas, entre ellas, un período mínimo sin nuevos focos tras la erradicación del virus. En este caso, se cumplió con más de 28 días desde la intervención en zonas afectadas como Ranchos, Lobos, Bolívar y Alejo Ledesma.
Allí se aplicaron protocolos de máxima exigencia: despoblamiento de aves, disposición final, limpieza y desinfección, medidas alineadas con el Código Sanitario internacional. Este esquema permitió restablecer la confianza en la sanidad animal argentina, un activo clave en los agronegocios.
Con el estatus recuperado, el SENASA avanza en negociaciones para reabrir mercados que habían restringido importaciones. Si bien la reapertura no es automática, el reconocimiento sanitario es una condición indispensable para normalizar el comercio exterior.
Durante la emergencia, el país logró sostener parte de sus exportaciones mediante herramientas como la zonificación y compartimentación, que permiten aislar áreas afectadas sin frenar toda la producción. Esto fue clave para amortiguar el impacto económico en la cadena de valor avícola.
La trazabilidad y la transparencia sanitaria se consolidan así como factores determinantes para la competitividad, en un mercado global donde la seguridad alimentaria es cada vez más relevante.
Lejos de relajarse, el nuevo escenario exige reforzar medidas. El SENASA lanzó una campaña para fortalecer la bioseguridad y la detección temprana, apuntando a evitar nuevos brotes.
En este contexto, la adopción de buenas prácticas agrícolas (BPA) y protocolos sanitarios en granjas avícolas resulta fundamental. La vigilancia epidemiológica, junto con la rápida notificación de síntomas como mortandad elevada o problemas respiratorios, será clave para sostener el estatus.
La articulación público-privada también demostró ser determinante. Productores, técnicos y organismos trabajaron de forma coordinada, evidenciando la importancia del asociativismo y la tecnificación en situaciones de crisis.
La recuperación del estatus sanitario no solo implica volver a exportar, sino también consolidar la posición de Argentina en el mapa global de alimentos. La cadena avícola, integrada al sistema agroindustrial, es un eslabón clave en la generación de valor agregado.
En un escenario atravesado por el cambio climático, la volatilidad de mercados y las exigencias sanitarias, sostener este logro será un desafío permanente. La prevención, la inversión en tecnología y el cumplimiento de estándares internacionales serán determinantes para evitar retrocesos.

