Agro, dólar y Presupuesto 2027: el récord exportador pone a prueba la baja de retenciones

La agroindustria exportó USD 32.507 millones hasta julio. Con ventas externas récord, el foco pasa al dólar, las reservas y el cronograma fiscal de 2027.

Argentina llega a la discusión del Presupuesto 2027 con una combinación que el agro deberá mirar con atención: las exportaciones de bienes crecieron 22,9% interanual entre enero y julio, la agroindustria alcanzó un récord de volumen y el Gobierno tiene comprometido para el próximo año el inicio de una reducción gradual de las retenciones sobre soja, maíz, girasol, sorgo y sus derivados. El interrogante ya no es solamente cuántos dólares puede generar el campo, sino cuánto de esa mejora externa podrá transformarse en competitividad para el productor.

Los números explican por qué la discusión importa. Según el INDEC, Argentina exportó USD 58.365 millones entre enero y julio de 2026, frente a importaciones por USD 42.286 millones. Sólo en julio las ventas externas llegaron a USD 8.854 millones y dejaron un superávit comercial de USD 2.115 millones. Una proyección de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA) ubica ahora las exportaciones de bienes de todo 2026 en torno a USD 103.200 millones, lo que marcaría un máximo histórico.

El Gran Rosario concentra buena parte de la salida de cereales, oleaginosas y subproductos de la Argentina y vuelve a operar con elevados volúmenes durante la campaña 2025/26.»

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El agro es uno de los motores de ese salto. Datos de la Secretaría de Agricultura elaborados sobre estadísticas del INDEC muestran que entre enero y julio se exportaron 74,3 millones de toneladas de productos agroindustriales, 13% más que un año atrás y el mayor volumen para ese período. En valor fueron USD 32.507 millones, con un crecimiento interanual del 15%.

El agro exporta más y vuelve la pregunta por las retenciones

El dato adquiere otra dimensión cuando se observa qué está ocurriendo con los granos. El maíz aumentó 13% sus exportaciones agroindustriales hasta julio y atraviesa una coyuntura internacional particularmente favorable. La cosecha argentina y los problemas de oferta en otros competidores abrieron espacio para colocar más cereal en el exterior.

Reuters informó que los embarques argentinos de maíz podrían alcanzar un récord de 10 millones de toneladas entre agosto y septiembre, favorecidos por una cosecha estimada en 71,7 millones de toneladas, las dificultades logísticas de Ucrania, daños productivos en Europa y una menor disponibilidad exportable de Brasil por el crecimiento de su consumo interno para etanol.

Es una ventana comercial poco habitual: mientras Brasil absorbe más maíz dentro de sus fronteras, Argentina gana espacio en mercados como Marruecos, Egipto y Argelia. El interrogante es cuánto de esa ventaja internacional llega al productor argentino después de impuestos, costos logísticos y tipo de cambio.

Ahí aparece el Presupuesto 2027.

En junio, mediante el Decreto 423/2026, el Gobierno oficializó la reducción de los derechos de exportación de trigo y cebada y estableció un cronograma de disminución gradual desde enero de 2027 hasta diciembre de 2028 para soja, maíz, girasol, sorgo y sus subproductos.

Javier Milei había anticipado además que, para la soja, la reducción sería gradual y estaría condicionada a la evolución de la recaudación. Por eso, el proyecto presupuestario que ingresa al Congreso no es una discusión ajena al campo: permitirá observar qué espacio fiscal proyecta Economía para cumplir esa promesa.

La tensión está en los propios números fiscales. El Sector Público Nacional acumulaba hasta julio un superávit financiero cercano al 0,1% del PIB y un superávit primario aproximado del 0,9%, según Economía. Pero los derechos de exportación ya venían perdiendo peso: en mayo su recaudación había caído 17,4% interanual.

Tres números para seguir

Indicador Dato 2026 Qué significa
Exportaciones argentinas enero-julio USD 58.365 millones +22,9% interanual
Exportaciones agroindustriales enero-julio USD 32.507 millones +15% interanual
Volumen agroindustrial exportado 74,3 Mt Récord para el período
 Fuente: INDEC y Secretaría de Agricultura.

Más dólares no significan automáticamente más competitividad

La segunda variable es cambiaria. Para un productor, una exportación récord medida en dólares no necesariamente implica una mejora equivalente en el margen. Importan el precio internacional, los derechos de exportación, los costos internos y, especialmente, el tipo de cambio real que recibe la cadena.

El esquema cambiario vigente mantiene al dólar dentro de bandas de intervención. Para este 15 de septiembre, el BCRA fijó un piso de $732,01 y un techo de $1.899,56 por dólar. La amplitud de ese corredor muestra que el tipo de cambio seguirá siendo una variable central para las decisiones de comercialización, inversión y siembra.

Las reservas agregan otra capa al problema. El BCRA logró una importante recomposición durante 2026 y las reservas brutas superaron los USD 50.000 millones durante agosto. Sin embargo, el nivel de reservas debe distinguirse de la disponibilidad neta de divisas y de la capacidad efectiva del Banco Central para intervenir.

Esa diferencia importa especialmente para el agro. Una cosecha grande puede fortalecer el flujo comercial y mejorar la oferta de dólares, pero el productor decide cuándo vender según precios, necesidades financieras, expectativas cambiarias y carga tributaria. Por eso, reducir el análisis a la vieja idea de que el campo simplemente «liquida o no liquida» dólares deja afuera buena parte de la ecuación económica.

El récord exportador también está cambiando de protagonistas

Hay otro dato que conviene no perder de vista. El récord de exportaciones que Argentina podría alcanzar en 2026 ya no depende exclusivamente de la soja y los granos.

El crecimiento del petróleo de Vaca Muerta, el oro y el litio está diversificando la generación de divisas. Eso representa una oportunidad macroeconómica para el agro: cuanto menos dependa el Banco Central exclusivamente de la cosecha para conseguir dólares, menor debería ser -al menos en teoría- la presión fiscal y cambiaria sobre el sector.

Pero también modifica el tablero político. Durante décadas, las retenciones agrícolas tuvieron una relevancia fiscal difícil de reemplazar porque el complejo agroindustrial concentraba buena parte de las exportaciones argentinas. Si energía y minería continúan ganando participación, el argumento de que el Estado necesita mantener una elevada carga sobre los granos para garantizar divisas y recaudación comienza a convivir con una estructura exportadora diferente.

La agroindustria, mientras tanto, conserva un peso enorme. Los USD 32.507 millones exportados hasta julio equivalen a más de la mitad del valor de todas las exportaciones argentinas registradas en esos siete meses, aunque ambas estadísticas no son categorías perfectamente equivalentes y la comparación sirve sólo para dimensionar órdenes de magnitud.

Y dentro del propio agro también aparecen señales de diversificación. En el primer semestre, 117 productos agroindustriales alcanzaron récords de valor exportado por USD 7.073 millones. Entre ellos estuvieron aceite de girasol, carne bovina congelada y refrigerada, miel, lácteos, pesca y preparaciones de papa. El dato muestra que el agregado de valor no es únicamente una consigna: existe una base exportadora que ya se extiende bastante más allá del poroto de soja.

El próximo dato concreto llegará el 18 de septiembre, cuando el INDEC publique las cifras de comercio exterior correspondientes a agosto. Será una primera comprobación de si el ritmo exportador necesario para superar los USD 100.000 millones se mantiene.

Para el campo, sin embargo, la señal política llegará antes: el Presupuesto 2027 permitirá contrastar el objetivo de equilibrio fiscal con el cronograma de reducción de retenciones que comienza en enero. Con exportaciones agroindustriales en máximos históricos y nuevas fuentes de dólares creciendo desde energía y minería, la discusión empieza a cambiar de eje: no sólo cuánto puede aportar el agro, sino cuánto margen está dispuesto a devolverle la macroeconomía para producir y exportar más.

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