Las monedas resisten al dólar, pero el alza del petróleo presiona costos y márgenes del agro. Goldman Sachs advierte un giro inflacionario clave para 2026.
Las monedas de América Latina mostraron resiliencia frente al dólar en mayo de 2026, en medio del shock petrolero global derivado del conflicto en Medio Oriente, según un informe de Goldman Sachs. El fenómeno ocurre en un momento clave para el agro, ya que el encarecimiento de la energía comienza a trasladarse a la inflación regional, impactando directamente en costos productivos, logística de exportación y márgenes del sector. Esto importa porque las cadenas de valor agroalimentarias dependen fuertemente del costo energético, desde insumos hasta transporte internacional.
Las exportaciones agroalimentarias de América Latina mantienen dinamismo, apoyadas en la fortaleza relativa de monedas como el real brasileño o el guaraní paraguayo. Esto mejora los precios FOB en ciertos mercados y sostiene la competitividad externa.

Sin embargo, los flujos comerciales enfrentan un nuevo equilibrio: mientras las divisas amortiguan el costo de importaciones, el alza del petróleo eleva los costos CIF y presiona la balanza comercial de países importadores de energía.

Reducir 50% el nitrógeno sin perder rindes: el cambio que sacude el agro en America Latina.
En este contexto, acuerdos como el MERCOSUR o el T-MEC siguen siendo claves para sostener la integración regional y facilitar el comercio agro EE.UU.-Latam.
El informe advierte que la inflación regional para 2026 sube al 8%, impulsada principalmente por combustibles y servicios. Este escenario impacta de lleno en la logística agropecuaria, donde el transporte terrestre y marítimo representa un componente crítico.
Además, las barreras no arancelarias, como normas fitosanitarias más exigentes y mayores costos de trazabilidad, se vuelven más difíciles de cumplir en contextos inflacionarios.

La infraestructura portuaria y vial, históricamente rezagada en varios países, amplifica el problema al aumentar tiempos y costos de exportación.
Frente a este escenario, la tecnificación y la agricultura digital emergen como herramientas clave. Sistemas de monitoreo, optimización logística y eficiencia energética permiten reducir la huella de carbono y la huella hídrica.
Organismos como la FAO destacan que la trazabilidad y certificaciones sostenibles son cada vez más valoradas por los mercados globales.
Esto abre oportunidades para agregar valor a los commodities agrícolas, diferenciando productos en mercados exigentes como EE.UU. y la Unión Europea.
El principal desafío es claro: cómo sostener competitividad en un contexto de inflación creciente y costos energéticos elevados.
Goldman Sachs advierte que los bancos centrales tendrán menor margen para bajar tasas, lo que puede restringir el financiamiento agropecuario.
Sin embargo, América Latina mantiene ventajas comparativas estructurales, como disponibilidad de recursos naturales y capacidad exportadora. La clave estará en:
- Diversificación de mercados.
- Inversión en infraestructura.
- Mayor integración regional.
- Adaptación a la variabilidad climática.
Instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo subrayan que la resiliencia del agro dependerá de políticas coordinadas y financiamiento sostenible.

El comercio agrícola en América Latina entra en una nueva fase de tensión y oportunidad. Las monedas fuertes ya no son suficientes para contener el impacto inflacionario del petróleo.
El desafío para el sector agroexportador será equilibrar costos, innovación y acceso a mercados, en un entorno global cada vez más exigente.
La región tiene el potencial de liderar la seguridad alimentaria global, pero deberá avanzar en eficiencia, sustentabilidad y cooperación para sostener su protagonismo.

