El gobierno indio defendió su programa de mezcla de etanol con naftas y aseguró que el avance responde a más de dos décadas de planificación, inversiones y mayor producción agrícola.
El gobierno de India defendió esta semana su programa de mezcla de etanol con naftas y rechazó las comparaciones con Brasil, al sostener que el desarrollo del sector responde a una estrategia iniciada hace más de dos décadas. La iniciativa, que hoy apunta a alcanzar una mezcla del 20%, es considerada un pilar para fortalecer la seguridad energética del país y, al mismo tiempo, generar nuevas oportunidades para el sector agropecuario mediante una mayor demanda de materias primas destinadas a biocombustibles.
La respuesta oficial fue emitida por el Ministerio de Petróleo y Gas Natural luego de cuestionamientos sobre la velocidad con la que India incrementó los porcentajes de mezcla obligatoria de etanol en los combustibles.
Según el gobierno, el proceso comenzó con programas piloto en 2001, continuó con el lanzamiento formal de la iniciativa en 2004 y la incorporación de mezclas del 5% en distintos estados a partir de 2006. Sin embargo, durante varios años el avance fue limitado debido a la baja disponibilidad de etanol.
Más producción agrícola para abastecer la industria del etanol
Las autoridades explicaron que hasta 2014 el principal obstáculo no era la aceptación del biocombustible, sino la escasa capacidad de producción, ya que el etanol provenía principalmente de la caña de azúcar y la oferta apenas alcanzaba unos 400 millones de litros anuales, insuficientes para incrementar la mezcla.

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El cambio comenzó con la Política Nacional de Biocombustibles, lanzada en 2018, que impulsó inversiones para ampliar la capacidad industrial y diversificar las materias primas utilizadas.
Desde entonces, distintos organismos del gobierno trabajaron de forma coordinada para expandir la infraestructura, mejorar la logística y facilitar nuevas inversiones privadas. En 2021, las empresas estatales de comercialización de combustibles lanzaron convocatorias para instalar plantas dedicadas de etanol en regiones con déficit de producción, ofreciendo contratos de compra de largo plazo y mecanismos de financiamiento que redujeron el riesgo para los inversores.
Para el agro, esta estrategia representa un cambio estructural. La mayor demanda de materias primas destinadas a biocombustibles abre nuevas alternativas comerciales para los productores agrícolas, al tiempo que promueve inversiones en industrias de procesamiento ubicadas cerca de las zonas productivas.
El modelo busca fortalecer la seguridad energética y los ingresos rurales
El gobierno indio sostiene que el crecimiento del programa no responde a una aceleración improvisada, sino al aprendizaje obtenido de experiencias internacionales como la de Brasil, pionero en el desarrollo del etanol a gran escala.
A diferencia del modelo brasileño, que necesitó varias décadas para construir su cadena de producción, India afirma haber aprovechado tecnologías ya desarrolladas y un marco regulatorio más maduro para avanzar con mayor rapidez.
El plan elaborado por NITI Aayog, el organismo de planificación del país, estima que para sostener una mezcla del 10% eran necesarios entre 500 y 600 millones de litros de etanol por año. Gracias a las inversiones realizadas, la capacidad de producción proyectada ronda actualmente 1.200 millones de litros, volumen considerado suficiente para avanzar hacia el objetivo del 20% de mezcla.
Más allá del componente energético, el programa tiene un fuerte vínculo con el desarrollo rural. El aumento del consumo de etanol genera una demanda estable para cultivos como la caña de azúcar y otras materias primas agrícolas, favorece la industrialización local y contribuye a diversificar las fuentes de ingresos de los productores.
En un escenario internacional marcado por la búsqueda de combustibles de menor intensidad de carbono y una menor dependencia del petróleo importado, India busca consolidar un modelo donde la política energética y el desarrollo agroindustrial avancen de manera complementaria, utilizando al etanol como herramienta para fortalecer la producción agrícola, reducir las importaciones de combustibles fósiles y mejorar la seguridad energética del país.

