El sorgo gana terreno: menos riesgo sanitario y un negocio que seduce al campo

La fuerte presencia de la chicharrita en el norte argentino vuelve a poner al sorgo en el centro de la escena. Menores costos, demanda de China y estabilidad productiva impulsan su crecimiento.

Mientras la chicharrita del maíz mantiene niveles críticos de presencia en el norte argentino, el sorgo aparece como una de las alternativas más sólidas para la próxima campaña. Los últimos monitoreos realizados durante junio por la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis muestran que el insecto continúa ampliamente distribuido en el NOA y el NEA, mientras que el sorgo, al no ser hospedero de la plaga, gana atractivo no sólo por cuestiones sanitarias sino también por su competitividad económica y su fuerte demanda internacional.

Los datos más recientes reflejan que la presión de la chicharrita sigue siendo elevada. En el NOA, el 95% de las localidades monitoreadas registró presencia del insecto y el 83% presentó niveles de máxima abundancia, con más de 100 adultos capturados por trampa. La situación no difiere demasiado en el NEA, donde el 98% de los sitios relevados detectó la plaga y más de la mitad registró poblaciones extremadamente altas, especialmente en localidades de Santiago del Estero.

El sorgo gana terreno: menos riesgo sanitario y un negocio que seduce al campo

El problema se agrava por la presencia de plantas voluntarias de maíz, conocidas como «guachos», que funcionan como puente verde y permiten la supervivencia del insecto entre campañas. En este contexto, el sorgo ofrece una ventaja estratégica: no participa del ciclo biológico de Dalbulus maidis, reduciendo considerablemente el riesgo sanitario para el productor.

Más allá de la coyuntura sanitaria, el crecimiento del sorgo también responde a razones económicas. Durante la campaña 2024/25, la superficie sembrada aumentó alrededor del 25%, alcanzando cerca de un millón de hectáreas, mientras que la producción se ubicó entre 2,9 y 3,2 millones de toneladas, una de las mejores marcas de los últimos años.

Aunque para la próxima campaña las primeras estimaciones proyectan unas 800.000 hectáreas, la decisión final dependerá de la evolución de los precios internacionales, el clima y el comportamiento sanitario del maíz.

Uno de los principales motores del cultivo continúa siendo el mercado externo. Entre el 90% y el 95% de las exportaciones argentinas de sorgo tienen como destino China, especialmente entre mayo y septiembre, una ventana comercial donde la demanda asiática suele fortalecer las cotizaciones y mejorar la competitividad del cereal frente a otras alternativas agrícolas.

Otra de las fortalezas del sorgo pasa por su comportamiento agronómico. Su sistema radicular, más profundo y ramificado que el del maíz, permite explorar un mayor volumen de suelo, aprovechar mejor la humedad y sostener rendimientos en ambientes con restricciones hídricas, una característica cada vez más valorada frente a escenarios climáticos variables.

Además, aporta una elevada cantidad de biomasa, favorece la incorporación de carbono al suelo, mejora la materia orgánica, reduce la erosión y contribuye a disminuir problemas de compactación. En términos económicos, los costos de implantación suelen ser inferiores a los del maíz, una ventaja que mejora el margen bruto del cultivo en muchos planteos agrícolas.

El sorgo gana terreno: menos riesgo sanitario y un negocio que seduce al campo

El rendimiento promedio nacional se ubica actualmente entre 4.000 y 5.000 kilos por hectárea, aunque con genética moderna y un manejo adecuado el potencial puede escalar hasta 8.000 o incluso 12.000 kilos por hectárea en ambientes favorables. Durante la última campaña, provincias como Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos registraron rindes promedio de 60 a 70 quintales por hectárea, con numerosos lotes que superaron ampliamente esos valores.

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Para los especialistas, la clave pasa por definir correctamente la fecha de siembra para que el período crítico del cultivo coincida con la mayor disponibilidad de agua, además de seleccionar híbridos adaptados al ambiente y con tolerancia al pulgón amarillo, otra de las principales amenazas para el sorgo.

En un escenario donde la chicharrita sigue condicionando la planificación del maíz, el sorgo deja de ser un cultivo de segunda línea para transformarse en una herramienta estratégica dentro de las rotaciones. Su menor exposición al riesgo sanitario, los costos competitivos, la estabilidad en ambientes restrictivos y una demanda internacional sostenida convierten al cereal en una opción cada vez más atractiva para los productores argentinos.

Para el agro nacional, el desafío ahora pasa por capitalizar este contexto sin depender exclusivamente del mercado chino, incorporando mayor agregado de valor y consolidando nuevos destinos de exportación que permitan sostener el crecimiento del cultivo en el mediano plazo.

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