La carrera por novillos más pesados abre un debate clave sobre rentabilidad

Un estudio del INTA advierte que aumentar el tamaño animal mejora el peso de faena, pero también eleva costos y desafíos productivos.

La creciente demanda internacional por animales más pesados y con mayores rindes de res volvió a poner sobre la mesa uno de los grandes desafíos de la ganadería argentina. Un estudio realizado por especialistas del INTA Cuenca del Salado, difundido esta semana, analizó cómo la incorporación de genética orientada a incrementar el tamaño de los animales impacta sobre la productividad y la eficiencia de los sistemas pastoriles. La investigación resulta clave para el sector porque busca responder una pregunta estratégica para la competitividad exportadora del país: cómo producir más kilos de carne sin deteriorar la rentabilidad ni comprometer la fertilidad de los rodeos.

De acuerdo con el trabajo, la utilización de toros de mayor tamaño permite obtener novillos con mayores pesos de faena, una característica cada vez más demandada por determinados mercados internacionales. Sin embargo, este avance productivo trae aparejadas nuevas exigencias. Según explicó Sebastián López Valiente, investigador del INTA, las vacas de mayor porte requieren más alimento para sostener su desempeño reproductivo y productivo. Si esas necesidades nutricionales no son cubiertas de manera adecuada, podrían verse afectados indicadores claves como la precocidad, la fertilidad y la eficiencia reproductiva de las futuras madres.

Los ensayos realizados en rodeos experimentales mostraron que existe una relación directa entre el tamaño de la vaca y sus requerimientos alimenticios. Los investigadores estimaron que por cada 100 kilogramos adicionales de peso vivo, el consumo se incrementa en alrededor de 1,7 kilos de materia seca por día. Este mayor consumo genera, a su vez, un aumento en el peso al destete de los terneros, que puede ubicarse entre 10 y 20 kilos adicionales, dependiendo del sistema productivo analizado.

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No obstante, cuando se mide la eficiencia global del sistema, los resultados presentan matices. Las vacas de mayor tamaño destetan proporcionalmente menos kilos de ternero en relación con su peso corporal y requieren una mayor cantidad de recursos forrajeros para producir cada kilo extra de carne. Además, los novillos provenientes de estas madres suelen demandar más días de engorde y mayores volúmenes de alimento, factores que impactan directamente sobre los costos y la rentabilidad de los establecimientos.

La carrera por novillos más pesados abre un debate clave sobre rentabilidad

Para el INTA, el desafío no pasa por desarrollar los animales más grandes posibles, sino por encontrar el equilibrio entre peso de faena, eficiencia productiva y fertilidad. En este sentido, Argentina cuenta con herramientas de evaluación genética que permiten seleccionar animales con curvas de crecimiento más eficientes durante los primeros 18 meses de vida, logrando mayores pesos a edades tempranas sin trasladar necesariamente ese incremento al tamaño adulto de las vacas.

La discusión cobra especial relevancia para la ganadería argentina en un contexto de creciente competencia internacional y mayores exigencias de los mercados. La posibilidad de producir más kilos de carne por animal representa una oportunidad económica importante, aunque el verdadero desafío será definir qué biotipo se adapta mejor a cada ambiente y disponibilidad forrajera. Para los especialistas, el futuro de la producción bovina dependerá de encontrar un modelo que combine competitividad exportadora, eficiencia biológica y sustentabilidad económica, evitando que la búsqueda de más peso termine erosionando la rentabilidad del negocio ganadero.

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