América Latina pierde hasta la mitad de sus colonias por año y crece la alarma por el impacto sobre la miel, la polinización y el agro.

Un estudio científico internacional presentado esta semana en el marco de la agenda apícola que tiene a Mar del Plata como epicentro regional encendió una señal de alarma: América Latina registra pérdidas anuales de entre 20% y 50% de sus colonias de abejas y el ácaro Varroa destructor aparece como la principal amenaza sanitaria. La investigación, de la que participaron especialistas argentinos del INTA y el CONICET, reclama fortalecer la vigilancia y detección temprana. El problema excede a la producción de miel: la salud de las abejas impacta directamente sobre la polinización de cultivos, la producción agropecuaria y, en consecuencia, sobre el valor económico generado por el campo.
La magnitud del desafío queda expuesta cuando se observa el peso productivo de la región. América Latina alberga más de 6.000 especies de abejas nativas, alrededor de ocho millones de colmenas y una producción cercana a las 70.000 toneladas de miel por año. Pero las pérdidas de colonias y la circulación de enfermedades plantean un riesgo que atraviesa fronteras. Las abejas sostienen mediante la polinización numerosos sistemas agrícolas y su deterioro sanitario puede traducirse en menor productividad, mayores costos de manejo y más incertidumbre. Para la Argentina, uno de los actores relevantes de la apicultura regional, la prevención sanitaria también se convierte en una cuestión de competitividad.
Varroa, el enemigo que obliga a mirar las colmenas antes de que sea tarde
La investigación publicada en la revista científica internacional Apidologie identificó a Varroa destructor como el principal enemigo de las colmenas latinoamericanas. A este ectoparásito se suman Nosema ceranae y diferentes virus, entre ellos el de las alas deformes. Natalia Bulacio Cagnolo, especialista en sanidad apícola del INTA y una de las participantes del trabajo, explicó que estos agentes reducen la productividad y pueden comprometer la supervivencia de las colonias. La revisión científica resulta especialmente relevante porque reúne décadas de información sobre enfermedades y plagas de las abejas melíferas y permite dimensionar un problema sanitario que afecta simultáneamente a diferentes países.

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El punto crítico no está solamente en conocer qué enfermedades circulan, sino en detectarlas antes de que puedan expandirse entre zonas productivas o atravesar fronteras. Bulacio Cagnolo remarcó que los sistemas permanentes de vigilancia activa permiten identificar nuevas enfermedades, seguir su evolución y emitir alertas tempranas. Un ejemplo que preocupa a los investigadores es el Pequeño Escarabajo de las Colmenas (Aethina tumida), cuya presencia ya fue detectada en Brasil, Bolivia y Paraguay. Para la Argentina, seguir lo que ocurre en los países vecinos resulta estratégico: las amenazas sanitarias no reconocen límites políticos y una detección tardía puede elevar considerablemente la dificultad y el costo de control.
Argentina también aporta evidencia de que la vigilancia puede dar resultados. De acuerdo con la investigación, los programas de monitoreo implementados en el país y en Uruguay permitieron llevar a niveles mínimos la presencia de Loque americana, considerada una de las enfermedades bacterianas más graves de las abejas. La combinación de diagnósticos sistemáticos y buenas prácticas de manejo ayudó a contener su dispersión. La experiencia deja una enseñanza económica además de sanitaria: detectar un problema cuando todavía está localizado puede evitar que termine transformándose en una amenaza mucho más costosa para productores y para toda la cadena apícola.
El estudio abre, además, una alternativa de largo plazo. Los investigadores encontraron en poblaciones de abejas de Argentina, Uruguay y Cuba mecanismos naturales de resistencia y coexistencia con Varroa destructor sin recurrir a tratamientos químicos sintéticos. Comprender cómo funcionan estos procesos podría contribuir al desarrollo de estrategias adaptadas a las condiciones latinoamericanas. Para Bulacio Cagnolo, se trata de una oportunidad para avanzar hacia manejos más sustentables. Reducir la dependencia de tratamientos sin comprometer la sanidad podría convertirse en una ventaja productiva, aunque todavía será necesario profundizar la investigación antes de trasladar estos resultados a estrategias generales de manejo.
De la colmena al campo: por qué el problema ya es económico
El debate sanitario ganó protagonismo esta semana en Mar del Plata, donde confluyeron investigadores, productores y empresas. Luego del VII Workshop de la Sociedad Latinoamericana de Investigación en Abejas (SoLatInA), realizado el 29 y 30 de agosto, comenzó el XVII Congreso Latinoamericano de Apicultura (FILAPI 2026), que continuará hasta el 6 de septiembre. El encuentro incorpora trabajos científicos, conferencias, rondas de negocios, concursos de miel y la feria APIEXPO. La agenda muestra hasta qué punto sanidad, investigación y negocios empiezan a formar parte de una misma discusión para una actividad que necesita proteger sus colmenas para sostener producción y mercados.
La participación argentina en la investigación estuvo encabezada por Natalia Bulacio Cagnolo, de INTA, IDICAL-INTA PROAPI, junto con Alejandra Scannapieco, Adriana Pacini y Agostina Giacobino, investigadoras vinculadas al CONICET e INTA PROAPI. El trabajo fue desarrollado por especialistas de SoLatInA y publicado bajo el título Pests and Pathogens of Honey Bees in Latin America: Brief Historical Revision, Current Status, and Remaining Challenges. Es la primera revisión regional que concentra décadas de información sanitaria, una herramienta que permite comparar escenarios y detectar vacíos de información que todavía dificultan una respuesta coordinada entre los países.
El desafío para la Argentina y sus vecinos será transformar esa evidencia científica en capacidad de anticipación. Con millones de colmenas distribuidas en América Latina, una enfermedad que avanza sin ser detectada puede comprometer mucho más que la cosecha de miel. La polinización conecta directamente la sanidad apícola con cultivos, rindes, biodiversidad y generación de alimentos. Por eso, reforzar los sistemas de vigilancia deja de ser exclusivamente una demanda de los apicultores: también forma parte de la discusión sobre cómo proteger la productividad agropecuaria y evitar que una amenaza biológica termine convirtiéndose en mayores costos y pérdidas económicas.
La advertencia que surge desde Mar del Plata es clara: esperar a que una plaga esté instalada resulta más riesgoso que invertir en conocer dónde está y cómo evoluciona. La experiencia con Loque americana demuestra que Argentina tiene antecedentes para construir estrategias sanitarias efectivas, mientras la resistencia natural observada frente a Varroa abre nuevas líneas de investigación. En una región que produce unas 70.000 toneladas de miel anuales y depende de la polinización para numerosos cultivos, cuidar las abejas ya no puede pensarse como un asunto aislado de la apicultura. También significa proteger producción, competitividad y una pieza silenciosa pero fundamental del negocio agroalimentario.
