Pese a una cosecha histórica de trigo, la molinería advierte faltantes y problemas de calidad que ponen en riesgo el abastecimiento.
El sector molinero argentino encendió una señal de alerta el 28 de abril de 2026 al denunciar que, pese a una cosecha récord de trigo, no logra abastecerse del cereal ni siquiera con parámetros de calidad flexibles, una situación que impacta directamente en la producción de harina y en la cadena de valor. La advertencia fue realizada por la Federación Argentina de la Industria Molinera, que calificó el escenario como «insólito» y relevante para el funcionamiento del mercado interno.
La paradoja se da en un contexto donde la producción de trigo 2025/26 alcanzó 27,9 millones de toneladas, un 50% más que la campaña anterior, consolidándose como una de las mayores cosechas de la historia reciente en el agro argentino. Sin embargo, la molienda apenas creció un 1%, totalizando 1,96 millones de toneladas en el primer cuatrimestre, lo que evidencia un fuerte desacople entre oferta y disponibilidad real para la industria.
Desde la molinería aseguran que el problema no es solo la escasez de trigo con calidad panadera, clave para la elaboración de harina, sino directamente la falta de mercadería en el mercado. Incluso con precios por encima del promedio, los molinos no logran acceder a los volúmenes necesarios, lo que genera preocupación sobre la continuidad del abastecimiento.
En este escenario, el comportamiento del mercado aparece como un factor determinante. Las exportaciones jugaron un rol central: al 15 de abril, los exportadores habían adquirido 14,47 millones de toneladas, muy por encima de los 9,66 millones del año pasado, mientras que la molinería apenas superó las 2,6 millones de toneladas. Este desequilibrio reaviva el debate sobre la comercialización del trigo y la prioridad entre mercado interno y exportación, un tema históricamente sensible en la política agropecuaria argentina.
A su vez, los productores estarían reteniendo mercadería como estrategia financiera, en un contexto donde el trigo perdió valor relativo frente a insumos clave como los fertilizantes. Esta lógica, habitual en los agronegocios, responde a la búsqueda de mejores precios en un mercado volátil, pero genera tensiones en la cadena de suministro.
Otro factor clave es la calidad del cereal. La campaña estuvo marcada por problemas que afectaron la sanidad vegetal y el rinde panadero, lo que reduce la disponibilidad de lotes aptos para molienda. Esto obliga a los molinos a competir por partidas específicas, elevando costos y complejizando la logística.
Según datos de la Secretaría de Agricultura, la proyección de procesamiento interno para la campaña 2025/26 es de 7,2 millones de toneladas, por encima de los 6,4 millones de ciclos anteriores. Sin embargo, desde la industria advierten que, de mantenerse la situación actual, no se alcanzará ese objetivo, lo que implicaría menor actividad industrial, menos empleo y una caída en el valor agregado dentro del país.
En términos estructurales, este escenario expone tensiones propias del sistema agroindustrial argentino: alta producción, fuerte perfil exportador y dificultades para equilibrar la oferta interna. La falta de coordinación entre actores, sumada a variables como el precio de los granos, los costos de insumos y la logística, configura un panorama complejo para uno de los cultivos estratégicos del país.
La situación también pone en foco la necesidad de mejorar la trazabilidad, la calidad y la planificación comercial, aspectos clave para garantizar la seguridad alimentaria y la sustentabilidad del sistema productivo. En un contexto de cambio climático y creciente tecnificación, el desafío será lograr mayor eficiencia en toda la cadena, desde la siembra directa hasta la industrialización.

