Meteorólogos alertan sobre un fenómeno climático extremo que podría disparar los precios de granos, carne, café y azúcar en todo el mundo.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió que el fenómeno de El Niño que comienza a desarrollarse podría convertirse en uno de los más intensos registrados hasta ahora. Los especialistas alertan que, combinado con la crisis global de fertilizantes, la inflación y los altos costos energéticos, el denominado «Súper El Niño» podría desencadenar un fuerte aumento en los precios de los alimentos durante 2026, 2027 e incluso más allá. La preocupación es creciente porque los impactos no se limitarían a una región específica: afectarían simultáneamente a los principales productores agrícolas y ganaderos del planeta.
Las proyecciones climáticas indican que las anomalías comenzarían a intensificarse durante los próximos meses, alcanzarían su máxima intensidad durante el invierno del hemisferio norte y podrían extender algunos de sus efectos hasta la campaña agrícola de 2027.

Granos, carne, café y azúcar: los alimentos que podrían sentir el mayor impacto
Los analistas advierten que el riesgo no radica únicamente en la magnitud del fenómeno climático, sino en su capacidad para afectar simultáneamente distintas regiones productivas del mundo.

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Actualmente, más del 60% de las calorías consumidas globalmente dependen de apenas cuatro cultivos: trigo, maíz, arroz y soja. Cuando una sequía o una inundación afecta a una región, normalmente otras zonas compensan la pérdida. Sin embargo, un Súper El Niño genera alteraciones climáticas interconectadas en varios continentes al mismo tiempo, aumentando el riesgo de pérdidas productivas simultáneas.
Las altas temperaturas y la falta de precipitaciones pueden afectar la germinación, la floración, el llenado de granos y la maduración de los cultivos. En situaciones extremas, incluso pueden provocar daños irreversibles en los sistemas radiculares y degradación del suelo.
La amenaza también alcanza a la ganadería. El estrés térmico reduce el consumo de alimento en bovinos, afecta la ganancia de peso y disminuye la producción lechera. En vacas de leche, un solo día de calor extremo puede provocar caídas cercanas al 10% en la producción diaria, además de afectar la calidad del producto.
Las cadenas avícolas y porcinas tampoco quedan exentas. El aumento de los costos de alimentación y las temperaturas extremas pueden impactar directamente sobre la rentabilidad y la disponibilidad de proteínas animales.
Según distintos escenarios analizados por especialistas internacionales, los precios de los principales commodities agrícolas podrían registrar aumentos de entre 10% y 50%, mientras que productos particularmente sensibles como arroz, café, azúcar y aceite de palma podrían experimentar incrementos superiores al 50% e incluso acercarse al 100% en situaciones extremas.

América Latina, una región clave frente al nuevo escenario climático
Para América Latina, la amenaza es especialmente relevante.
La región concentra una parte significativa de la producción mundial de soja, maíz, café, caña de azúcar, carne vacuna, frutas y otros productos estratégicos para el abastecimiento global de alimentos.
Brasil, principal exportador mundial de soja, café y azúcar, aparece entre los países más expuestos a variaciones climáticas extremas. Argentina, Paraguay y Uruguay también observan con atención la evolución del fenómeno debido a su impacto potencial sobre los rendimientos agrícolas y las exportaciones.
Los especialistas advierten que los mercados podrían reaccionar incluso antes de que se produzcan pérdidas reales de producción. La combinación de incertidumbre climática, especulación financiera y posibles restricciones comerciales por parte de gobiernos exportadores podría amplificar las subas de precios.
Un ejemplo recurrente es el mercado del arroz. Si países productores como India, Vietnam o Tailandia enfrentaran dificultades productivas, podrían restringir exportaciones para garantizar el abastecimiento interno, reduciendo aún más la oferta mundial.
La situación ocurre además en un contexto complejo para el agro global. El aumento de los precios de los fertilizantes derivado de la crisis en Medio Oriente está elevando los costos productivos precisamente cuando muchos productores necesitan maximizar rendimientos para enfrentar la volatilidad climática.

Frente a este escenario, empresas alimentarias, gobiernos e inversores están acelerando estrategias destinadas a mejorar la resiliencia de las cadenas agroalimentarias.
La agricultura regenerativa gana protagonismo frente a la incertidumbre
La posibilidad de fenómenos climáticos extremos cada vez más frecuentes está impulsando el interés por sistemas productivos más resilientes.
Grandes compañías como Nestlé, Unilever, Cargill, McCain, PepsiCo y otras multinacionales alimentarias vienen ampliando programas de agricultura regenerativa destinados a mejorar la salud del suelo, aumentar la eficiencia en el uso del agua y reducir la dependencia de insumos externos.
Estas prácticas incluyen rotación de cultivos, cultivos de cobertura, reducción de labranzas y una mayor integración biológica de los sistemas productivos.
El objetivo es construir explotaciones capaces de soportar mejor períodos de sequía, lluvias extremas y otras perturbaciones que podrían volverse más frecuentes en los próximos años.
Para muchos analistas, la pregunta ya no es si la volatilidad climática seguirá afectando a la agricultura mundial, sino cómo prepararse para convivir con ella.
El posible arribo de un Súper El Niño podría convertirse en una de las pruebas más importantes para la seguridad alimentaria global desde la pandemia y la crisis energética de los últimos años.

