Lluvias en Argentina: la primavera arranca seca y el campo vuelve a mirar al cielo

El déficit de lluvias amenaza la recarga de los suelos y suma incertidumbre al maíz temprano, mientras El Niño demora su impacto en Argentina.

La primavera comenzará oficialmente el martes 22 de septiembre a las 21:05 con un escenario de lluvias inferiores a lo normal en buena parte del norte y centro de la Argentina, una señal que pone el foco sobre la disponibilidad de agua para el agro. Aunque El Niño continúa intensificándose en el Pacífico ecuatorial, sus efectos todavía no aparecerían con fuerza durante la última semana del mes. Para productores y empresas agrícolas, el dato importa porque la falta de recarga de los perfiles coincide con la aproximación de la ventana de siembra del maíz temprano y una etapa decisiva para los cultivos de invierno.

La paradoja climática tiene una explicación. De acuerdo con la última actualización del Centro de Predicción Climática de la NOAA, el índice Niño 3.4 alcanzó +1,8 °C en agosto, confirmando un calentamiento significativo del Pacífico ecuatorial. Sin embargo, las proyecciones del modelo del Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos a Mediano Plazo (ECMWF) para la semana del 21 al 28 de septiembre todavía no muestran sobre la Argentina la señal húmeda habitualmente asociada con El Niño. El océano ya está enviando señales, pero la atmósfera necesita tiempo para reorganizar su circulación y trasladar ese cambio al régimen de precipitaciones.

El meteorólogo Leonardo De Benedictis explicó que este comportamiento no representa una contradicción con el desarrollo del fenómeno. La influencia de El Niño sobre las lluvias argentinas no suele producirse automáticamente con el calentamiento del Pacífico: su impacto tiende a hacerse más evidente entre octubre y noviembre y alcanza mayor expresión hacia finales del año. Para el negocio agrícola, esa demora obliga a mirar mucho más que el pronóstico semanal: la distribución de las precipitaciones durante octubre será determinante para definir estrategias de siembra, ajustar planteos productivos y administrar el riesgo en campos que llegan a la primavera con reservas desiguales.

El mapa que preocupa al agro: menos agua justo antes de la siembra

Durante la última semana de septiembre, el déficit de precipitaciones se concentraría en el norte y centro del país, con las anomalías más importantes sobre el NEA y el NOA. Formosa, el este de Chaco y el norte de Santa Fe podrían recibir entre 20 y 30 milímetros menos de lo habitual, con sectores próximos a Paraguay donde la diferencia alcanzaría los 50 milímetros. El norte y este de Córdoba también quedarían entre 20 y 30 milímetros por debajo de los registros normales, mientras que Entre Ríos presentaría déficits de entre 10 y 20 milímetros. Buenos Aires y La Pampa, en cambio, se mantendrían más cerca de sus valores históricos.

Para el campo, el problema no pasa únicamente por cuánto llueve durante una semana, sino por el agua efectivamente disponible en el perfil del suelo. Una continuidad del tiempo seco en el centro-norte puede retrasar la recuperación de reservas cuando comienza a definirse la implantación del maíz temprano. En establecimientos con perfiles ajustados, cada milímetro empieza a tener valor productivo y económico: sembrar sin humedad suficiente incrementa el riesgo de una emergencia irregular, mientras postergar decisiones puede modificar fechas, híbridos y hasta la estrategia comercial. La evolución de las reservas será una variable central para las próximas semanas.

El escenario será diferente en Patagonia. Las estimaciones del ECMWF muestran excesos de entre 10 y 30 milímetros en Neuquén, Río Negro y Chubut, mientras que en sectores cordilleranos podrían superar los 50 milímetros. Allí, una mayor disponibilidad de precipitaciones y nieve puede resultar favorable para la acumulación de reservas y los futuros caudales destinados al riego. Se configura así un comienzo de primavera partido en dos: déficit hídrico sobre regiones agrícolas relevantes del centro y norte, y excesos sobre sectores patagónicos, una distribución que vuelve a mostrar la fuerte heterogeneidad climática del territorio argentino.

Las temperaturas agregarán presión en algunas zonas productivas. Catamarca, La Rioja, San Juan y el oeste de Tucumán podrían registrar valores entre 2 °C y 4 °C superiores a los normales, mientras que el oeste de Córdoba, San Luis y Santiago del Estero quedarían entre 1 °C y 2 °C por encima. El calor combinado con precipitaciones escasas puede acelerar la evapotranspiración y aumentar el consumo de las reservas disponibles, especialmente sobre trigos, pasturas y lotes destinados a cultivos estivales. En la región Pampeana, temperaturas más cercanas al promedio ayudarían a moderar parcialmente esa pérdida de humedad.

 

La primavera, entonces, comenzará con un patrón que todavía no refleja plenamente la presencia de El Niño. La expectativa del agro estará puesta en octubre y noviembre, cuando la conexión entre océano y atmósfera podría comenzar a traducirse en mayores precipitaciones. Hasta entonces, la disponibilidad hídrica será una variable económica además de climática: puede condicionar decisiones de siembra, potenciales de rendimiento y necesidades financieras en plena campaña. Para una Argentina que depende fuertemente de los dólares del complejo agroexportador, la llegada -o demora- de las lluvias vuelve a tener impacto mucho más allá de la tranquera.

 

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