¿Qué tan buena (o mala) es la soja argentina?

El INTA analizó la calidad de la soja argentina y puso el foco en los aminoácidos, clave en nutrición, mientras crece su presencia en alimentos de consumo diario

La calidad de la soja argentina es tema de análisis en la cadena agroindustrial a partir de un estudio liderado por el INTA, que buscó responder a una crítica recurrente en los mercados internacionales: su menor contenido de proteína. Sin embargo, los resultados abren una discusión más profunda sobre qué se mide y qué valor tiene realmente el grano.

“Sabemos que es un alimento maravilloso que, dentro de las matrices vegetales, tiene el mayor contenido de proteína y el mejor perfil de aminoácidos”, explicó Cecilia Accoroni, coordinadora de calidad de granos del INTA, en el streaming La Posta de Agrofy News Live.

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El trabajo surgió a partir de una demanda de la  cadena sojera y la industria, con el objetivo de generar un diagnóstico federal. Para eso, se relevaron muestras en ocho regiones productivas, desde el norte hasta el sur de Buenos Aires, incorporando variables de manejo, ambiente y genética.

cosecha de soja

“Lo primero fue validar si lo que se decía era real. Sí, tenemos menor contenido de proteína, pero cuando miramos los aminoácidos esenciales, que son los que importan en la nutrición animal, vemos ques son muy buenos en comparación con otros países”, señaló.

En ese sentido, el estudio puso el foco en cinco aminoácidos clave; lisina, metionina, cisteína, treonina y triptófano,  fundamentales para la eficiencia en la alimentación animal. “A mayor contenido de proteína no necesariamente el perfil de aminoácidos es mejor”, advirtió Accoroni, marcando un punto central para la discusión sobre calidad.

Además, el trabajo permitió identificar variaciones regionales y comenzar a pensar en estrategias de segmentación. “Esto a futuro puede permitir armar blends y asegurar determinados valores de proteína o calidad según la demanda industrial”, indicó.

Más allá del diagnóstico, la especialista remarcó que el productor hoy no recibe un diferencial por calidad. “No es consciente porque no se le paga. Pero debería saberlo”, sostuvo, al tiempo que destacó que el manejo agronómico también influye, aunque en menor medida que otros factores.

De la ración animal a la góndola

Otro de los puntos que sobresalió de la entrevista fue el creciente, y muchas veces invisible, uso de la soja en alimentos de consumo cotidiano. “Desafío a la gente a que vaya al supermercado y lea las etiquetas. Hay muchísimos productos que contienen soja”, planteó Accoroni. No solo en alimentos a base de soja, sino también como ingrediente funcional.

En este punto, explicó que derivados como la proteína o la lecitina se utilizan por sus propiedades tecnológicas. “Si quiero que un pan dure más tiempo, puedo agregar proteína de soja para que retenga agua. O en un chacinado, para gelificar”, detalló.

Incluso, destacó que gran parte del consumo no es del grano en sí, sino de productos procesados como concentrados o aislados proteicos, que pueden alcanzar hasta un 90% de proteína. “Vendemos el grano y después compramos el aislado a valores mucho más altos. Ahí hay una oportunidad clara de agregado de valor”, advirtió.

En un contexto donde crecen las dietas basadas en plantas, la soja gana protagonismo también en desarrollos innovadores. “Hoy se están haciendo yogures, quesos y todo tipo de alimentos a base de soja. Se consume mucho más de lo que creemos”, concluyó.

 

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