Retenciones 2026: el agro aportaría US$ 4.613 millones y la soja vuelve a sostener la caja

La recaudación del agro repuntaría con fuerza en el segundo semestre. La soja será clave y vuelve al centro el debate por la presión fiscal.

La recaudación por retenciones a las principales exportaciones agrícolas argentinas alcanzaría los US$ 4.613 millones durante 2026, según una proyección difundida este viernes 14 de agosto por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). El dato importa porque, después de un primer semestre con una caída interanual del 51%, los ingresos fiscales provenientes del agro se acelerarían entre julio y diciembre. La mejora permitiría cerrar el año apenas 1% por debajo de 2025 y vuelve a poner a la soja como principal sostén de los derechos de exportación, en medio del debate por competitividad, inversión y presión tributaria.

El número proyectado muestra una recaudación prácticamente estable frente a los US$ 4.665 millones obtenidos durante 2025, aunque todavía lejos de los máximos registrados durante el boom internacional de las commodities. En 2021, los derechos de exportación de los seis principales complejos agrícolas habían generado US$ 8.373 millones y en 2022 alcanzaron US$ 9.101 millones, impulsados por precios internacionales extraordinarios tras el comienzo de la guerra entre Rusia y Ucrania. Aun así, la estimación para este año quedaría 50% por encima del piso de 2023, cuando la histórica sequía golpeó de lleno la producción, las exportaciones y el ingreso de divisas.

La soja explica siete de cada diez dólares y el segundo semestre cambia la foto

Dentro de la estructura tributaria del agro, la concentración es contundente. El complejo soja aportaría US$ 3.275 millones en retenciones durante 2026, equivalente a alrededor del 71% del total proyectado para los seis cultivos analizados. La BCR remarcó que se trata del producto que enfrenta las mayores alícuotas. Bastante más atrás aparece el maíz, con US$ 754 millones, seguido por el trigo con US$ 324 millones, el girasol con US$158 millones, la cebada con US$ 79 millones y el sorgo con US$ 22 millones. La composición vuelve a mostrar hasta qué punto la caja fiscal depende de la oleaginosa y de su capacidad para generar dólares.

La película del primer semestre, sin embargo, había sido muy diferente. Entre enero y junio, los seis principales complejos aportaron US$ 1.881 millones por derechos de exportación, un 51% menos que los US$ 3.804 millones del mismo período de 2025. Fue el segundo registro más bajo de los últimos seis años y solamente quedó por encima de los US$ 1.153 millones de 2023. Pero la comparación interanual está distorsionada por los cambios temporales aplicados sobre las retenciones durante 2025, que modificaron las decisiones comerciales de los exportadores y desplazaron parte de la recaudación entre distintos momentos del calendario.

Cosecha de maíz en plena actividad: durante 2025, el Gobierno aplicó bajas temporales de las retenciones que modificaron el ritmo de comercialización y recaudación del agro.

Cosecha de maíz en plena actividad: durante 2025, el Gobierno aplicó bajas temporales de las retenciones que modificaron el ritmo de comercialización y recaudación del agro.

La reducción transitoria de las alícuotas entre febrero y junio del año pasado incentivó una anticipación de las Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior (DJVE). El mayor volumen registrado compensó las menores tasas y los precios, fortaleciendo artificialmente la base de comparación del primer semestre de 2025. A eso se sumó la eliminación temporaria de los DEX en septiembre, que permitió anotar operaciones sin retenciones hasta completar el cupo establecido. Esos mecanismos alteraron los flujos comerciales y muestran cómo los cambios tributarios pueden adelantar ventas, modificar la liquidación de divisas y trasladar recaudación de un período hacia otro.

Ese efecto también se sintió sobre el cierre de 2025. Según el análisis de la Bolsa rosarina, el esquema excepcional comprimió la recaudación del segundo semestre del año pasado hasta US$ 861 millones y, al mismo tiempo, absorbió parte del volumen que bajo condiciones normales habría tributado durante los primeros meses de 2026. Ahora se espera el movimiento inverso: entre julio y diciembre, el agro aportaría US$ 2.731 millones por retenciones, más de tres veces lo ingresado en igual período de 2025. Ese salto permitiría compensar buena parte del flojo arranque del año y llevar la recaudación anual a los US$ 4.613 millones estimados.

Para la Argentina, la discusión excede la necesidad fiscal. Las retenciones siguen siendo una de las principales diferencias competitivas frente a Brasil, Paraguay y Uruguay, países que disputan mercados internacionales sin una carga equivalente sobre sus exportaciones agrícolas. En soja, maíz y otros productos, esa brecha incide sobre el precio recibido por el productor, las decisiones de siembra y los incentivos para invertir y agregar valor. En un escenario regional donde Brasil continúa ampliando producción, infraestructura y presencia exportadora, la capacidad argentina de generar divisas convive con una estructura impositiva que vuelve a abrir el interrogante sobre cuánto potencial productivo queda condicionado por las reglas locales.

El cierre de 2026 podría así mostrar una paradoja conocida para el campo argentino: la recaudación por retenciones se recuperaría con fuerza pese al derrumbe observado durante la primera mitad del año. Para el Estado, los US$ 4.613 millones representan una fuente relevante de recursos y divisas; para la cadena agroindustrial, confirman el peso que todavía soportan los principales complejos exportadores. La soja seguirá encabezando ese aporte, pero el desafío de fondo permanece intacto: encontrar un equilibrio entre las necesidades fiscales y una estrategia que permita competir con los vecinos, estimular producción, ganar mercados y avanzar hacia un mayor agregado de valor.

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