El frío redujo con fuerza la chicharrita del maíz en la Argentina, pero el NOA y NEA mantienen niveles superiores a 2025 y obligan a extremar controles.

Buenos Aires, 2 de septiembre de 2026. La chicharrita del maíz (Dalbulus maidis) retrocedió con fuerza durante la segunda quincena de agosto en las cinco regiones agroecológicas monitoreadas de la Argentina, como consecuencia de la amplitud térmica registrada durante el invierno. Así lo reveló este miércoles el 49º informe de la Red Nacional de Monitoreo, que mostró un marcado cambio en los mapas de abundancia. El dato ofrece un alivio para la nueva campaña maicera y para una cadena que necesita reducir riesgos productivos, aunque NOA, NEA y parte del Centro-Norte todavía presentan poblaciones superiores a las registradas un año atrás.
El informe de la Red advierte, justamente, contra una lectura apresurada de los buenos resultados. Con las siembras tempranas de maíz comenzando a ganar protagonismo, el escenario sanitario exige mantener un seguimiento lote por lote, sobre todo en las áreas donde la plaga es endémica. Los técnicos remarcaron que «continúa siendo prioritario el control de maíces voluntarios» para cortar el denominado «puente verde», que permite al insecto sobrevivir y persistir entre campañas. La cuestión tiene impacto económico directo: disminuir la presión inicial del vector implica reducir la exposición del cultivo al complejo de achaparramiento y proteger el potencial de rendimiento.

El NOA y el NEA mejoraron fuerte, pero siguen arriba de 2025
El cambio más contundente apareció en el NOA. Según los datos difundidos por la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, hace apenas un mes las trampas con más de 100 adultos representaban el 74% de las localidades evaluadas; ahora son solamente el 10%. El promedio regional cayó hasta 45 adultos por trampa, prácticamente una décima parte del nivel observado durante la segunda quincena de julio. Sin embargo, allí aparece la principal señal de cautela: en la segunda mitad de agosto de 2025 el promedio era de 35 ejemplares, por lo que la presión actual sigue siendo mayor en la comparación interanual.

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En el NEA ocurrió un movimiento similar. Las localidades con más de 100 adultos por trampa pasaron del 44% al 5% en apenas un mes, mientras que aquellas donde directamente no se detectó el vector saltaron del 3% al 27%. El promedio regional muestra con claridad la magnitud del descenso: pasó de casi 187 chicharritas por trampa en la segunda mitad de julio a solamente 20 durante la segunda quincena de agosto. Pero nuevamente la comparación con la campaña anterior enciende una luz amarilla: a esta misma altura de 2025 se contabilizaban menos de siete adultos por trampa, prácticamente un tercio del registro actual.
El Litoral presenta una fotografía bastante más favorable. Allí, la proporción de localidades sin presencia de Dalbulus maidis creció del 40% al 68%, mientras que el promedio regional se desplomó desde 9,5 adultos por trampa en la segunda quincena de julio hasta apenas 0,6 en agosto. En este caso, el registro quedó prácticamente alineado con el observado durante el mismo período de 2025. La caída generalizada confirma que las condiciones ambientales de agosto jugaron a favor del maíz, aunque la heterogeneidad entre regiones impide trasladar automáticamente ese alivio a todo el mapa productivo argentino.

El riesgo baja, pero el negocio del maíz todavía exige vigilancia
En el Centro-Norte también hubo una mejora significativa. Las localidades con más de 100 adultos por trampa disminuyeron del 19% al 3%, mientras que aquellas sin detecciones crecieron del 13% al 38%. El promedio cayó de 74 ejemplares durante la segunda mitad de julio a apenas 5,5 en agosto. Sin embargo, el número todavía supera ampliamente los 1,4 adultos por trampa registrados un año atrás. Para los productores que están definiendo fechas de siembra, planteos tecnológicos e inversión por hectárea, este diferencial vuelve especialmente relevante el monitoreo antes y después de la implantación.
La región Centro-Sur continúa siendo la zona con menor presión: el 93% de las localidades relevadas no registró presencia del vector y, donde apareció, las capturas fueron de apenas uno a cuatro adultos por trampa. El promedio regional bajó desde 2,4 insectos en julio hasta 0,12 en la segunda quincena de agosto. Aunque el número es muy bajo, también se ubica por encima del 0,01 registrado un año atrás. El mapa nacional, por lo tanto, entrega una señal favorable, pero no habilita a considerar cerrado el problema sanitario que golpeó al maíz argentino y condicionó decisiones productivas en campañas anteriores.
Para la cadena maicera, el derrumbe de las poblaciones antes del avance de las siembras es una noticia económicamente relevante: cuanto menor sea la presión del vector, mejores serán las condiciones para defender rendimiento e inversión. Pero el informe deja una advertencia difícil de ignorar. En regiones endémicas, la chicharrita llega a septiembre con una presencia superior a la del año pasado. El clima hizo una parte del trabajo; ahora el desafío pasa por evitar que los maíces voluntarios funcionen como refugio, sostener las trampas y monitorear cada zona. El alivio llegó, pero convertirlo en una campaña más segura dependerá de no bajar la guardia.
