El Pacífico se calienta a un ritmo excepcional y anticipa un Super El Niño que podría alterar lluvias, cosechas y mercados agrícolas en la región.
La NOAA elevó este jueves 13 de agosto al 95% la probabilidad de que El Niño 2026 alcance una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre, de acuerdo con la actualización de su diagnóstico ENSO difundida a través del Centro de Predicción Climática (CPC). El dato cobra especial relevancia para América Latina porque el acelerado calentamiento del Pacífico puede modificar los patrones de precipitaciones y temperaturas durante meses decisivos para la campaña agrícola 2026/27, con potenciales efectos sobre rendimientos, logística de exportación, oferta de commodities agrícolas y precios.
El salto en las probabilidades confirma una aceleración que los modelos venían mostrando durante los últimos meses. Según la información divulgada, la posibilidad de un episodio muy fuerte pasó de alrededor del 81% en julio a cerca del 95% en agosto, un incremento de aproximadamente 14 puntos porcentuales. En paralelo, los escenarios que contemplaban un evento apenas moderado o fuerte quedaron reducidos a cerca del 5%. La evolución es notable si se observa que en junio la propia NOAA asignaba un 63% de posibilidades a un El Niño muy fuerte para noviembre-enero, señal de cuánto se fortaleció el escenario durante el invierno austral.


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Los registros oceánicos explican buena parte de ese cambio. Durante la semana centrada en el 5 de agosto, la anomalía relativa de temperatura superficial del mar alcanzó +1,8 °C en la región Niño 3.4, mientras Niño 3 llegó a +2,4 °C y Niño 1+2 a +3,3 °C. Meteored señala que nunca se había observado un valor semanal de +1,8 °C tan temprano en Niño 3.4 dentro de la serie histórica analizada. El calentamiento se concentra principalmente en sectores centrales y orientales del Pacífico ecuatorial y deja al indicador de referencia a apenas 0,2 °C del umbral utilizado para caracterizar anomalías semanales de magnitud muy fuerte.
El agro latinoamericano entra en una campaña marcada por la incertidumbre climática
Para las cadenas de valor agroalimentarias de América Latina, la intensidad prevista obliga a seguir el fenómeno con especial atención, aunque un Super El Niño no implica impactos idénticos ni automáticos en toda la región. La distribución de lluvias, las temperaturas y los eventos extremos dependen de la ubicación, la época del año y otros factores atmosféricos. La propia NOAA advierte que incluso los episodios muy fuertes no generan necesariamente los efectos esperados en todos los territorios. Por eso, la señal climática debe interpretarse junto con los pronósticos regionales y locales antes de tomar decisiones productivas.
Desde el punto de vista agroindustrial, el escenario suma una variable estratégica para productores, exportadores y operadores de mercados. Cambios importantes en precipitaciones pueden repercutir sobre fechas de siembra, potencial de rendimiento, disponibilidad de agua, estado de caminos rurales y funcionamiento de la infraestructura logística, mientras las diferencias productivas entre regiones pueden trasladarse a los flujos comerciales. Para empresas y cooperativas, la gestión de riesgos, la agricultura digital, el monitoreo de cultivos, los seguros y una planificación financiera flexible ganan peso como herramientas de resiliencia frente a una campaña con elevada variabilidad climática.

El desafío también alcanza a los mercados internacionales. América Latina ocupa una posición central en la oferta mundial de soja, maíz, café, azúcar, carnes, frutas y otros productos agroalimentarios. Una modificación significativa de las cosechas puede alterar disponibilidades exportables y, combinada con lo que ocurra en otras regiones productoras, influir sobre cotizaciones internacionales, precios FOB/CIF, costos logísticos y decisiones de abastecimiento. El impacto comercial, sin embargo, dependerá de la respuesta concreta de cada cultivo y territorio: El Niño puede generar excesos hídricos en determinadas zonas y déficits de precipitaciones en otras.
Otro dato coloca al episodio bajo una vigilancia excepcional. De acuerdo con el análisis difundido por Meteored, el anterior registro comparable correspondía al Super El Niño de 1997-98, que alcanzó una anomalía semanal de +1,8 °C en Niño 3.4 el 20 de agosto, mientras que en 2026 ese nivel se observó antes. Esto no permite afirmar que el actual fenómeno vaya a convertirse en el más intenso de la historia: la clasificación de la intensidad de ENSO no se determina por un único registro semanal, sino a partir de promedios correspondientes a períodos más prolongados.

La incógnita estará puesta ahora en cuánto puede avanzar el calentamiento durante los próximos meses. Algunos modelos vienen proyectando valores excepcionalmente elevados hacia el período de máxima intensidad, pero la magnitud final del fenómeno y, especialmente, sus impactos regionales todavía deben monitorearse. Para el agro latinoamericano, la señal que llega desde el Pacífico refuerza una prioridad conocida: transformar información climática en decisiones anticipadas, mejorar la tecnificación y fortalecer la resiliencia de sistemas productivos, infraestructura y cadenas logísticas frente a una campaña 2026/27 que comienza a quedar bajo la influencia de un El Niño fuera de lo habitual.

