Excesos hídricos históricos complican al campo santafesino. Técnicos del INTA advierten sobre riesgos productivos y sanitarios, y recomiendan medidas urgentes.
El 08 de mayo de 2026, en el centro-norte de Santa Fe y sur del Chaco, intensas lluvias que acumularon entre 300 y 600 milímetros en pocos días generaron un escenario crítico para el ganado bovino, afectando establecimientos rurales y poniendo en alerta a productores. Especialistas del INTA advirtieron que la situación impacta directamente en la producción, la sanidad animal y la rentabilidad, en un contexto donde el fenómeno climático proyecta continuidad.
La región de los bajos submeridionales, clave para la ganadería argentina, enfrenta un evento extremo: en pocos días cayó hasta la mitad del promedio anual de precipitaciones, agravado por el escurrimiento de agua desde provincias vecinas. Localidades como Villa Minetti, San Bernardo y Fortín Olmos se encuentran entre las más afectadas.

De acuerdo con técnicos del INTA Reconquista, el principal problema radica en el anegamiento de caminos rurales, lo que dificulta la logística, el acceso a insumos y la comercialización. Esta situación genera aislamiento y compromete la cadena de valor ganadera, un factor crítico para el funcionamiento de los agronegocios.
Además, los campos más bajos presentan inundaciones persistentes, lo que obliga a trasladar hacienda hacia zonas más altas. La falta de infraestructura adecuada, como dormideros secos, incrementa el estrés animal y eleva el riesgo sanitario.
Frente a este escenario, los especialistas recomiendan ajustar la carga animal como primera medida. Esto implica priorizar categorías estratégicas como vientres productivos y vaquillonas de reposición, y avanzar en la venta de animales de menor rendimiento.
También se sugiere evaluar alternativas como el destete precoz, el feedlot o la venta anticipada de terneros y novillos. Estas decisiones son fundamentales para optimizar el uso de recursos forrajeros y sostener la rentabilidad en contextos adversos.
El manejo del pastoreo cobra especial relevancia: conocer la disponibilidad de pasto y planificar en función de la humedad del suelo es clave para evitar la degradación de los campos.
El INTA enfatiza la importancia de aplicar buenas prácticas agrícolas (BPA) adaptadas a la ganadería. Entre ellas, se destacan:
- Diferir potreros y evitar sobrecarga en pastizales naturales.
- Implementar alambrado eléctrico para mejorar la rotación.
- Asegurar reservas forrajeras o planificar su compra.
En paralelo, el riesgo sanitario aumenta considerablemente. Enfermedades como leptospirosis, carbunclo y pietín pueden proliferar en ambientes húmedos, por lo que se recomienda reforzar los planes de vacunación y monitoreo constante.

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En sistemas con encierre a corral, se aconseja garantizar al menos 8 m² por animal, con una superficie seca adecuada para el descanso. También es fundamental asegurar acceso a agua y alimentación sin cambios bruscos, reduciendo el estrés.
Este evento vuelve a poner en agenda el impacto del cambio climático en el campo argentino, donde la variabilidad extrema exige mayor tecnificación, planificación y resiliencia productiva. La infraestructura rural y la inversión en mejoras estructurales aparecen como factores determinantes.
Con un escenario climático influenciado por el fenómeno Niño, los especialistas anticipan que las complicaciones podrían extenderse durante los próximos meses. Por eso, destacan que la planificación estratégica, el monitoreo climático y la toma de decisiones oportunas serán claves.

