La misma canasta cambia fuerte entre provincias: logística, frío y escala comercial explican brechas que en carnes y lácteos superan el 30%.

Un relevamiento de la Universidad de San Andrés (UdeSA), elaborado con datos de la Secretaría de Comercio y difundido este 13 de septiembre, expuso cuánto puede cambiar el precio de una misma canasta según la provincia argentina donde se compre. La Pampa se ubicó 8,1% por encima del promedio nacional y Chaco 4,5% por debajo, mientras que en categorías sensibles como carnes y lácteos las diferencias pueden superar el 30%. El dato importa para el agro porque vuelve a poner sobre la mesa una discusión central: el precio que encuentra el consumidor en góndola no equivale al valor que recibe el productor en la tranquera.
El mapa provincial muestra una dispersión considerable. Después de La Pampa aparecen Santa Cruz, con precios 7,4% superiores al promedio; Chubut, con 7,1%; y Neuquén, con 6,4%. Del otro lado se encuentran Chaco (-4,5%), Corrientes (-4%) y Entre Ríos (-3,5%). Buenos Aires también se posiciona por debajo del promedio, con -2,1%, mientras Santa Fe prácticamente coincide con la referencia nacional, con -0,3%. Es decir, producir y comercializar alimentos dentro de un mismo país no necesariamente desemboca en precios homogéneos para el consumidor.


El fósforo está en el suelo, pero los cultivos no lo aprovechan: una tecnología busca cambiarlo
La Argentina de los precios: dónde es más cara y dónde más barata
La fotografía se vuelve todavía más clara cuando se agrupan las jurisdicciones. Según el relevamiento citado, la Patagonia es la región más cara, con precios 6,6% superiores al promedio nacional, mientras que el análisis regional coloca a la Ciudad de Buenos Aires 3,9% por debajo. La distancia entre ambos extremos alcanza 10,5 puntos porcentuales. Sin embargo, cuando se baja al nivel provincial, CABA no resulta la jurisdicción más barata: Chaco, Corrientes y Entre Ríos presentan valores relativos inferiores. La escala territorial elegida, por lo tanto, cambia significativamente la lectura del fenómeno.
Provincias seleccionadas según diferencia frente al promedio nacional
| Provincia | Diferencia | Posición relativa |
|---|---|---|
| La Pampa | +8,1% | Más cara |
| Santa Cruz | +7,4% | Más cara |
| Chubut | +7,1% | Más cara |
| Neuquén | +6,4% | Más cara |
| Santa Fe | -0,3% | Cerca del promedio |
| Buenos Aires | -2,1% | Más barata |
| Entre Ríos | -3,5% | Más barata |
| Corrientes | -4,0% | Más barata |
| Chaco | -4,5% | Más barata |
| Fuente: UdeSA, sobre datos de la Secretaría de Comercio. |
Para la cadena agroalimentaria hay otro número todavía más interesante. Los lácteos cuestan en la Patagonia 10,3% más que el promedio nacional y en la Ciudad de Buenos Aires 10,1% menos, según el informe. En higiene y perfumería, la Patagonia registra un diferencial positivo de 9,8%. Pero carnes y lácteos permiten observar un fenómeno más profundo: las brechas pueden superar el 30% entre mercados. Son justamente productos en los que intervienen transporte frecuente, conservación, almacenamiento y cadena de frío, componentes que incrementan el costo de llevar la producción desde su origen hasta el consumidor.
Productos sensibles a la brecha regional de precios
| Categoría / indicador | Región o mercado | Diferencia |
|---|---|---|
| Lácteos | Patagonia | +10,3% |
| Lácteos | Ciudad de Buenos Aires | -10,1% |
| Higiene y perfumería | Patagonia | +9,8% |
| Carnes y lácteos | Diferencias entre mercados | Más de 30% |
| Fuente: UdeSA/Secretaría de Comercio. Brechas de hasta 30% en rubros específicos. |
Del campo a la góndola: por qué una brecha del 30% no queda en manos del productor
Este es el punto que más directamente interpela al agro argentino. Que una carne o un lácteo cueste hasta 30% más en determinado mercado no significa que el productor esté cobrando 30% más. El análisis atribuye buena parte de las diferencias a etapas posteriores de la cadena: transporte, almacenamiento, energía, distribución y comercialización. En los perecederos el problema se intensifica porque hay que mantener la cadena de frío, aumentar la frecuencia de reposición y asumir riesgos de vencimiento o deterioro. Cuanto más distante y pequeño es el mercado abastecido, mayor puede ser el costo logístico distribuido sobre cada unidad vendida.

La escala también pesa. Un camión que recorre cientos de kilómetros para abastecer un mercado pequeño tiene que repartir sus costos entre menos unidades que otro destinado a grandes centros urbanos. A eso se agregan alquileres, salarios, servicios, energía y características impositivas locales. La geografía argentina convierte así a la logística en un componente estratégico de la competitividad agroalimentaria. Para un país que produce alimentos a gran escala, el desafío no termina en mejorar rindes o productividad dentro del establecimiento: también importa cuánto cuesta mover, conservar, industrializar y distribuir esa producción hasta su destino final.
La comparación también deja una advertencia sobre los ingresos. Neuquén registraba a marzo de 2026 el salario promedio neto más alto del sector privado formal, con $3.161.126, seguida por Santa Cruz y Chubut; CABA aparecía cuarta, con $2.260.042. Los mayores salarios vinculados a petróleo, gas y minería pueden sostener una demanda con mayor capacidad de pago, al mismo tiempo que empujan costos locales. Pero ganar nominalmente más no garantiza necesariamente mayor poder adquisitivo cuando vivienda, servicios y alimentos también presentan valores superiores.
Entre la tranquera y la góndola existe una estructura de costos que puede modificar fuertemente el valor final de los alimentos sin que ese diferencial llegue al productor. Las brechas provinciales muestran que infraestructura, rutas, transporte, cadena de frío, escala y eficiencia de distribución también forman parte de la agenda de competitividad del agro. Producir más sigue siendo fundamental, pero hacerlo en un territorio extenso obliga a mirar otra variable decisiva: cuánto cuesta hacer llegar esa producción a la mesa de los argentinos.
