Las reservas de agua impulsan una campaña con alto potencial, pero la estrategia de fertilización será decisiva para alcanzar rindes históricos.
La campaña de trigo 2026 avanza con perspectivas muy favorables en la región núcleo, donde las excelentes reservas de agua y el buen estado de los cultivos alimentan expectativas de una cosecha de alto impacto económico. Sin embargo, productores y técnicos advierten que la decisión de invertir o no en nuevas aplicaciones de nitrógeno podría convertirse en el factor determinante para definir el potencial productivo y los ingresos del sector. El tema cobra especial relevancia en un contexto donde el cereal vuelve a posicionarse como una de las principales apuestas del agro argentino.
De acuerdo con el último informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA), el 47% de los lotes ya se encuentra en etapa de macollaje, mientras que otro 45% transita la fase de foliación, reflejando un desarrollo fenológico normal y un escenario climático favorable. Las condiciones actuales permiten proyectar rendimientos superiores a los 50 quintales por hectárea, aunque los especialistas consideran complejo repetir el promedio récord de 60 qq/ha alcanzado durante la campaña anterior.

El nitrógeno emerge como la variable que puede definir el negocio
A diferencia de otros ciclos, la principal preocupación ya no pasa por la disponibilidad de agua. El gran interrogante del mercado está puesto en la nutrición de los cultivos y, especialmente, en el aporte de nitrógeno, elemento indispensable para sostener altos niveles de productividad. Durante la siembra, los elevados precios de la urea -que oscilaron entre 900 y 1.000 dólares por tonelada- llevaron a muchos productores a reducir las dosis iniciales de fertilización para moderar costos.

Biológicos: las certificaciones redefinen la confianza del agro global
Ahora, con un mercado de fertilizantes más accesible y pronósticos que anticipan nuevas precipitaciones, crece el análisis sobre posibles refertilizaciones. La decisión de realizar una segunda aplicación de nitrógeno podría marcar la diferencia entre una campaña buena y una excepcional, especialmente para aquellos planteos orientados a capturar todo el potencial que ofrecen las actuales condiciones hídricas.

Desde el punto de vista económico, el debate es relevante porque mayores rindes implican un incremento en el ingreso de divisas para el país, en un momento en que el trigo aparece como uno de los complejos exportadores con capacidad de fortalecer el flujo comercial argentino. Cada quintal adicional tiene un impacto directo en la rentabilidad de los productores y en la generación de dólares para la economía nacional.
El posible regreso de «El Niño» genera optimismo, pero también riesgos
Otro de los factores que comienza a ser seguido de cerca es la posibilidad de un evento climático «El Niño» durante la primavera. Los especialistas consideran que un escenario de estas características podría asegurar una adecuada disponibilidad de humedad durante octubre, un mes decisivo para la definición de los rindes.

No obstante, un exceso de lluvias también podría generar problemas sanitarios y afectar la calidad comercial del cereal. Entre las principales amenazas aparecen enfermedades como la roya y el denominado «lavado de grano» en caso de precipitaciones intensas durante noviembre. Además, todavía persisten riesgos típicos de la campaña, como heladas tardías, granizo o golpes de calor hacia el final del ciclo.

Las reservas de agua en los perfiles de la región pampeana presentan niveles similares a los observados en la campaña pasada. Entre el 1 de junio y el 15 de julio se acumularon en promedio 33,7 milímetros de precipitaciones, por encima de los 29,5 milímetros registrados en igual período de 2025, consolidando un escenario productivo favorable para gran parte del centro agrícola del país.
Sin embargo, el panorama cambia hacia el norte argentino. En provincias como Chaco y Santiago del Estero, la disponibilidad hídrica sigue siendo limitada debido a la escasez de lluvias y las elevadas temperaturas de las últimas semanas. Mientras tanto, los pronósticos anticipan el regreso de precipitaciones desde este viernes y un marcado descenso térmico que llevará las mínimas hasta valores de entre 1 y 7 grados hacia la próxima semana.

