Ensayos de INTA y CREA detectaron cambios en roya, mancha blanca y carbones. La genética aparece como una herramienta decisiva para proteger rindes.
Ensayos del INTA Marcos Juárez y CREA Sur de Santa Fe difundidos de cara a la próxima campaña mostraron diferencias importantes entre híbridos frente a roya común, mancha blanca y carbones, en momentos en que algunas enfermedades están modificando su comportamiento y otras amplían su presencia en la región agrícola argentina. El dato importa porque la elección genética puede transformarse en una de las primeras barreras para proteger el rendimiento. Durante una Jornada de Actualización Técnica de Cultivos de Gruesa, el fitopatólogo Enrique Alberione advirtió que el escenario obliga a mirar cada vez más la sanidad del material junto con su potencial productivo.
La roya común ofrece una señal concreta de ese cambio. Según explicó Alberione, de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Marcos Juárez, las pérdidas pueden ubicarse entre 5 y 10 %, trepar al 15-30 % en híbridos susceptibles y alcanzar entre 40 y 60 % frente a ataques severos. Pero la campaña 2025/26 dejó además una particularidad: la enfermedad tuvo baja incidencia y severidad en maíces tempranos y mayor presencia en tardíos, pese a que las temperaturas elevadas deberían limitarla. Para el especialista, este comportamiento inverso a lo conocido obliga a considerar la posibilidad de un cambio en la dinámica epidemiológica del patógeno.

Los datos de CREA Sur de Santa Fe refuerzan la importancia de elegir el material. En ensayos realizados en Teodelina, Benjamín Gould y Las Rosas, aproximadamente la mitad de los híbridos mostró una resistencia genética aceptable frente a roya. El control químico, de todos modos, permitió bajar todavía más la severidad: en Teodelina pasó de 1,7 a 0,7 %; en Benjamín Gould, de 0,7 a 0,1 %; y en Las Rosas, de 1,7 a 0,6 %. Alberione sostuvo que estos resultados confirman la conveniencia de complementar la genética con fungicidas cuando el riesgo sanitario lo justifica, en lugar de pensar ambas herramientas como estrategias independientes.

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La mancha blanca aparece como uno de los focos que más atención demandará. Reportada por primera vez en la Argentina durante la campaña 2010/11 en Rafaela, la enfermedad ya tiene antecedentes de fuertes daños internacionales. De acuerdo con la información presentada por Alberione, en China se estiman pérdidas de rendimiento de entre 10 y 50 % y en Brasil pueden llegar al 80 % bajo ataques severos. Se trata, además, de un complejo sanitario en el que intervienen la bacteria Pantoea ananatis y los hongos Phaeosphaeria maydis y Phyllosticta spp., característica que agrega dificultad a las decisiones de control.

Los ensayos regionales muestran hasta qué punto el ambiente puede modificar la expresión de la enfermedad. CREA Sur de Santa Fe detectó mancha blanca en el 100 % de los 11 híbridos evaluados en Teodelina y Las Rosas, aunque con diferencias contundentes: en Las Rosas la incidencia promedio llegó al 98 % y la severidad al 30 %, mientras que en Teodelina fueron cercanas al 24 % y 0,7 %, respectivamente. A su vez, la red de INTA Marcos Juárez encontró la enfermedad en el 63 % de los ambientes analizados y también la identificó en una experiencia de siembra temprana de Aapresid cercana a Marcos Juárez, aunque allí apareció solamente en un híbrido.
La advertencia cobra relevancia ante escenarios de mayor humedad. Alberione señaló que un año Niño podría adelantar la aparición de mancha blanca hacia los maíces tempranos si las condiciones de humedad y temperaturas moderadas se trasladan a esas fechas de siembra. El manejo, explicó, debería apoyarse en la caracterización sanitaria de los híbridos, rotaciones, densidades y fechas de implantación. El control químico presenta una dificultad adicional: los fungicidas pueden actuar sobre los hongos del complejo, pero no sobre la bacteria que inicia la infección. Por eso, frente a esta enfermedad, una estrategia exclusivamente basada en aplicaciones puede resultar insuficiente.

Los carbones completan un tablero sanitario que también está cambiando. INTA detectó carbón común en ocho ambientes de siembras tardías, con prevalencias de hasta 40 % y fuertes diferencias según localidad e híbrido. Más inquietante resulta el carbón de la panoja, considerado reemergente y ya registrado en Córdoba, sudeste de Santa Fe, San Luis y Buenos Aires. Alberione recordó que en lotes próximos a Chañar Ladeado y Corral de Bustos se estimaron en distintos años pérdidas cercanas al 50 %. A diferencia del carbón común, esta enfermedad puede colonizar sistémicamente la planta desde la implantación y llegar a impedir la formación normal de granos.
Sin embargo, los últimos resultados también aportan una señal favorable. En un ensayo próximo a Corral de Bustos, el 72 % de los 25 híbridos comerciales evaluados registró incidencias de carbón de la panoja de apenas 0 a 1,3 %. Trabajos de la Universidad Católica de Córdoba, INTA y empresas privadas también encontraron una amplia variabilidad genética y numerosos materiales con presencia mínima de la enfermedad. Para el productor argentino, el mensaje que surge de la información presentada es concreto: frente a patógenos que cambian de distribución y comportamiento, conocer el perfil sanitario del híbrido antes de sembrar gana peso como decisión productiva y económica. La genética, acompañada por monitoreo y manejo integrado, puede ser la primera defensa para cuidar los quintales.

