Advanta repasa junto a especialistas del girasol los principales factores para seguir impulsando la productividad del cultivo en Argentina

El girasol atraviesa una etapa de crecimiento y consolidación en distintas regiones productivas del país. Sobre una campaña 25/26 que está cerrando en 2,8 M de hectáreas, lo cual representa un 40% superior al promedio de las últimas campañas en términos de superficie, el cultivo se posiciona como el gran protagonista del ciclo agrícola.
El colapso de los inventarios globales en el Mar Negro y la Unión Europea, sumado a una demanda que se desacopló del mercado energético, configuraron un escenario de rentabilidad estratégica para el productor local; alcanzando en su totalidad una producción récord de 6,5 M TN (+28% vs año anterior).
Partiendo de esta base y con la mirada puesta en la nueva campaña (26/27) de girasol en Argentina, se presentan condiciones que invitan al productor a atender a este cultivo como una oportunidad en su rotación agrícola. Factores como precios internacionales en franca recuperación con una demanda sostenida de aceite en el mundo, márgenes competitivos y un pronóstico climático favorable anticiparían la posibilidad de otro año optimista en la superficie de siembra.

Escenario internacional: el desacople del mercado energético
La nueva campaña 26/27 de girasol comenzará a sembrarse entre los meses de agosto y octubre próximo, donde la siembra del hemisferio norte se encontrará en sus etapas finales de floración y llenado de granos. Por lo tanto, el inicio de la siembra en nuestro medio se va a dar ya conociendo la situación de productiva del área del Mar Negro y de la Unión Europea, principalmente en los países del este de ese continente. Su éxito o fracaso productivo va a depender, en gran medida de las condiciones del verano boreal, el que, durante años Niño como el pronosticado, presentan riesgos de disminución de precipitaciones y alta temperatura.
El complejo del aceite de girasol está mostrando un fenómeno de desacoplamiento respecto al sector energético. Mientras que los índices del petróleo crudo han registrado una fuerte volatilidad, los futuros del aceite de girasol repuntaron hacia los USD 1.600 en promedio por tonelada. Esta divergencia responde a una reducción en los inventarios físicos globales, con una proyección de caída del 15% en los stocks finales, alcanzando su nivel más bajo en años, según sitios especializados.
Lo antes dicho, sumado a buenas condiciones de abastecimiento hídrico en nuestro medio, lleva a que la próxima campaña de Girasol en nuestro país pueda superar a lo sucedido en el año 25-26, tanto en área de siembra como en producción.

Tecnología y genética adaptada para cada región
Para capitalizar esta oportunidad histórica de precios firmes y alta demanda, la elección de la genética se vuelve una decisión estratégica fundamental. Advanta se posiciona en este contexto con una paleta de híbridos probados que destacan por su rinde, sanidad, estabilidad y alto contenido de aceite.
En la región norte del país, la oferta se apoya en híbridos que ya demostraron su desempeño a campo. Entre ellos se destaca el ADV 5505 CL, reconocido por su estabilidad y consistencia en rendimiento. A esta propuesta se suma el ADV 5420 CLP, una evolución pensada para ambientes más exigentes, que combina un mayor potencial productivo con un perfil sanitario optimizado, respondiendo a las demandas de planteos más desafiantes. Por el otro lado, en la zona sur girasolera, el foco está puesto en el ADV 5310 CL, un híbrido que sobresale por su excelente comportamiento frente a Phomopsis, sin resignar altos rendimientos. Junto a este material, se consolidan alternativas como el ADV 5407 CL, que en la última campaña superó las 66.000 bolsas comercializadas y logró posicionarse en el podio de diversas redes de ensayos externas, reforzando su respaldo técnico. Completan la propuesta para esta región el ADV 5505 CL y el ADV 5420 CLP, opciones clave para explorar altos rendimientos y maximizar la bonificación por contenido de aceite.
Más allá de La excelente performance de los híbridos comprobada a campo, la compañía refuerza su propuesta con un acompañamiento técnico integral a lo largo de todo el ciclo. «El productor argentino está frente a una oportunidad. En ese escenario, elegir bien es una decisión estratégica», afirmó Bruno Simonetti, de Advanta, destacando que la cercanía y el asesoramiento como sus diferenciales más valorados por el productor para superar los límites productivos campaña tras campaña.
Simonetti resalta la invitación a todos aquellos productores que eligieron materiales Advanta a hacerse socios del Club Advanta y ser parte de los importantes beneficios que tiene formar parte del Club.

Qué dicen los expertos para el girasol
En este contexto, especialistas vinculados a Advanta analizaron los principales factores que hoy limitan el rendimiento y señalaron que existe un amplio margen para mejorar la productividad mediante decisiones agronómicas más precisas, una nutrición ajustada a cada ambiente y el aprovechamiento de los avances genéticos disponibles.
Según los análisis presentados por la compañía, Argentina mantiene una brecha promedio cercana al 35% entre los rendimientos potenciales del cultivo y los efectivamente logrados por los productores. En algunas de las principales zonas girasoleras, esa diferencia ronda el 30%, lo que refleja una importante oportunidad para seguir elevando los niveles productivos.
Girasol: reducir brechas para liberar el potencial
Más allá de los avances genéticos y tecnológicos disponibles, existe todavía un importante margen para mejorar los resultados productivos a partir de decisiones agronómicas más precisas. En otras palabras, la ciencia detrás del rendimiento sigue teniendo mucho para aportar.
En primer lugar, Diego Rotilli comparte un diagnóstico detallado sobre las brechas de rendimiento que aún persisten en el cultivo de girasol. Según explicó, Argentina mantiene una brecha promedio cercana al 35% entre los rendimientos potenciales y los efectivamente logrados por los productores. En la región oeste, donde el cultivo tiene una fuerte presencia, esa diferencia ronda el 30%.

Para el especialista, el girasol constituye un caso paradigmático para comprender que la productividad no depende exclusivamente de la incorporación de insumos, sino de la correcta gestión de los procesos agronómicos.
“El girasol es probablemente el cultivo ejemplo para hablar de procesos más que de insumos. Cuando analizamos las brechas productivas encontramos que muchas veces las limitaciones están asociadas a decisiones de manejo que pueden corregirse y que tienen un impacto muy importante sobre el resultado final”, sostuvo.
Rotilli destacó además el papel estratégico que ocupa el cultivo dentro de los planteos agrícolas modernos.
“Es un cultivo que aporta diversificación de riesgo porque tiene una baja correlación con otros cultivos estivales y una gran capacidad de adaptación a ambientes restrictivos. Esa característica le permite ocupar un lugar muy importante en sistemas que buscan estabilidad productiva y económica”, explicó e identificó al fósforo, la nutrición nitrogenada y aspectos vinculados al manejo —como la fecha de siembra y la densidad de plantas— entre los principales factores que condicionan el cierre de las brechas.

“Todavía existe una percepción poco clara respecto de cuáles son las causas concretas que impiden alcanzar mejores rendimientos. Por eso espacios como este congreso son tan importantes: permiten intercambiar información, experiencias y evidencia para entender dónde están las oportunidades de mejora”, afirmó.
Por otro lado, Martín Díaz Zorita, uno de los investigadores más reconocidos del país en materia de fertilidad de suelos y nutrición de cultivos, fue más allá y con un mensaje claro indicó que en girasol, la nutrición debe entenderse principalmente como una cuestión de oportunidad.
“A diferencia de otros cultivos, donde muchas veces discutimos cantidades, en girasol debemos pensar especialmente en el momento en que los nutrientes están disponibles para la planta. La eficiencia de uso depende en gran medida de esa sincronización”, señaló.
El especialista describió el rol que cumplen distintos nutrientes en la construcción del rendimiento y remarcó la necesidad de adoptar estrategias nutricionales integrales.

“El fósforo es fundamental para consolidar una exploración radicular temprana. Cuanto antes la planta logre desarrollar un sistema radicular eficiente, mayores serán sus posibilidades de capturar agua y nutrientes a lo largo del ciclo”, explicó.
Respecto del nitrógeno, destacó su influencia sobre la generación de área foliar activa, particularmente en la parte superior de la planta.
“El nitrógeno permite construir el área foliar del tercio superior, que es la que sostiene buena parte de la fotosíntesis después de la floración. Esa actividad fotosintética resulta determinante para la generación de materia seca y para la acumulación de aceite en el grano”, indicó.
En ese sentido, recomendó prestar especial atención a las aplicaciones realizadas entre los estadios V6 y V8. “Las intervenciones realizadas entre seis y ocho hojas suelen ofrecer las mejores respuestas porque coinciden con momentos de alta demanda por parte del cultivo”, afirmó.
Díaz Zorita también puso el foco sobre nutrientes que históricamente recibieron menor atención, pero que hoy adquieren creciente relevancia.

“El azufre tiene un papel muy importante como regulador osmótico y ayuda a la planta a enfrentar situaciones de estrés hídrico. Por su parte, el boro es esencial para mantener la integridad estructural del cultivo y evitar problemas como el denominado ‘corte de cuchillo’, donde el capítulo se desprende debido a debilidades en el tallo”, detalló.
Matías Saks abordó uno de los desafíos más importantes que enfrenta actualmente el cultivo: la adopción efectiva de tecnologías ya disponibles.
Desde Bunge Argentina, presentó información que muestra una importante brecha entre el potencial agronómico conocido y las prácticas que efectivamente llegan al lote.
“El girasol representa apenas el 3% del consumo total de fertilizantes del país y las dosis promedio permanecen prácticamente estancadas entre 50 y 60 kilos por hectárea desde hace varios años”, señaló.
Para Saks, uno de los problemas radica en que el crecimiento del uso total de fertilizantes estuvo impulsado principalmente por el aumento de la superficie sembrada y no por una intensificación tecnológica por unidad de área.
“Cuando analizamos los datos observamos que el incremento en el consumo nacional de fertilizantes responde más a la expansión de hectáreas que a una mejora en las dosis aplicadas. Ahí existe una oportunidad enorme para capturar rendimiento”, sostuvo.
En ese contexto, propone avanzar hacia esquemas de nutrición balanceada que contemplen las necesidades específicas de cada ambiente productivo. “Hoy contamos con herramientas, modelos de recomendación y fuentes de nutrientes mucho más eficientes que permiten construir estrategias integrales. La incorporación de mezclas con azufre, tecnologías estabilizadas e inhibidores puede generar respuestas muy significativas”, explicó.
Y agregó: “En ambientes de alto potencial hemos observado incrementos productivos superiores a los 2.000 kilos por hectárea cuando se corrigen adecuadamente las limitantes nutricionales. Eso demuestra que todavía existe un enorme margen de mejora”.
De esta forma, que en claro que el desafío del girasol argentino no pasa únicamente por incorporar nuevas tecnologías, sino por comprender cómo, cuándo y dónde utilizarlas para maximizar su impacto.
La reducción de brechas productivas, la nutrición estratégica y una mayor adopción de prácticas agronómicas respaldadas por evidencia científica aparecen como los tres grandes ejes para impulsar una nueva etapa de crecimiento del cultivo.
Otro aspecto importante para el cultivo de girasol es ver cómo trasladar los avances técnicos al lote y transformar conocimiento en rentabilidad. Si algo queda en claro es que el girasol ha logrado consolidarse como una herramienta estratégica para estabilizar resultados en distintos ambientes productivos.
Fernando Negri, productor y referente técnico con amplia experiencia en el oeste bonaerense, destaca el comportamiento del cultivo en ambientes de menor potencial. “El girasol tiene una enorme capacidad para levantar pisos de rendimiento y diversificar riesgos. En los ambientes más restrictivos sigue mostrando una estabilidad que pocas alternativas pueden ofrecer”, señaló y remarcó la importancia de ajustar el manejo a las condiciones de cada lote. Entre los aspectos destacados aparece el manejo de napas, ya que especialistas coinciden en que los excesos hídricos durante las primeras etapas pueden comprometer seriamente el potencial de rendimiento.
En ese contexto, la conclusión es contundente: el futuro del cultivo dependerá cada vez más de decisiones agronómicas basadas en evidencia.
Girasol, con números muy interesantes en distintas regiones del país
Luis Arias aporta una mirada económica y analiza la competitividad del cultivo frente a otras alternativas agrícolas. “El girasol sigue mostrando números muy interesantes en distintas regiones del país. En varias zonas compite de igual a igual con soja y maíz, apoyado por un mercado de aceite firme y condiciones comerciales que continúan siendo favorables”, explicó.
Por su parte, Gustavo Duarte repasa la evolución genética de los últimos años y resalta el aporte de los nuevos materiales al crecimiento productivo del cultivo. “Los avances logrados desde 2020 en contenido de aceite, sanidad y estabilidad permitieron explorar techos productivos que hace algunos años parecían inalcanzables”, afirmó.
Según explicó, en distintas regiones del oeste argentino ya se observan lotes comerciales que alcanzan los 5.000 kilos por hectárea, impulsados por la combinación de genética mejorada y manejo agronómico de precisión.
En ese sentido, la agricultura por ambientes apareció como una de las herramientas con mayor potencial para seguir reduciendo brechas. Los especialistas destacaron que el manejo variable de densidades y fertilización ya forma parte de la estrategia habitual de gran parte de los planteos más avanzados, permitiendo optimizar insumos y capturar mejoras consistentes en rendimiento.
En materia de manejo agronómico, Mauro Mortarini, especialista en protección vegetal y manejo de cultivos, pone el foco en uno de los aspectos más sensibles del girasol: el control de malezas. Según explicó, la tolerancia del cultivo a los herbicidas es menor que la de otros planteos agrícolas, por lo que la planificación temprana resulta determinante.
“El girasol presenta una sensibilidad mayor al resto de los cultivos desde el punto de vista de los herbicidas, lo que nos obliga a planificar muy bien el manejo de malezas desde el barbecho largo y evitar aplicaciones reactivas cerca de la siembra”, señaló.
Además, remarcó que las características de cada ambiente modifican el comportamiento de los productos utilizados. “El pH es una variable que influye mucho en la dinámica de los herbicidas. En el caso del Fomesafen, por ejemplo, puede convertirse en un problema en lotes con pH elevado porque aumenta su solubilidad y su permanencia en el suelo”, detalló.
Mortarini también destacó la importancia de respetar las ventanas óptimas de implantación. De acuerdo con los ensayos presentados, el retraso de la siembra tiene un impacto directo sobre el rendimiento. “Medimos pérdidas de 91 kilos por hectárea por semana cuando nos desplazamos desde principios de octubre hasta el 25 de noviembre. Pero el gran salto se produce después: entre fines de noviembre y mediados de diciembre registramos pérdidas de 434 kilos por hectárea por semana”, advirtió.
Por su parte, Héctor Lagarde, referente en mejoramiento genético de girasol y desarrollo de híbridos de Advanta Semillas, repasó la evolución que ha tenido el cultivo en los últimos años y explicó cuáles son los atributos que hoy definen a los materiales de punta.
“Actualmente, un buen híbrido de girasol se sostiene sobre tres pilares: rendimiento, contenido de aceite y sanidad”, resumió. En ese sentido, destacó que a partir de 2020 se produjo un cambio significativo en la calidad genética de los materiales disponibles.
Lagarde señaló que gran parte de ese progreso estuvo asociado al desarrollo de híbridos Clearfield con alto contenido de aceite, aunque aclaró que el potencial productivo debe estar acompañado por una adecuada estabilidad sanitaria. Como ejemplo, mencionó la aparición de roya negra en la zona de General Pico durante la última campaña. “Es una enfermedad habitual en regiones del norte, pero que históricamente no había tenido grandes repercusiones en esta zona. Por eso el desafío del mejoramiento es combinar potencial y adaptabilidad”, indicó.
Finalmente, aseguró que los avances logrados permiten pensar en nuevos techos productivos para el cultivo. “Hoy ya tenemos lotes comerciales del oeste bonaerense que se acercan a los 5.000 kilos por hectárea. El objetivo es que esos rendimientos puedan sostenerse con materiales cada vez más estables y adaptados a distintos ambientes”, concluyó.
El “precio del dolor”: una herramienta para gestionar el riesgo
El Ing. Diego Aguilera, integrante del CREA Mar y Sierra, repasó junto a Agrofy News temas relacionados con la toma de decisiones empresariales relacionado con el cultivo. Allí se abordó uno de los conceptos que más relevancia viene ganando en la gestión empresarial agrícola: el denominado “precio del dolor”.
Aguilera explicó que se trata del valor mínimo al cual un productor debería vender su cosecha para cubrir costos directos, gastos de administración, alquileres y alcanzar la rentabilidad objetivo definida para el negocio.
“El precio del dolor no busca ganar mucho dinero; busca bajar el riesgo de la empresa. Es el valor que garantiza que el negocio siga siendo sostenible”, resumió.
La herramienta funciona como un verdadero “precio gatillo” para la toma de decisiones comerciales. Cuando el mercado alcanza ese nivel, el productor puede comenzar a ejecutar ventas anticipadas con mayor objetividad y menor carga emocional.
Para la campaña actual, los especialistas indicaron que los valores de referencia se ubican en torno a los 380 dólares por tonelada para girasol convencional y cerca de 410 dólares para materiales alto oleico.
Además, recomendaron avanzar con estrategias de comercialización que permitan llegar a cosecha con entre el 50% y el 70% de la producción comprometida, reduciendo incertidumbre y mejorando la planificación financiera y logística.
India, Europa y una advertencia para los precios
Finalmente, un aspecto no menos importante es la actualidad de los mercados internacionales y a los factores que definirán el escenario comercial de los próximos meses.
La especialista en mercados agroalimentarios Paulina Lescano destacó el papel creciente de India como principal comprador mundial de aceites vegetales y uno de los destinos estratégicos para el complejo girasol argentino. “India seguirá siendo un actor determinante para la formación de precios y para las oportunidades de exportación de Argentina”, señaló.
A su vez, el broker FOB Agustín Baqué puso el foco sobre la creciente importancia de Europa como destino para el grano argentino, aunque advirtió que se trata de un mercado extremadamente exigente en materia de calidad y trazabilidad.
“Argentina tiene que ganar participación frente a Rusia y Ucrania en la exportación de grano. Europa ofrece oportunidades, pero exige profesionalismo y estándares cada vez más altos”, sostuvo.
Bajo este marco, uno de los mensajes más relevantes vinculados al cultivo tiene que ver con las perspectivas de precios para la próxima campaña.
Las proyecciones internacionales anticipan una fuerte recuperación de la producción en el hemisferio norte. De acuerdo con las estimaciones difundidas recientemente por el USDA, la oferta exportable mundial de girasol para el ciclo 2026/27 podría crecer alrededor de un 15% respecto de la campaña previa, impulsando una mayor disponibilidad global.
Ese escenario ya comenzó a reflejarse en los precios FOB europeos para embarques posteriores a octubre, que muestran una tendencia bajista ante la expectativa de una cosecha abundante. “El girasol es un mercado de oportunidades. La recomendación básica es vender el girasol viejo ahora y no esperar a octubre. Las mejores ventanas de precios suelen darse entre marzo y mayo, salvo que ocurra un problema climático importante en el hemisferio norte”, afirmó Baqué.
El especialista señaló que, si bien difícilmente se repitan los valores excepcionales observados durante la campaña 2025/26, niveles de entre 360 y 370 dólares por tonelada continúan ofreciendo márgenes atractivos para productores que logren rendimientos promedio.
