Chicharrita del maíz: el dato del invierno que enciende alertas para la campaña

El INTA advierte que un invierno más benigno y la posible llegada de El Niño obligan a reforzar el monitoreo para reducir riesgos en el maíz.

La campaña de maíz 2026/27 comienza con la chicharrita nuevamente bajo vigilancia. En agosto, especialistas del INTA advirtieron que será necesario reforzar el monitoreo de Dalbulus maidis, vector del complejo del achaparramiento, para conocer el riesgo sanitario antes de las primeras siembras. La advertencia cobra importancia por un invierno relativamente benigno en distintas zonas agrícolas y por la probabilidad de un escenario El Niño, factores que podrían favorecer la supervivencia y actividad del insecto. Sin embargo, los técnicos remarcan que el clima, por sí solo, no permite anticipar la magnitud de una eventual presión de la plaga.

 

Los datos del invierno muestran por qué la atención está puesta especialmente sobre el norte argentino. En el sudoeste de Chaco se contabilizaron 15 heladas agrometeorológicas en 2026, contra 32 en 2024 y 16 en 2025. En el este de Santiago del Estero hubo cuatro, con mínimas de -2,2 °C, mientras que a igual altura del año pasado ya se habían registrado siete y temperaturas de hasta -4,2 °C. En el sudeste de Formosa y Reconquista no hubo heladas meteorológicas durante el período analizado y en Rafaela se contabilizaron seis hasta comienzos de agosto. Para el INTA, estos registros deben cruzarse con abundancia, distribución y estado sanitario del vector.

Menos heladas, El Niño y un «puente verde» que obliga a mirar los lotes

El eventual desarrollo de El Niño, con temperaturas y precipitaciones por encima de los valores normales, agrega otra variable al tablero. Un ambiente cálido y húmedo puede favorecer la actividad, supervivencia y reproducción de D. maidis, aunque no implica automáticamente una explosión poblacional. El riesgo dependerá también de la disponibilidad de plantas hospedantes, las fechas de implantación y las decisiones de manejo. Por eso, el INTA pone el foco en el monitoreo territorial con trampas cromáticas adhesivas, redes de arrastre y observaciones directas, herramientas que permiten pasar de un pronóstico climático general a una evaluación sanitaria concreta para cada zona productiva.

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Pero contar chicharritas no alcanza. Una de las variables decisivas será determinar qué proporción de los insectos es portadora de los patógenos vinculados al achaparramiento. Los registros de 2025 en Chaco mostraron fuertes diferencias: durante el otoño se detectó un 25 % de individuos portadores de Spiroplasma en Las Breñas, mientras que en primavera los valores fueron del 9 % y 5 % en dos sitios de esa localidad, pero treparon al 43 % en Charata y General Pinedo y al 50 % en Pampa del Infierno. Esa heterogeneidad obliga a evitar conclusiones generales: la presencia del vector y su capacidad de transmitir enfermedades son variables diferentes y deben analizarse en conjunto.

Chicharrita del maíz: el dato del invierno que enciende alertas para la campaña

Otro punto sensible aparece en la cosecha 2025/26, particularmente en el NEA. Mientras a esta altura de 2025 se había recolectado cerca del 90 % de la superficie, el avance actual ronda el 73,7 %. La permanencia de maíz en los lotes y los granos perdidos durante la recolección pueden generar plantas voluntarias y sostener un «puente verde» entre una campaña y otra, ofreciendo alimento y refugio a la chicharrita. En este escenario, lograr los 90 días de vacío sanitario puede resultar difícil. La recomendación es extender todo lo posible el período sin maíz vivo y eliminar tempranamente las plantas guachas, porque los patógenos no sobreviven en suelo ni en tejido vegetal seco.

Las primeras implantaciones serán, en consecuencia, un momento crítico, sobre todo en el NEA. La coincidencia entre la emergencia del maíz y poblaciones tempranas de Dalbulus maidis puede elevar el riesgo epidemiológico, mientras que un ciclo más lluvioso podría reducir las ventanas para cosechar, controlar plantas voluntarias o ingresar con aplicaciones. El manejo deberá integrar híbridos tolerantes, concentración de fechas de siembra, tratamiento de semillas y productos autorizados por SENASA cuando correspondan, además del monitoreo permanente. Para el productor argentino, la lección que dejó la crisis sanitaria es concreta: la próxima campaña no se juega únicamente en el lote sembrado, sino también en lo que ocurra durante las semanas previas a la implantación.

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