El giro de Brasil que puede cambiar el negocio mundial del maíz a favor de Argentina

El país podría exportar 45 millones de toneladas y superar a Brasil, donde el avance del etanol y la producción animal absorben cada vez más maíz.

Argentina podría alcanzar durante el actual ciclo un hito en el comercio mundial de maíz: superar por primera vez a Brasil y ubicarse como segundo exportador global, detrás de Estados Unidos. Las estimaciones citadas para la campaña ubican los embarques argentinos alrededor de 45 millones de toneladas frente a 42 millones de Brasil. La diferencia no se explica por una caída de la producción brasileña, sino por un fenómeno estratégico que está modificando el negocio regional: el vecino país produce cada vez más cereal, pero también transforma una proporción creciente dentro de sus fronteras en etanol y proteína animal.

La paradoja brasileña es justamente uno de los datos más relevantes del nuevo tablero. La Compañía Nacional de Abastecimiento de Brasil (Conab) proyectó esta semana una producción cercana a 148 millones de toneladas de maíz para 2026/27, por lo que Brasil continuará siendo una potencia productiva. Sin embargo, las estimaciones recogidas para esta campaña ubican su consumo interno en un récord de 104,8 millones de toneladas. La expansión de la ganadería intensiva, la producción porcina y avícola y, especialmente, el crecimiento del bioetanol están absorbiendo una parte cada vez mayor de una cosecha que antes tenía mayor disponibilidad para salir al mercado internacional.

El epicentro de esa transformación es Mato Grosso, principal estado productor de granos de Brasil y convertido ahora también en un enorme polo industrial. Allí funcionan más de 14 plantas de etanol de maíz, con una producción que supera los 6.700 millones de litros y un consumo superior a 14 millones de toneladas del cereal por año. Las proyecciones citadas del Instituto Mato-grossense de Economía Agropecuaria (IMEA) indican que esa demanda podría crecer hasta 22 o 27 millones de toneladas anuales con la incorporación de nuevas plantas. Si ese proceso continúa, cada tonelada destinada al tanque de combustible o a la producción animal será una tonelada menos disponible para competir en el mercado exportador.

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Brasil transforma más maíz y Argentina encuentra una ventana para ganar mercados

El cambio brasileño abre una oportunidad que Argentina comienza a aprovechar. Las ventas externas declaradas de maíz argentino de la campaña 2025/26 alcanzan los 35 millones de toneladas y las compras del sector exportador suman alrededor de 39 millones, mientras las proyecciones citadas ubican el potencial de embarques por encima de los 45 millones. A eso se suma una coyuntura internacional que favoreció la colocación del cereal argentino en destinos que tradicionalmente se abastecían desde otros orígenes, particularmente mercados del norte de África vinculados históricamente con el maíz de Ucrania.

El fenómeno ya aparece en las estadísticas comerciales. La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) informó que las exportaciones argentinas de los principales granos y subproductos acumularon 80,7 millones de toneladas entre enero y agosto de 2026, un récord para los primeros ocho meses del año y un crecimiento del 12,5% interanual. El maíz estuvo entre los cultivos que impulsaron ese desempeño, favorecido por una abundante oferta doméstica y una demanda internacional que acompañó. En el mercado físico rosarino, además, durante septiembre se observaron referencias cercanas a US$ 200 por tonelada para distintas posiciones del cereal.

La oportunidad exportadora coincide con renovadas expectativas para la próxima cosecha. La BCR elevó durante septiembre en 200.000 hectáreas la intención de siembra de maíz 2026/27 y la ubicó en 10,6 millones de hectáreas, principalmente por un menor recorte esperado en el norte argentino y la región pampeana. La entidad proyecta que, si las condiciones climáticas permiten revertir los déficits hídricos presentes en algunas regiones, la producción podría superar los 67,5 millones de toneladas. Ese volumen será determinante para saber cuánto cereal podrá ofrecer efectivamente Argentina durante el próximo ciclo comercial.

El salto exportador también plantea una comparación más profunda entre los modelos que están construyendo los dos gigantes agrícolas del Mercosur. Argentina encuentra una oportunidad extraordinaria para colocar maíz como grano mientras Brasil acelera su transformación industrial, especialmente mediante el bioetanol y las cadenas de proteína animal. No necesariamente son estrategias contrapuestas: muestran dos maneras diferentes de capturar valor de una misma materia prima. Para el agro argentino, el desafío no pasa solamente por aprovechar el espacio comercial que deja Brasil, sino por discutir cuánto maíz conviene exportar sin procesamiento y cuánto podría convertirse localmente en carnes, leche, biocombustibles y otros productos de mayor valor agregado.

Argentina llega a esta ventana con una ventaja comercial concreta, pero también con condicionantes propios. El clima deberá acompañar el potencial productivo, mientras costos logísticos, infraestructura, acceso a mercados y presión impositiva seguirán influyendo sobre la competitividad final del cereal. Brasil, por su parte, demuestra que una mayor absorción doméstica puede reducir el saldo exportable sin representar necesariamente una debilidad de su cadena maicera. El posible segundo puesto mundial argentino sería entonces mucho más que una foto del ranking: marcaría una oportunidad para ganar clientes y divisas, pero también obligaría a mirar qué hace el principal competidor regional con cada tonelada que decide no exportar.

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