Conservación de suelos: factores que indican la necesidad de prácticas conservacionistas

La producción agropecuaria constituye una de las actividades productivas más importantes del país, debido a su significativa contribución a la economía nacional, especialmente a través de la exportación de productos agropecuarios.

Sin embargo, el suelo, que constituye el soporte fundamental de la actividad agropecuaria, no siempre recibe el manejo y los cuidados necesarios. Por el contrario, casi 50 millones de hectáreas en Argentina están afectadas por procesos de erosión hídrica o eólica, en grados moderados o graves. Se estima que las pérdidas económicas asociadas a la degradación de los suelos alcanzan aproximadamente 700 millones de dólares por año.

Ante este escenario, resulta fundamental reconocer los factores que indican cuándo una unidad productiva necesita implementar obras y prácticas de conservación de suelos. Estas medidas permiten retener el agua de lluvia dentro de los lotes para favorecer su aprovechamiento por los cultivos y reducir la pérdida de la capa fértil del suelo, donde se concentra buena parte de la inversión realizada mediante fertilizantes, semillas y otros insumos para incrementar los rendimientos.

Un ejemplo de la importancia de conservar este recurso se observa en la región central de Córdoba, donde se determinaron pérdidas de aproximadamente 35 kg/ha de soja por cada centímetro de suelo perdido.

Es importante destacar que no es necesario que todos los factores de riesgo estén presentes simultáneamente. La presencia de uno solo de ellos puede ser suficiente para indicar la necesidad de implementar obras o técnicas de conservación de suelos.

Marco legal en la provincia de Córdoba

En la provincia de Córdoba existe la Ley 8936 de “Conservación y Prevención de la Degradación de los Suelos”, que establece mecanismos para intervenir en aquellas zonas donde los procesos de degradación tienden a incrementarse y comprometen progresivamente la capacidad productiva de los suelos.

La normativa establece que, en estas áreas, la Autoridad de Aplicación puede declarar “Distritos de Recuperación de Suelos”. En dichos distritos, es obligatorio cumplir con los protocolos de recuperación de suelos y, cuando corresponda, presentar un plan predial que contemple las prácticas necesarias para implementar acciones de recuperación.

Esto implica que las autoridades competentes pueden realizar inspecciones y controles para verificar la aplicación de técnicas conservacionistas. La identificación de las áreas con mayor riesgo de erosión hídrica permite, además, reconocer las regiones donde las prácticas de conservación adquieren mayor importancia.

El relieve: pendiente y longitud

Uno de los factores más importantes para determinar la necesidad de prácticas de conservación es el relieve del terreno, particularmente la pendiente.

La intensidad de la pendiente indica cuánto desciende el terreno en relación con una determinada distancia horizontal. Por ejemplo, si entre la parte más alta y la más baja de un lote existe un descenso de 3 metros en 100 metros de longitud, la pendiente es del 3 %.

A mayor pendiente, mayor puede ser la velocidad con la que escurre el agua y, en consecuencia, mayor el riesgo de erosión del suelo.

Pero no solo importa la intensidad de la pendiente. También es fundamental considerar su longitud, es decir, la distancia existente desde la zona alta o “loma”, donde comienza el descenso, hasta la zona baja o “bajo”, donde finaliza.

Cuando la pendiente es más extensa, el agua que no logra infiltrarse en la parte superior puede comenzar a escurrir y aumentar progresivamente su velocidad y caudal durante el descenso. Este incremento del escurrimiento favorece una mayor capacidad erosiva.

Asimismo, debe considerarse la complejidad de la pendiente, que hace referencia a la mayor o menor uniformidad de sus gradientes, direcciones y longitudes. Este parámetro es importante al momento de planificar estrategias de control de la erosión mediante técnicas de manejo del relieve.

La erodabilidad del suelo

Otro factor fundamental es la erosionabilidad o erodabilidad del suelo, que expresa su susceptibilidad al desprendimiento y transporte de sus partículas por acción de los agentes erosivos.

La erodabilidad integra distintos procesos relacionados con la capacidad del suelo para absorber el agua de lluvia y con la resistencia de sus partículas al desprendimiento y posterior transporte. Estos procesos están condicionados por propiedades como el tamaño de las partículas, la estabilidad de los agregados, el contenido de materia orgánica y la cantidad y tipo de arcillas, además de otras características que afectan la estructura del suelo y la circulación del agua.

En otras palabras, no todos los suelos presentan la misma susceptibilidad a la erosión, aun cuando estén sometidos a condiciones similares de lluvia, relieve y manejo.

La susceptibilidad puede ser mayor en suelos de texturas intermedias, con bajos contenidos de materia orgánica y con degradación de su estructura.

El manejo de la unidad productiva

El manejo que se realiza dentro de cada unidad productiva puede acelerar o disminuir los procesos erosivos.

En este factor intervienen diferentes condiciones, entre ellas:

  • La cobertura vegetal y los rastrojos.
  • La secuencia y el tipo de cultivos.
  • El nivel de productividad.
  • La duración de la estación de crecimiento.
  • Las prácticas de cultivo.
  • El manejo de los residuos.
  • Los sistemas y operaciones de labranza.

Todas estas condiciones varían a lo largo del año y se relacionan con la erosividad de las lluvias, dando como resultado el denominado factor C de la rotación establecida.

Una comparación sencilla permite observar la importancia del manejo: mientras un lote con siembra directa, adecuada rotación de cultivos y buena cobertura de rastrojos presenta una mayor protección de la superficie, un suelo desnudo, asociado a la falta de rotación y/o a determinadas prácticas de laboreo, queda mucho más expuesto a la acción erosiva del agua.

El efecto más directo del uso y manejo del suelo sobre la erosión está relacionado con la protección que brinda la vegetación y los restos vegetales sobre la superficie.

Por el contrario, la eliminación de la cobertura vegetal, el sobrepastoreo y las quemas indiscriminadas pueden acelerar los procesos erosivos, además de incrementar las tasas de sedimentación.

El factor climático

La erosión es un proceso complejo que puede analizarse a diferentes escalas de tiempo y espacio.

Desde el punto de vista temporal, la erosión se produce principalmente por eventos episódicos, cuya probabilidad y magnitud están determinadas, entre otros factores, por las condiciones climáticas y la ocurrencia de tormentas de alta energía.

El riesgo aumenta cuando estos eventos coinciden con momentos en los que el suelo y el relieve presentan una elevada susceptibilidad a la erosión.

La erosión a escala de lote

Desde una perspectiva espacial, la erosión puede analizarse a escala de lote o parcela, donde es posible identificar algunas de sus formas más elementales:

  • Erosión por salpicadura.
  • Erosión laminar o mantiforme.
  • Erosión en surcos.

A esta escala es posible intervenir de manera directa mediante la aplicación de técnicas y prácticas de conservación de suelos que permitan reducir el escurrimiento, favorecer la infiltración y proteger la superficie.

La importancia de detectar los primeros signos

Si estos factores fueran considerados de manera integral y a escala regional, las prácticas de conservación de suelos podrían ser mucho más eficientes.

Asimismo, la aparición de signos visibles de erosión constituye una señal de alerta que no debe ser ignorada. La presencia de erosión laminar, surcos, cárcavas, sedimentaciones o médanos, entre otras manifestaciones, indica que la zona o unidad productiva requiere evaluar la implementación de prácticas de conservación.

Por este motivo, es fundamental conocer las características de cada unidad productiva, realizar recorridas periódicas y reconocer las necesidades particulares de cada suelo. La detección temprana de los procesos erosivos permite tomar medidas antes de que la degradación avance y provoque una disminución significativa de la productividad.

En definitiva, conservar el suelo significa proteger uno de los principales recursos de la producción agropecuaria. Un manejo adecuado del relieve, la cobertura vegetal, las rotaciones, las prácticas de labranza y el agua permite reducir la erosión, conservar la fertilidad y sostener la capacidad productiva de los campos a largo plazo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *