Una nueva chía acorta 30 días su ciclo y amplía las opciones para producirla

El desarrollo reduce 30 días el ciclo, amplía las fechas de siembra y permite aumentar la densidad sin resignar rendimiento ni calidad nutricional.

Una nueva población de chía capaz de completar su ciclo productivo unos 30 días antes que las variedades comerciales fue desarrollada por investigadores de Salta y especialistas en genética, según se conoció este lunes 14 de septiembre. El avance fue obtenido mediante mutaciones inducidas y prácticamente elimina la sensibilidad de la planta al fotoperiodo. El dato resulta relevante para el negocio agrícola porque permite ampliar las fechas de implantación, reducir la exposición del cultivo a adversidades y hasta duplicar la densidad de siembra, abriendo nuevas alternativas productivas para un cultivo de alto valor nutricional y comercial.

Uno de los principales límites de la chía comercial está relacionado con su elevada sensibilidad al fotoperiodo, que condiciona fuertemente el momento en que puede sembrarse. Las nuevas poblaciones modifican ese comportamiento y aportan una flexibilidad que hasta ahora resultaba difícil de conseguir. Mientras la implantación tradicional se concentra principalmente durante febrero, el nuevo material permitiría sembrar desde enero hasta fines de ese mes y también explorar fechas de septiembre u octubre, siempre que exista suficiente humedad en el lote. Esto amplía las posibilidades para integrar el cultivo dentro de diferentes esquemas y rotaciones.

El cambio también tiene consecuencias sobre el riesgo productivo. Un ciclo aproximadamente 30 días más corto implica que la planta permanece menos tiempo expuesta a plagas, enfermedades y condiciones climáticas desfavorables capaces de comprometer el rendimiento. Los ensayos realizados hasta el momento no mostraron diferencias importantes de rendimiento frente a las variedades comerciales, pese a la reducción del ciclo. Para el productor, la combinación resulta atractiva: mayor flexibilidad para definir la fecha de implantación sin que el acortamiento del período productivo implique, en principio, resignar kilos cosechados.

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Más plantas por hectárea y una oportunidad para un cultivo de alto valor

Otra diferencia aparece en la arquitectura de las plantas. Las nuevas poblaciones presentan una estatura menor, característica que permitiría incrementar e incluso duplicar la densidad de siembra. Esa posibilidad abre una línea de trabajo para mejorar la productividad por hectárea mediante ajustes de manejo, aunque todavía deberá evaluarse su comportamiento bajo diferentes ambientes y planteos productivos. En términos agronómicos, los ensayos indican que el manejo general no presenta grandes diferencias respecto de la chía convencional, un aspecto relevante para pensar su futura adopción en establecimientos que busquen diversificar cultivos.

El interés económico también está vinculado con el producto que llega a cosecha. La chía posee entre 25 y 38 % de aceite y más del 64 % de sus ácidos grasos corresponde a omega-3, mientras que su contenido proteico se ubica entre 19 y 23 %, por encima del registrado en cereales tradicionales. Estas características explican su posicionamiento como alimento de elevado valor nutricional. Por eso, además del comportamiento agronómico, los investigadores ahora buscarán determinar si las mutaciones generaron cambios positivos en la composición del grano y, especialmente, en su perfil lipídico.

La investigación fue realizada por especialistas del INTA Salta y del Instituto de Genética del organismo. Martín Acreche, uno de los investigadores involucrados, explicó que las plantas obtenidas son prácticamente insensibles al fotoperiodo y destacó las posibilidades que esa característica abre para modificar las fechas de implantación. El próximo desafío será comprobar si las ventajas observadas en el campo pueden complementarse con mejoras en la calidad del grano, particularmente en omega-3, un atributo que podría sumar diferenciación comercial al desarrollo.

Para las economías regionales, el avance pone nuevamente en escena el potencial de los cultivos alternativos y el agregado de valor basado en genética y conocimiento. Una chía con menor ciclo, más fechas posibles de siembra y capacidad para aumentar la densidad puede ofrecer al productor mayor margen para acomodar el cultivo dentro de su esquema agrícola. Todavía resta avanzar en la evaluación de los materiales, pero si mantienen rendimiento y calidad bajo diferentes condiciones productivas, podrían convertirse en una herramienta para ampliar la producción regional y aprovechar la demanda de alimentos con atributos nutricionales diferenciados.

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